Allanar el camino del Señor

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 17 de diciembre de 2017 – 3er. Domingo de Adviento

Evangelio según san Juan 1, 6 – 8.19 - 28

 

6 Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

7 Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

8 El no era la luz, sino el testigo de la luz.

Testimonio de Juan el Bautista.  Jesús, el Cordero de Dios

19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?  20 El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".  21 ¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió.  22 Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?  23 Y él les dijo: "Yo soy

     una voz que grita en el desierto:

     Allanen el camino del Señor,

como dijo el profeta Isaías".

24 Algunos de los enviados eran fariseos, 25 y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta? 26 Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". 28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        En esta reflexión los invitamos a prestar atención a quien elige Dios para que anuncie la llegada de Jesús. Elige a Juan el Bautista, “un hombre”. No mandó a un sumo sacerdote, a un notable de la comunidad o a un noble de origen.  Es un hombre común al que Dios envía como “testigo de la luz”.  El mismo Juan es totalmente consciente de esto y no busca ser original ni hacer valer su misión para destacarse.

        El testigo de Dios, aquel que da verdadero testimonio de Jesucristo, no trata de impactar a nadie, no se da importancia, Sencillamente vive su vida de manera convencida. Se le ve que Dios ilumina su vida. Lo irradia en su manera de vivir y de creer.  No habla mucho pero es una voz autorizada. Puede no hablar de Dios pero invita a creer en Él. No condena a nadie sino que contagia confianza, libera de miedos, abre caminos, allana el camino del Señor.

        Seguramente en tu vida conocerás algunos de estos “pequeños testigos”. Creyentes sencillos, humildes, conocidos sólo en su entorno. Personas entrañablemente buenas. Viven desde la verdad y el amor. Ellos nos «allanan el camino» hacia Dios.

        Nosotros tenemos que hacer esto en nuestra familia. Proclamar al Señor desde las cosas cotidianas de nuestra vida. Cuidando siempre de hacer todo por amor. Alentando a producir un cambio interior, que tiene que empezar por nosotros mismos. Y pidiéndole al Señor que nos de la misma valentía que a Juan, lo que nos permitirá a través de nuestro testimonio proclamar la Verdad, así nos parezca que a veces estamos en un desierto y que nadie nos escucha

 

 

1       En tu familia, ¿qué gesto o actitud crees que deberías cambiar para “allanar el camino” al Señor?

 

2       ¿Qué hacés para evitar dejarte vencer a veces por la sensación de estar gritando en el desierto?

 

Señor,

me ofrezco para ser tu humilde instrumento.

Quiero allanar los caminos para que llegues a todos los corazones.

Dame tu gracia para ser como Juan el Bautista en medio de mi gente.

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Ir al desierto

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 10 de diciembre de 2017 – 2do. Domingo de Adviento

Evangelio según san Marcos 1, 1 – 8

 

La predicación de Juan el Bautista

1 Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en el libro del profeta Isaías:  

      Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.  3 Una voz grita en el desierto:

     Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos,

4 así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

6 Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:  "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.   8 Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Juan el Bautista es el profeta que vino a prepararle el camino a Jesús. Lo hace pidiendo a todos que se conviertan, que pidan perdón por sus faltas. Y no es por casualidad que ese llamado lo haga en el desierto.  Lejos del bullicio del Templo, lejos de las órdenes recibidas desde Roma, lejos de todo lo que los pueda distraer.  La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere de tiempo y trabajo interior para reconocer la conversión que necesitamos de manera de acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

        El mundo actual, la forma en que vivimos, está lleno de cosas y situaciones que puede hacernos difícil “ir al desierto”, tomarnos ese tiempo de reflexión y luego la decisión de convertirnos para acoger realmente en nuestra vida la verdad de Jesucristo. “Ir al desierto” nos permitirá reflexionar sobre cuatro sentimientos: “culpa”, “temor”, “alegría” y “seguridad”. Ver cómo los vivimos sin convertirnos y cómo esto cambiaría con nuestra conversión , siguiendo el llamado que comenzó hace tantos años Juan el Bautista.

      Aceptar esa invitación nos hace prestarle atención a lo que nos vino a anunciar Jesús: la Buena Nueva. Y ello provocará ese encuentro con Jesús que nos hará sentir liberados de nuestras culpas y de nuestros temores, alegres de estar en la verdad, seguros del camino elegido

 

 

1       ¿Escucho esa voz interior que me invita a cambiar aquello que no se ajusta a la verdad de Jesucristo?

 

2       ¿Cómo me puedo generar “tiempos” que me den esa tranquilidad similar a “estar en el desierto”?

 

 

Señor,

escuché tu llamado y aquí estoy.

Quiero ser tu humilde servidor y para ello

estoy dispuesto a convertir lo malo que haya en mí. 

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Estén prevenidos

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 3 de diciembre de 2017 – 1er. Domingo de Adviento

Evangelio según san Marcos 13, 33 – 37

 

Exhortación a la vigilancia y a la fidelidad

        33 Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. 34 Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. 35 Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. 36 No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. 37 Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

Jesús ve que se acerca su pasión y está preocupado por lo que pasará con sus discípulos luego de ella. Es por eso que les cuenta esta parábola. En este pequeño relato, el señor de la casa se ausenta, y en la casa sólo quedarán los servidores. Antes de irse le asigna a cada uno su tarea, les aclara que no se sabe cuando regresará y les recomienda estar prevenidos (se lo repite tres veces). 

      Podemos ver en esa casa la imagen de nuestra iglesia o la imagen de nuestro hogar. La Iglesia o nuestro hogar tienen un único Señor: nuestro Dios.  Nadie se debe sentir el “señor de esa casa”. Todos los que estamos en ella somos servidores. Todos tenemos nuestras tareas que cumplir.  Puede ser que nuestra tarea sea actuar como  “cabeza de familia” (padre o madre) pero debemos desarrollarla con esa actitud de servicio que Jesús nos enseñó.

        Notamos también en la parábola que a cada uno se le asignó su tarea. En la Iglesia, en nuestro hogar, no cabe la pasividad. Cada uno de nosotros debemos asumir una tarea, de acuerdo a nuestras posibilidades. No podemos dejarnos estar. No sabemos cuando volverá el Señor y no debemos estar dormidos (pasivos) cuando Él llegue.

       “Estar prevenidos” es, antes todo, despertar de la inconsciencia. “Estar prevenidos” es vivir atentos a la realidad. Escuchar a los que sufren, sentir el amor de Dios a la vida, vivir más atentos a su venida a nuestra vida, a nuestro hogar, a nuestra comunidad. Sin esta sensibilidad, no es posible caminar tras los pasos de Jesús.

1       ¿Descubrí cuales son las tareas que Dios me asignó en mi familia? ¿Las cumplo?

2       ¿Qué me distrae de cumplirlas?

 

Señor,

quiero cumplir con las tareas que me asignaste.

Ayudame a descubrirlas y a estar prevenido para

no dejarme distraer por aquello que me aleje de cumplirlas. 

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Cómo recibir el Reino

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 26 de noviembre de 2017 – 34to. durante el año

Evangelio según san Mateo 25, 31 – 46

 

El juicio final

        31 Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. 32 Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,  33 y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

        34 Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, 35 porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; 36 desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'. 37 Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'. 40 Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.

        41 Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, 42 porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; 43 estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'. 44 Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'. 45 Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'. 46 Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Jesús es incapaz de pasar de largo ante el necesitado. Ningún sufrimiento le es ajeno. Para Él la compasión es lo primero. Y tanto es así que la Palabra que proclamaremos el próximo domingo nos dice que, finalmente, toda nuestra vida será juzgada por Dios en función de cuan compasivos fuimos con los necesitados.   Hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos. Está en nosotros decidir cómo actuamos.

        Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida. No hace falta irse muy lejos. Comenzá por tu cónyuge, por tus hijos, por tus padres y hermanos, amigos, vecinos. ¿Atendés sus necesidades, su hambre o sed no sólo material sino también la espiritual? ¿Estás ahí, los visitás cuando sufren, o estás ausente? Cuando se acercan con un problema ¿los “alojamos”, los acogemos, o los alejamos con reproches?

        A todos, sin excepción, nos juzgará Dios por el mismo criterio. Lo que dará un valor imperecedero a nuestra vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo será el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda. La Palabra lo expresa muy claro:  cuando abandonamos a un necesitado, estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, lo estamos haciendo con Dios.

 

 

1       ¿Descubro a Jesús en cada necesitado?

2       ¿Trasmito a mis hijos el valor de la compasión?

 

 

Señor,

que te vea en todo aquel que sufre,

que no dude en ayudar a aquel que lo necesite.

Que la compasión sea el motor de mis acciones hacia los demás. 

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Los talentos

 EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 19 de noviembre de 2017 – 33ro. durante el año

Evangelio según san Mateo 25, 14 – 30

 

La parábola de los talentos

         14 El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, 16 el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, 18 pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

        19 Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. 20 El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'. 21 'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'. 22 Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'. 23 'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

        24 Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. 25 Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'. 26 Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, 27 tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. 28 Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, 29 porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. 30 Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Al reflexionar sobre la actitud de Jesús con el tercer siervo (lo condena por “no hacer nada” con los talentos recibidos) nos damos cuenta que el mensaje del Señor es muy claro. Él no quiere que nuestra vida sea pasiva sino que busca que tengamos una respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo, según nuestras posibilidades, por transformar el mundo (empezando lógicamente con nuestro entorno). No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

        Jesús ha dejado en nuestras manos el Proyecto del Padre de hacer un mundo más justo y humano. Nos ha dejado en herencia el mandato del amor.

        A cada uno de nosotros el Señor nos confió, nos dio talentos, que podemos ponerlos en práctica, por ejemplo, en el matrimonio, en la familia. En lo cotidiano, en el quehacer doméstico, en la trasmisión de la vida. Decirle al Señor que en todo ello está nuestro intento de hacer fructificar los talentos recibidos.

        Es en la familia donde aprendemos a conocer esos talentos, el lugar donde aprendemos a negociarlos, a multiplicarlos, con humildad y alegría. Cada uno los hemos recibido de manera diferente. Y no interesa si esos dones recibidos son muchos o pocos, lo importante es tratar de multiplicarlos.  Poner en común lo mejor de cada uno de nosotros en una especie de “plazo fijo” que se llama familia, donde el aporte de todos rinde siempre mucho más de lo que puede rendir en la cuenta personal de cada uno.

 

 

1       ¿Cuáles son las cualidades o talentos que reconozco en mí?  ¿Los pongo al servicio de mi familia?

2       ¿Ayudamos a nuestros hijos a descubrir los dones recibidos, a que los hagan crecer y a que los pongan al servicio de los demás?

 

 

 

Señor,

que tenga la valentía de querer multiplicar

 los pocos o muchos talentos recibidos de tus manos, y

que los ponga al servicio de mi familia y de todo aquel que los necesite. 

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¿Sensatez o necedad?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA  

Domingo 12 de noviembre de 2017 – 32do. durante el año

Evangelio según san Mateo 25, 1 – 13

La parábola de las diez jóvenes del cortejo

        1 Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, 4 mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. 6 Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'. 7 Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'. 9 Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'. 10 Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. 11 Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', 12 pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'. 13 Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

    Con esta parábola el Señor busca que reflexionemos sobre cual debe ser la actitud de un “buen discípulo”  (representado como la   joven sensata) versus la actitud de un “mal discípulo” (representado como la joven necia).

     La joven sensata actúa de manera responsable. Sabe la fiesta que tiene por delante. Pero tiene en cuenta que no basta con haber sido invitada sino que debe estar preparada para “salir al encuentro del esposo”. Ella no sólo llevó su lámpara sino que tiene aceite para estar segura que seguirá ardiendo.  Podemos hacer un paralelo con otro pasaje del Evangelio en que se nos habla del “hombre sensato” que edifica su casa sobre roca.

      La joven necia se entusiasmó con la invitación, tomó su lámpara, la encendió pero no pensó en cómo mantenerla encendida.  Actuó como el que construye su casa sobre arena.

      Si creemos en Jesús y en sus enseñanzas, no podemos dejar de preguntarnos ¿qué debo hacer para ser un buen discípulo?  Es una necedad creer en Jesús pero confesarlo con una vida apagada, vacía de su espíritu y su verdad. Equivale a esperar a Jesús con “la lámpara apagada”.  Debemos procurarnos aceite para mantener “nuestra lámpara encendida”.

    El Evangelio de este domingo es un llamado a tener siempre reserva de aquello que prende el fuego de nuestras lámparas. Cada uno sabrá qué es ese combustible para él, pero acá van algunas pistas:  conocer su proyecto de vida para así sentirnos atraídos por el estilo de vida que nos propone;      proponernos una verdadera conversión a los valores evangélicos que se debería ir plasmando día a día en nuestros hechos cotidianos;      encarar la vida centrada en el amor a nosotros mismos, a nuestra familia, al prójimo en general.   En definitiva, siempre debemos cuidar aquello que nunca puede faltar en la vida cristiana:  el amor

 

 

1       ¿Con qué hechos concretos trato de mantener mi lámpara encendida?

2       ¿Ayudo a que mi familia se procure el aceite que cada uno necesita para mantener su lámpara encendida?

 

 

Señor,

ayúdame a que mi lámpara no se apague,

que en ella siempre arda el fuego del amor.

Coloca en mí la fuerza de tu propio amor

para que yo pueda derramarla en los demás. 

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Hacerme servidor de los otros

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 5 de noviembre de 2017 – 31ro. durante el año

Evangelio según san Mateo 23, 1 – 12

 

La hipocresía y la vanidad de los escribas y fariseos

         1 Entonces Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: 2 "Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; 3 ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. 4 Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. 5 Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; 6 les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, 7 ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.

        8 En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. 9 A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial. 10 No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. 11 Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, 12 porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".

      Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Luego de leer todo el Evangelio y comprender el contexto, les proponemos reflexionar sobre dos frases del Evangelio de este domingo:

       “No hacen lo que dicen”.  Jesús, quien vino a esta tierra a ayudarnos a comprender cómo debemos vivir, muestra su indignación por la actitud de los escribas y fariseos, y dice algo que vale la pena detenernos a pensar. Si bien se está dirigiendo a la actitud de algunos dirigentes religiosos veamos cómo se aplica hoy a nosotros. El Señor les está recriminando su incoherencia pues ordenan cosas que ellos no cumplen.  ¿Y nosotros somos coherentes, por ejemplo con lo que les decimos a nuestros hijos? Pongamos un ejemplo simple (si bien sabemos que hay distancias y no somos iguales): le recriminamos a algún hijo porque se pasa el día “pegado a su telefonito” ¿y nosotros no lo hacemos?  . Otro: pretendemos el respeto de ellos hacia nosotros pero ¿nosotros los tratamos siempre con respeto?  A veces nuestra conducta nos desacredita. Un ejemplo de vida más evangélica (vivir lo que decimos) cambiaría el clima hogareño y hasta se extendería a nuestra comunidad.

        “Todo lo hacen para que los vean”.   Aquí el Señor también se indigna pues, así estuviesen haciendo obras buenas, buscan el reconocimiento. Jesús vino a enseñarnos que el verdadero amor es gratuito, no busca nada a cambio. Podemos decir que es algo “natural” querer ser reconocido. Sin embargo, si nos dejamos sanar y liberar por la gracia de Dios, pondremos nuestra vida en las manos de Él y no en la fuerza de los elogios o reconocimientos.  No hagamos las cosas sólo para ser bien vistos sino que hagamos el bien como lo hizo Jesús, sin esperar recompensas.

        Comprendiendo esto, y actuando en consecuencia, nos sentiremos verdaderamente libres y daremos a nuestra familia y a nuestra comunidad un claro ejemplo de vida cristiana.

 

 

1       ¿Qué cosas digo o espero de mi cónyuge o mis hijos, y yo no hago?

2       ¿Me siento libre para actuar en la verdad o en algunos casos actúo para “quedar bien” con los demás?  ¿Cómo lo podría superar?

 

 

Señor,

liberame con la libertad de tu amor,

para que sólo dependa de tu mirada que me comprende, me alienta y me estimula,

y no viva pendiente de la mirada de los demás, del aplauso o de la aprobación.

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El mandamiento principal

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 29 de octubre de 2017 – 30mo. durante el año

Evangelio según san Mateo 22, 34 – 40

 

El mandamiento principal

          34 Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, 35 y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 36 "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?. 37 Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. 38 Este es el más grande y el primer mandamiento. 39 El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Vivimos llenos de ocupaciones (y preocupaciones…)  Son tantas las cosas que debemos tener en cuenta en nuestra vida que a veces confundimos las prioridades y terminamos dedicándole mayor atención a algo que no lo merece. El trabajo, el viaje, las compras, la seguridad, nuestra relación conyugal, nuestros hijos, nuestra familia, nuestros amigos, los deportes, la tecnología, el esparcimiento, la economía, la casa, el auto, y así podríamos seguir. Y en cada una de estas cosas, infinidad de temas nos ocupan.  Todo ello hace que muchas veces nos sintamos llenos de obligaciones morales que no sabemos cómo atender. Y ahí vienen los autoreproches y los sentimientos de culpa.  Ante esto, necesitamos ordenarnos, darle prioridad a lo esencial.  Una vez más, Dios nos da la respuesta.

     Jesús les responde claramente a los fariseos sobre dónde está lo esencial de nuestra fe cristiana: “tu primera prioridad debe ser amar a Dios”.  Amarlo de la misma manera en que Él te ama a vos. Y que ese amor no se exprese sólo los domingos en Misa o cuando participás de alguna actividad religiosa. Que todo lo que salga de tu corazón, que todo lo que tengas en el alma, que todo lo que exprese tu ser esté acorde con ese amor que profesas a Dios.

    E inmediatamente surge la otra prioridad: amar a tu prójimo. Preocupate por vos mismo pero no te quedes allí. Que todo lo que hagas referido a tu cónyuge, a tus hijos, a tu familia, a tus amigos o vecinos, a los pobres y carenciados, concrete esa capacidad de amar que Dios te infundió.  Dios nos regaló su amor pero también nos dio la capacidad de brindarlo nosotros, de manera que podamos amar como Él.

     Por último, no dejemos de ser agradecidos, Darle gracias a Dios por sentirnos amados por Él y por habernos dado esa capacidad a nosotros.

 

 

1       ¿Soy consciente que el amor es una gracia y una decisión que involucra mis sentimientos pero que va más allá de lo que siento?

2       ¿Amo así a mi familia? ¿Tengo algo que mejorar al respecto?

 

 

Señor,

te agradezco todos los bienes naturales y sobrenaturales que me diste.

Ante todo, te agradezco el que me ames y el que me hayas dado la capacidad de amar.

Te pido me recuerdes que lo haga como Vos, no por interés sino gratuitamente,

y que lo haga ante todo hacia mi familia.

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Den a Dios lo que es de Dios

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 22 de octubre de 2017 – 29no. durante el año

Evangelio según san Mateo 22, 15 – 21

El impuesto debido a la autoridad

          15 Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. 16 Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: "Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. 17 Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?. 18 Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: "Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? 19 Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto". Ellos le presentaron un denario. 20 Y él les preguntó: "¿De quién es esta figura y esta inscripción?. 21 Le respondieron: "Del César". Jesús les dijo: "Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios".

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Ante la trampa que le tienden los fariseos al hacerle la pregunta reflejada en el Evangelio de este domingo, Jesús les responde con una de sus frases más reconocidas: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

         Reflexionando sobre qué quiso decir con ello, lo primero que se nota es que, si bien los judíos estaban sometidos a los romanos, Jesús no les plantea una actitud contestaria sino que reconoce que, dadas las circunstancias de ese entonces, lo que correspondía era el pago de impuestos (“Den al César lo que es del César”).

         Sobre esta primera parte de su respuesta podríamos hablar, inclusive polemizar, mucho. Pero quizá por hacerlo dejamos de lado la reflexión sobre lo más importante que nos está diciendo Jesús, la segunda parte de su respuesta, donde nos dice “y den a Dios lo que es de Dios”.

          Les recuerda a los fariseos algo que no le habían preguntado: “Dad a Dios lo que es de Dios”. Y hoy nos lo está diciendo a nosotros.  No demos a ningún César lo que sólo es de Dios: la vida de nuestros hijos, nuestras vidas. No las demos a cambio de cosas terrenales.  Dios nos dice que no debemos sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y nos lo está diciendo a los cristianos de la sociedad actual que muchas veces se deja llevar por una búsqueda de bienes económicos que comúnmente no tienen un objetivo verdaderamente humano.  Es una enseñanza que podemos resumir en esa, también, conocida frase: “estar en este mundo sin ser de este mundo”.  No nos dejemos atrapar y ayudemos a nuestra familia a que no se deje atrapar por los falsos ídolos del bienestar material, de la recompensa ya, y de la búsqueda del gozo inmediato, porque “no se sabe qué va a pasar en el futuro”. Los cristianos sí lo sabemos. Podremos pasar por dificultades, pero nos espera la dicha total que encontraremos en el Reino de Dios.

       Resumiendo, Jesús no está pensando en Dios y el César como dos poderes que pueden exigir cada uno sus derechos a sus súbditos. ¿Qué le puede pertenecer al César, que no sea de Dios? Sólo su dinero injusto.

 

1       ¿Estoy seguro de darle a Dios todo lo que es de Él? ¿porqué?

2       ¿Ayudo a mis hijos a no dejarse atrapar por el poder económico y a tomarlo como algo que debemos poner al servicio de la persona humana?

Señor,

te agradezco por todo lo que me diste y me estás dando.

 Ayúdame a que, a lo largo de mi vida, sepa agradecerte siempre y

a aceptar tu voluntad cuando no la entienda.

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Mi traje de fiesta

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 15 de octubre de 2017 – 28vo. durante el año

Evangelio según san Mateo 22, 1 – 14

La parábola del banquete nupcial

          1 Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo:  2 "El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.  3 Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.  4 De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'.  5 Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; 6 y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

          7 Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.  8 Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.  9 Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'. 10 Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

          11 Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 12 'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio. 13 Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'. 14 Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos".

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        La parábola del Evangelio de este domingo nos lleva a reflexionar sobre un aspecto de la vida de Jesús. Durante toda su vida Jesús se dedicó a invitar a todos al Reino de Dios, o sea, a una fiesta final en nombre de Dios. Y al hacerlo, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.

     En nuestro caso, ¿qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿La hemos escuchado? ¿La hemos aceptado y nos preocupamos en prepararnos para ella, en “ponernos nuestro traje de fiesta”?  Cada uno necesitará pensar cual es ese traje de fiesta que tendrá que lucir: uno que deje de lado mi malhumor, uno que tenga más en cuenta la atención a mis hijos, uno que no sea tan materialista y actúe en busca de valores más duraderos.

     También pudiera ocurrir que, ante la invitación de Jesús, habrá quienes estén satisfechos con el bienestar alcanzado, y actúen como sordos a lo que no sea algo que contribuya a sus intereses inmediatos. Incluso les podría parecer que no necesitan a Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar nuestra vida espiritual, nuestra vida de caridad, que será el camino adecuado a una esperanza cierta?  Otros quizá de una manera más inconsciente, quizá muy ocupados en solucionar todos sus problemas, no escuchen esa invitación.

      Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final a la que están invitados todos. Si algunos no escuchan, Él seguirá invitando, así tenga que ir a “los cruces de los caminos”. La invitación de Dios no se ha apagado. La pueden escuchar todos los que en el fondo de sus conciencias escuchan la llamada del bien, del amor y de la justicia.

 

 

1       ¿Acepté esta invitación que me hace Jesús?  ¿Estoy trabajando en “ponerme mi traje de fiesta”?

2       ¿Qué estoy haciendo para que el resto de mi familia también pueda asistir a la fiesta?

 

 

Señor,

te doy gracias porque me invitas a esta fiesta comunitaria.

Te pido la gracia de aprender a amar

para poder participar de ese maravilloso banquete.

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