Misión de los Doce

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 15 de julio de 2018 – 15to. durante el año

Evangelio según san Marcos 6, 7–13

 

Misión de los Doce

        7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. 10 Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.  11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". 12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13 expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

           En esta reflexión vamos a centrar nuestra atención en dos características de lo que Jesús les pide a sus discípulos.

          Jesús envía a sus discípulos a la misión. Para ello, no les da poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino que les da su fuerza para expulsar a los espíritus impuros. Los discípulos saben muy bien lo que les pide Jesús. Nunca lo vieron gobernando a nadie. Siempre lo conocieron curando heridas, aliviando sufrimientos, regenerando vidas. Viéndolo actuar a Jesús, ellos vivenciaron que las tareas más importantes para Él fueron “curar” y “liberar”.

           Jesús envía a sus discípulos con lo necesario para caminar y les marca también lo que no deben llevar.   Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.

          Llevemos estas dos características a nuestra vida hoy y en especial a cómo actuamos en familia.

          No es importante cuanto podemos controlar o gobernar a los demás sino cuanto podemos hacer para eliminar de ellos los espíritus impuros, cuanto podemos ayudarlos a vencer la desesperanza, el egoísmo, la intolerancia, la superficialidad, la lujuria, el rencor, el revanchismo.

           Si bien como responsables de una familia debemos procurar tener lo necesario para vivir dignamente, el mensaje de este pasaje evangélico nos dice que la búsqueda de bienes y de seguridad tiene un límite. La obsesión por la seguridad económica no es buena. Podemos caer en la tranquilidad del bienestar desde el que no es fácil crear el reino de Dios como un espacio de vida digna para todos. Aprendamos a desprendernos de bienes y costumbres que nos impidan ser libres para vivir y contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez. No interesa si esos bienes o costumbres son lícitas o no sino cuan prescindibles pueden ser de manera que no vivamos centrados en el propio bienestar.

 

 

  1. En la relación con mis hijos ¿Me centro sólo en tratar de controlarlos o me preocupo también por ayudarlos a que mejoren como personas?
  2. ¿Me ato a cosas de esta vida que me impiden ver y actuar por los otros?

 

 

Señor,

Ayúdame a descubrir que cosas prescindibles me atan en esta vida.

Ayudame a basar mi vida sólo en tu poder y en tu amor.

 

 

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Los suyos lo despreciaron

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 8 de julio de 2018 – 14to. durante el año

Evangelio según san Marcos 6, 1–6a

 

 

Visita de Jesús a Nazaret

        1 Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. 4 Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

   Los relatos evangélicos sobre los que veníamos reflexionando nos tenían acostumbrados a un Jesús milagroso, al que le creían, lo seguían multitudes y le acercaban los enfermos. Y el Evangelio de este domingo nos sorprende con un rechazo a la figura de Jesús de parte de su propio pueblo. No fueron las autoridades, ni la gente que no lo conocían. Fueron los suyos los que lo despreciaron. Sus “conocidos desde cuando era chico” se quedaron con sus preconceptos, no pudieron abrir sus oídos y su corazón para comprender su mensaje. Se hicieron una idea de Él cuando era un niño y lo seguían viendo como un vecino más. O quizá tuvieron miedo que su mensaje “rompiera la tranquilidad de su aldea”. Prefirieron seguir viviendo con “su” religión.

    Ubiquémonos ahora en la actualidad. Reflexionemos sobre nosotros y sobre cómo recibimos el mensaje de Jesús. Quizá nosotros también nos guiamos por preconceptos generados en el pasado. Quizá nuestra fe no haya evolucionado desde una fe infantil a una fe adulta. Nos quedamos con la figura de Jesús que nos creamos cuando éramos niños o jóvenes, no profundizamos en sus enseñanzas y quizá con nuestras acciones las estamos desconociendo. Cada uno nos hacemos nuestra idea de Él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

    No tengamos miedo a abrirnos al mensaje de Jesús, a escucharlo y a discernir sobre cómo impacta en mi vida; tener la humildad de “dejarnos sanar por Jesús”.  Quizá debamos esforzarnos másen conocer a Jesús, aunque ello signifique que nos “perturbe la tranquilidad de nuestra aldea”.

 

  1. ¿Es mi fe infantil o superficial? ¿Cómo puedo hacer para que crezca?
  2. ¿Me ocupo en ayudar a mi familia para que ellos también remuevan sus preconceptos y tengan una fe adulta?

 

Señor,

ayúdame a que mis preconceptos

no me impidan crecer en la fe

ni condicionarme la visión que tenga de mis hermanos.

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Tu fe te ha salvado

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 1 de julio de 2018 – 13ro. durante el año

Evangelio según san Marcos 5, 21–43

 

Curación de una mujer y resurrección de la hija de Jairo

        21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.  22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". 24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

        25 Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.  26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. 27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,  28 porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada". 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?. 31 Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?  32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. 33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".

        35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro? 36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. 39 Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme". 40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate". 42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

   Encontramos en el Evangelio de este domingo dos episodios: la curación de una humilde mujer y la resurrección de la hija de un hombre poderoso.

   Una humilde mujer que, habiendo intentado todo lo que tenia a su alcance, no había logrado curarse de su enfermedad. Oyó sobre Jesús, creyó en Él y a Él recurrió ya desesperada. Lo hizo humildemente. No gritó, no se le abalanzó, simplemente tocó su manto. Ese pequeño gesto fue advertido por Jesús a pesar que estaba en medio de una multitud. Ese “tocarle el manto” demostró la fe que esa mujer tenía. Ella, una mujer insignificante, a la que su enfermedad hacía que la tildasen de “impura” recurre a Jesús para recuperar su dignidad. Esa enfermedad hoy bien podrá ser la falta de trabajo, la pobreza miserable, la exclusión. Pero ella, con mucha fe y humildad, buscó ayuda y paz y la encontró en el Señor.

    Un hombre poderoso, desesperado ante la enfermedad de su hija no duda en postrarse ante Jesús pidiendo su intervención para sanarla. Nuevamente Jesús se conmueve ante la fe que esa persona depositaba en Él y, ni siquiera cuando le dijeron que la niña ya había muerto, se detiene. Jesús va a su casa y la resucita.

    En ambos episodios resalta el poder de la fe. Jesús no hace acepción de personas. Escucha y atiende a ambos, aun perteneciendo a condiciones sociales totalmente diferentes. Jesús reconoce la fe verdadera. Acoge a todo aquel que recurre a Él con fe sincera, buscándolo como el gran sanador, la fuente de la verdadera paz, como aquel que posee la verdadera fuerza salvadora

 

  1. Mi fe al pedir ¿se parece a la de los personajes de este pasaje? ¿porqué?
  2. ¿Acepto la voluntad de Dios o me rebelo por no lograr lo deseado?

 

Señor,

concédeme una fe semejante a la de la mujer enferma o a la del jefe de la sinagoga.

Hacé que nunca flaquee en la esperanza de encontrar la paz en Vos.

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“¿Qué llegará a ser este niño?”

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 24 de junio de 2018 – Festividad de Juan el Bautista

Evangelio según san Lucas 1, 57–66.80

 

El nacimiento de Juan el Bautista

        57 Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. 58 Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

La circuncisión Juan el Bautista

        59 A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;

60 pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". 61 Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". 62 Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. 63 Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. 64 Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. 65 Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. 66 Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él.

 

80 El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

          El Evangelio hoy nos presenta una situación familiar. Un matrimonio mayor (Isabel, una mujer bondadosa, y Zacarías, un hombre justo) no habían podido tener hijos. Y, en su vejez, Dios les regala la gracia de ser padres.  ¡ Lo que habrá sido para ellos ese hijo  !  ¿ Qué planes habrán tenido para él? ¿Qué habrán soñado que fuese al crecer?  Seguramente se preguntarían ¿Qué llegará a ser nuestro hijo?

        No sabemos si Isabel y Zacarías llegaron a ver a su hijo ya adulto, convertido en el último y más grande de los profetas. Imaginemos que sí. Juan El Bautista eligió un camino nada fácil. Su vocación era muy fuerte pero en su esfuerzo de recomponer al pueblo destrozado se convirtió en una amenaza para los romanos. Eso lo llevó a su muerte. Imaginemos también que Isabel y Zacarías vivían cuando fue su muerte cruenta. No era lo que ellos hubiesen deseado para su hijo pero ¿cómo lo habrán tomado? ¿Se habrán “enojado con Dios o, dado que eran personas de fe, habrán recordado que “la mano del Señor estaba con él”? ¿Habrán sido conscientes que el destino de Juan El Bautista era el de preceder a Jesús en su nacimiento, en su predicación y en su muerte?

        ¿Aceptamos nosotros el camino que eligen nuestros hijos? ¿Los cuidamos en su crecimiento, fortalecemos su espiritualidad, pero los dejamos descubrir y cumplir su vocación?  Si esa vocación, si el camino elegido no es el “soñado por nosotros” ¿Los respetamos, los acompañamos o les cerramos las puertas de nuestro corazón?  ¿Tomamos posesión de ellos o los tomamos como un regalo de Dios que debemos hacer crecer y respetar como personas inmensamente amadas pero diferentes a nosotros?

 

 

  1. ¿Cómo tomás la llegada de un hijo, así sea en un momento inesperado?
  2. ¿ Sos consciente que el Señor está siempre con cada uno de tus hijos, así ellos no lo sigan? ¿Pedís vos por ellos, para que puedan escuchar al Señor cuando se les manifieste?

 

Señor,

que sepamos esperar y aceptar tu voluntad sobre

nuestra vida y la de nuestra familia.

Ayudanos a saber confiar en tu providencia.

 

 

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"Una familia dividida no puede subsistir"

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 10 de junio de 2018 – 10mo. durante el año

Evangelio según san Marcos 3, 20–35

La actitud de los parientes de Jesús

      20 Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer.  21 Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: "Es un exaltado".

Jesús y Belzebul

      22 Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios".  23 Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás?  24 Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir.

25 Y una familia dividida tampoco puede subsistir.  26 Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin.  27 Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

La blasfemia contra el Espíritu Santo

      28 Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran.  29 Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre".  30 Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está poseído por un espíritu impuro".

La verdadera familia de Jesús

      31 Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar.  32 La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera".  33 El les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?  34 Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos.  35 Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Es bien sabido por todos nosotros que la Palabra siempre es novedad. Sin interesar cuantas veces hayamos leído un pasaje, cada vez que lo releamos puede tener un mensaje nuevo para cada uno. Detengámonos a reflexionar algunos versículos. 

         Por ejemplo, en los versículos 25 a 27, Jesús es sumamente claro en su Palabra: una familia dividida no tiene futuro, no puede subsistir. E inmediatamente da una pista de cómo evitarlo: “hay que ser fuertes y no dejarse atar para que no nos roben nuestros bienes”. ¿No estaré siendo débil y me estaré dejando atar por cosas que en definitiva roban lo bueno de mi familia? ¿No estaré dejándome atrapar por cosas que me causan una satisfacción inmediata pero que de a poco me hacen descuidar la atención de mis verdaderos bienes: mi cónyuge, mis hijos, una vida ordenada y armónica entre todos?

       Jesús nos ayuda a profundizar esta reflexión con lo que expresa duramente en el versículo 29. ¿Recuerdan lo que vimos en la reflexión del evangelio de hace dos domingos (la festividad de la Santísima Trinidad)? Asemejábamos a la persona “Espíritu Santo” de Dios al Amor como don, apertura, comunicación. O sea, el amor que sobrepasa las barreras del egoísmo y se vuelca a los demás. Pecar contra esto, pensar sólo en uno mismo, es una ofensa gravísima hacia Dios.

      No dejemos que nuestra vida caiga en la trivialidad y en el sinsentido. No “blasfememos contra el Espíritu Santo” teniendo una vida que no comunique la Buena Noticia a los demás. Si podemos superar las barreras del egoísmo, si no nos dejamos atar por las preocupaciones o por toda la oferta consumista y de diversión fácil que tan bien se nos presenta a diario, podremos estar lo suficientemente fuertes como para que nadie nos robe nuestros verdaderos bienes, entre los que, sin duda, está nuestra familia. Y podremos además estar atentos para ayudar a que esto no les ocurra a los otros miembros de nuestra familia.

 

  1. ¿Estoy fuerte para “no dejarme atar” o me dejo atrapar por la superficialidad y las preocupaciones?
  2. ¿Ayudo a mis hijos a fortalecerse ante el embate de individualismo que evita desarrollar en ellos la mirada hacia los demás?

 

Señor,

que el Espíritu Santo que Vos nos dejaste

nos guíe y nos auxilie para

poder cumplir con tu voluntad

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Ser sembrador

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 17 de junio de 2018 – 11mo. durante el año

Evangelio según san Marcos 4, 26–34

 

La parábola de la semilla que crece por sí sola

        26 Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:  27 sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.  28 La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.  29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".

La parábola del grano de mostaza

      30 También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?  31 Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra,  32 pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".

El uso que Jesús hace de las parábolas

      33 Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.  34 No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Jesús les habla a sus seguidores con ejemplos que puedan entender, con las cosas que experimentan en sus vidas. Con las parábolas contenidas en el Evangelio de este domingo les quiere transmitir cómo es el Reino que vino a anunciar. Es un reino que no se parece a los otros reinos del mundo. Por el contrario, su Reino es humilde y modesto en su origen, pero está llamado a crecer de manera insospechada. Reflexionemos sobre estos dos afirmaciones.

       El Reino es humilde y modesto en su origen.  Estamos llamados a sembrar las semillas de ese Reino. ¿Cómo hacerlo de la mejor manera?   Valorando las cosas pequeñas y los pequeños gestos. Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien está solo, una señal de cercanía a quien comienza a desesperar, un rayo de pequeña alegría en un corazón agobiado... no son cosas grandes. Son pequeñas semillas del Reino de Dios que todos podemos sembrar en la sociedad, comenzando con nuestra propia familia. Dios nos llama a sembrar, no a cosechar. Y a no preocuparnos si esa semilla que sembramos no crece inmediatamente. No preocuparnos por el éxito inmediato sino por sembrar bien el Evangelio. Sembrar un futuro mejor. Confiando en que, una vez sembrado, ese Reino irá creciendo más allá de nosotros. 

        El Reino de Dios está llamado a crecer de manera insospechada  ¿Cómo fructificará de este modo? Cuando la Buena Noticia es sembrada con fe y con buenas acciones (gestos, actitudes, ejemplos de vida) penetra efectivamente en una persona o en una familia. Y allí comienza a crecer algo que a nosotros, como sembradores, nos desborda.  La fuerza del Evangelio no es algo espectacular. Es como sembrar una semilla pequeña, “un grano de mostaza”, que germina secretamente en el corazón de las personas. A su tiempo.

 

 

  1. ¿Transmito la Palabra siendo consciente que yo puedo no ver los frutos de esa siembra?
  2. ¿Dejo crecer esa semilla silenciosamente dentro de mis hijos o le pido que fructifique ya?

 

Señor,

hacé de mí un buen sembrador.

Dame la sabiduría y paciencia necesaria

para no pretender ver los frutos de lo que siembre.

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Corpus Christi

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 3 de junio de 2018 – Corpus Christi

Evangelio según san Marcos 14, 12–16.22-26

 

Los preparativos para la comida pascual

      12 El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?.  13 El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo,  14 y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: '¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?'.  15 El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario".  16 Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

La institución de la Eucaristía

      22 Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen, esto es mi Cuerpo".  23 Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella.

24 Y les dijo: "Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos.  25 Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".

       26 Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Leamos este pasaje, pongámonos en lugar de los discípulos y sintamos lo que ellos sintieron. Nos imaginamos que ese día ellos fueron a esa comida felices. Iban a compartir un momento entre hermanos, convocados por su Maestro. Y era una comida, fueron a alimentarse. Seguramente habrán ido contentos.

       ¿Y que quería Jesús que se llevasen sus discípulos de esta Cena?  Quería que se llevasen su esperanza indestructible en el reino de Dios. Se acercaban momentos muy difíciles para Él. Ante ello quería reforzar en sus seguidores el sentido de comunidad, el compartir (partir el pan, tomar todos de una misma copa)

        Hoy en día, celebramos la Santa Misa en recuerdo de ese momento. ¿Cómo vamos nosotros a Misa?  ¿Con esa misma alegría? ¿Pensamos que vamos a compartir un momento junto a nuestros hermanos o lo vivimos como algo individual? ¿Vamos a alimentarnos con la Palabra y con la Eucaristía? ¿O lo hacemos como una obligación? ¿Lo vivimos como “algo más” en la semana?  ¿Somos conscientes de que toda la Misa está orientada a crear fraternidad?

      Escuchemos la Palabra reaccionando ante sus llamadas. Recemos el Padre Nuestro pensando en aquellos que tienen dificultad para llevarlo a sus casas. Demos la paz pensando en cual es nuestra tarea para lograrla. Comulguemos con Jesús si somos consecuentes con su generosidad y solidaridad.

      Celebrar la Eucaristía es alimentar nuestra adhesión a Jesús, vivir en contacto con Él, seguir unidos.

 

 

  1. ¿Vivo la Misa , o simplemente asisto a una celebración más?
  2. ¿Contagio a mi familia el significado de la Misa, de la gracia que significa alimentarnos de su Cuerpo, de su Sangre, de su Palabra?

 

Señor,

fortalece mi fe

para que pueda vivir con profundo amor cada Misa.

 donde te nos ofrecés como alimento espiritual.

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Santísima Trinidad

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 27 de mayo de 2018 – Santísima Trinidad

Evangelio según san Mateo 28, 16 – 20

 

La misión universal de los Apóstoles

16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.  17 Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.  18 Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.  19 Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        El pasaje evangélico de este domingo nos invita a reflexionar sobre uno de los grandes misterios de nuestra fe: La Santísima Trinidad. Jesús les pide a sus apóstoles que transmitan la fe en un único Dios y que ese Dios está constituido por tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¿Qué significa esto para nuestra fe?  ¿en qué influye para nuestra vida en familia?

        Dios no es un ser lejano y frío, Les promete a sus discípulos estar siempre con ellos; y eso también nos abarca. Dios siempre está cerca, nuestro Dios, el Dios de todos, Dios, que es Amor.

        Y les recuerda que es un Dios trinitario. ¿Cómo entender esto?

        El Padre es el Amor originario. Todo lo existente viene del Amor. El Padre ama desde siempre y para siempre, sin ser obligado ni motivado desde fuera. Nunca nos retirará su amor y fidelidad. De Él sólo brota Amor. Nuestra fe nos dice que fuimos creados a su imagen y semejanza: estamos creados para amar. Sólo amando podemos vivir plenamente.

        La persona Hijo recibe el Amor del Padre. Es el “amado eternamente”; es la respuesta eterna al amor del Padre. Acoge ese Amor del Padre y lo da. El misterio de Dios está en dar y recibir amor. Dejarse amar no es menos que amar.  Como fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, estamos hechos no sólo para amar sino también para ser amados.

          El Espíritu Santo es la comunión del Padre con el Hijo. Es el amor eterno entre el Padre amante y el Hijo amado. Nos revela que el amor divino no es una posesión celosa del Padre ni un acaparamiento egoísta del Hijo. El amor verdadero es siempre apertura, don, comunicación hacia todas las criaturas de la creación. Estamos hechos para amarnos mutuamente sin acaparar y sin encerrarnos en amores ficticios y egoístas.

          Estamos llamados a amar, a dejarnos amar y a expresar ese amor no sólo a nuestros semejantes sino a toda la naturaleza.

 

 

  1. ¿Vivo, según mi fe, los tres aspectos del Amor que vemos en la Santísima Trinidad? ¿Amo? ¿Me dejo amar? ¿Extiendo mi amor a todo?
  2. ¿ Le hago saber a mis hijos que son amados y les enseño a respetar a toda la creación?
  3. ¿Cuál de estos aspectos debo mejorar en mi vida familiar?

 

 

Señor,

quisiera reflejar en mi vida, especialmente, en la familiar,

las tres dimensiones de tu Amor que se ven en la Santísima Trinidad.

¡Cuento con tu ayuda para lograrlo!

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La paz esté con nosotros

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 20 de mayo de 2018 – Pentecostés

Evangelio según san Juan 20, 19 – 23

 

Apariciones de Jesús a los discípulos

    19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!.  20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.  21 Jesús les dijo de nuevo:

"¡La paz esté con ustedes!

Como el Padre me envió a mí,

yo también los envío a ustedes".

22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

"Reciban el Espíritu Santo.

23 Los pecados serán perdonados

a los que ustedes se los perdonen,

y serán retenidos

a los que ustedes se los retengan".

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Jesús da por terminadas las apariciones a sus discípulos luego de su resurrección. Se despide de ellos y, como siempre, su mensaje es esperanzador: les deja la paz.  Una paz que sólo puede surgir en los corazones de la gente de fe.  Es “esa paz a pesar de”.  A pesar de los problemas que pasamos como sociedad, como país, como familia, tengamos siempre presente a ese Jesús que nos dejó al Espíritu Santo para fortalecernos, para ayudarnos a superar las dificultades.   Como los primeros discípulos, recibamos nosotros también al Espíritu Santo.

        Ven Espíritu Santo. Enseñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, a las personas, a sus sufrimientos y a sus contradicciones. Enseñanos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, a los que caen, a los que están esperando que perdonemos sus faltas. A los que están o se sienten solos, olvidados o desesperanzados.

       Si podemos cambiar nuestra mirada, podremos irradiar mejor la cercanía, la comprensión y la solidaridad de Jesús (a través de nosotros como sus instrumentos) hacia todos, especialmente hacia los más necesitados. Y así nos pareceremos más a nuestro Señor y ayudaremos a que en nuestra Iglesia se concrete el ideal de ser abierta, solidaria y misionera.

 

 

  1.  Gracias a la fe ¿puedo tener “esa paz a pesar de “? ¿porqué?
  2. ¿Transmito a mi familia la tranquilidad de saber que nuestro Dios es cercano y solidario a todos?

 

 

Ven Espíritu Santo,

 enseñame a creer.

 Que mi familia pueda notar en mí

la paz, la alegría, y la vida renovada por Cristo.

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“Anuncien la Buena Noticia a toda la creación”

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 13 de mayo de 2018 – La Ascensión del Señor

Evangelio según san Marcos 16, 15 – 20

 

            15 Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.

16 El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.

17 Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas;

18 podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán".

La ascensión

19 Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

20 Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Antes de ascender al cielo, Jesús les pide a sus discípulos que anuncien la Buena Noticia.

        Pensemos en este pedido trasladado ahora a nosotros. ¿Cómo hacerlo, comenzando por nuestra familia y siguiendo hacia todo aquel a quien podamos llegar?  ¿Cómo hacerlo en medio de tantos problemas, cómo llevar a los míos una esperanza nueva?

         La época en que vivió Jesús también estaba llena de problemas, no toda la gente la pasaba bien, también había conflictos familiares. ¿Cómo pudo Jesús llevarles la Buena Noticia en esas circunstancias?

         Si reflexionamos sobre cómo vivía Él, podemos entenderlo. Todo lo que Él decía les hacía bien: les quitaba el miedo a Dios, les hacía sentir su misericordia, les ayudaba a vivir comprendidos y perdonados. Toda su manera de ser era algo bueno para todos: era compasivo y cercano, acogía a los más olvidados, abrazaba a los más pequeños, bendecía a los enfermos, se fijaba en los últimos. Toda su actuación introducía en la vida de las personas algo bueno: salud, perdón, verdad, fuerza interior, esperanza, palabras de aliento (positivas). ¡Era una suerte encontrarse con él!

         Reflexionemos ahora si podemos nosotros al menos intentar tener ese comportamiento con nuestro cónyuge, con nuestros hijos, con el resto de nuestra familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, de parroquia, etc.  Esta forma de vivir seguramente podrá ir “haciendo milagros” en nuestro entorno; podremos hablar nuevas lenguas de cordialidad, de entendimiento; arrojaremos los demonios de la violencia, de la indiferencia; podremos recibir el veneno que nos transmiten muchas veces los medios de comunicación y no nos hará ningún daño; curaremos a los enfermos teniéndolos presentes y llevándoles nuestro consuelo. ¡¨Que lindo sentir que digan de nosotros: “es una suerte encontrarse con ellos”!

 

 

  1.  ¿Es Jesús una Buena Noticia para mí? ¿Porqué?
  2. ¿Estoy dispuesto a “hacer milagros” en mi familia?

 

 

Señor Jesús,

quiero vivir de la forma en que Vos lo hiciste.

Dame la fe y la fortaleza necesaria para intentar ser

siempre Buena Noticia para los demás.

 

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