Santísima Trinidad

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 27 de mayo de 2018 – Santísima Trinidad

Evangelio según san Mateo 28, 16 – 20

 

La misión universal de los Apóstoles

16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.  17 Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.  18 Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.  19 Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        El pasaje evangélico de este domingo nos invita a reflexionar sobre uno de los grandes misterios de nuestra fe: La Santísima Trinidad. Jesús les pide a sus apóstoles que transmitan la fe en un único Dios y que ese Dios está constituido por tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¿Qué significa esto para nuestra fe?  ¿en qué influye para nuestra vida en familia?

        Dios no es un ser lejano y frío, Les promete a sus discípulos estar siempre con ellos; y eso también nos abarca. Dios siempre está cerca, nuestro Dios, el Dios de todos, Dios, que es Amor.

        Y les recuerda que es un Dios trinitario. ¿Cómo entender esto?

        El Padre es el Amor originario. Todo lo existente viene del Amor. El Padre ama desde siempre y para siempre, sin ser obligado ni motivado desde fuera. Nunca nos retirará su amor y fidelidad. De Él sólo brota Amor. Nuestra fe nos dice que fuimos creados a su imagen y semejanza: estamos creados para amar. Sólo amando podemos vivir plenamente.

        La persona Hijo recibe el Amor del Padre. Es el “amado eternamente”; es la respuesta eterna al amor del Padre. Acoge ese Amor del Padre y lo da. El misterio de Dios está en dar y recibir amor. Dejarse amar no es menos que amar.  Como fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, estamos hechos no sólo para amar sino también para ser amados.

          El Espíritu Santo es la comunión del Padre con el Hijo. Es el amor eterno entre el Padre amante y el Hijo amado. Nos revela que el amor divino no es una posesión celosa del Padre ni un acaparamiento egoísta del Hijo. El amor verdadero es siempre apertura, don, comunicación hacia todas las criaturas de la creación. Estamos hechos para amarnos mutuamente sin acaparar y sin encerrarnos en amores ficticios y egoístas.

          Estamos llamados a amar, a dejarnos amar y a expresar ese amor no sólo a nuestros semejantes sino a toda la naturaleza.

 

 

  1. ¿Vivo, según mi fe, los tres aspectos del Amor que vemos en la Santísima Trinidad? ¿Amo? ¿Me dejo amar? ¿Extiendo mi amor a todo?
  2. ¿ Le hago saber a mis hijos que son amados y les enseño a respetar a toda la creación?
  3. ¿Cuál de estos aspectos debo mejorar en mi vida familiar?

 

 

Señor,

quisiera reflejar en mi vida, especialmente, en la familiar,

las tres dimensiones de tu Amor que se ven en la Santísima Trinidad.

¡Cuento con tu ayuda para lograrlo!

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La paz esté con nosotros

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 20 de mayo de 2018 – Pentecostés

Evangelio según san Juan 20, 19 – 23

 

Apariciones de Jesús a los discípulos

    19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!.  20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.  21 Jesús les dijo de nuevo:

"¡La paz esté con ustedes!

Como el Padre me envió a mí,

yo también los envío a ustedes".

22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

"Reciban el Espíritu Santo.

23 Los pecados serán perdonados

a los que ustedes se los perdonen,

y serán retenidos

a los que ustedes se los retengan".

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Jesús da por terminadas las apariciones a sus discípulos luego de su resurrección. Se despide de ellos y, como siempre, su mensaje es esperanzador: les deja la paz.  Una paz que sólo puede surgir en los corazones de la gente de fe.  Es “esa paz a pesar de”.  A pesar de los problemas que pasamos como sociedad, como país, como familia, tengamos siempre presente a ese Jesús que nos dejó al Espíritu Santo para fortalecernos, para ayudarnos a superar las dificultades.   Como los primeros discípulos, recibamos nosotros también al Espíritu Santo.

        Ven Espíritu Santo. Enseñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, a las personas, a sus sufrimientos y a sus contradicciones. Enseñanos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, a los que caen, a los que están esperando que perdonemos sus faltas. A los que están o se sienten solos, olvidados o desesperanzados.

       Si podemos cambiar nuestra mirada, podremos irradiar mejor la cercanía, la comprensión y la solidaridad de Jesús (a través de nosotros como sus instrumentos) hacia todos, especialmente hacia los más necesitados. Y así nos pareceremos más a nuestro Señor y ayudaremos a que en nuestra Iglesia se concrete el ideal de ser abierta, solidaria y misionera.

 

 

  1.  Gracias a la fe ¿puedo tener “esa paz a pesar de “? ¿porqué?
  2. ¿Transmito a mi familia la tranquilidad de saber que nuestro Dios es cercano y solidario a todos?

 

 

Ven Espíritu Santo,

 enseñame a creer.

 Que mi familia pueda notar en mí

la paz, la alegría, y la vida renovada por Cristo.

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“Anuncien la Buena Noticia a toda la creación”

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 13 de mayo de 2018 – La Ascensión del Señor

Evangelio según san Marcos 16, 15 – 20

 

            15 Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.

16 El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.

17 Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas;

18 podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán".

La ascensión

19 Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

20 Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Antes de ascender al cielo, Jesús les pide a sus discípulos que anuncien la Buena Noticia.

        Pensemos en este pedido trasladado ahora a nosotros. ¿Cómo hacerlo, comenzando por nuestra familia y siguiendo hacia todo aquel a quien podamos llegar?  ¿Cómo hacerlo en medio de tantos problemas, cómo llevar a los míos una esperanza nueva?

         La época en que vivió Jesús también estaba llena de problemas, no toda la gente la pasaba bien, también había conflictos familiares. ¿Cómo pudo Jesús llevarles la Buena Noticia en esas circunstancias?

         Si reflexionamos sobre cómo vivía Él, podemos entenderlo. Todo lo que Él decía les hacía bien: les quitaba el miedo a Dios, les hacía sentir su misericordia, les ayudaba a vivir comprendidos y perdonados. Toda su manera de ser era algo bueno para todos: era compasivo y cercano, acogía a los más olvidados, abrazaba a los más pequeños, bendecía a los enfermos, se fijaba en los últimos. Toda su actuación introducía en la vida de las personas algo bueno: salud, perdón, verdad, fuerza interior, esperanza, palabras de aliento (positivas). ¡Era una suerte encontrarse con él!

         Reflexionemos ahora si podemos nosotros al menos intentar tener ese comportamiento con nuestro cónyuge, con nuestros hijos, con el resto de nuestra familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, de parroquia, etc.  Esta forma de vivir seguramente podrá ir “haciendo milagros” en nuestro entorno; podremos hablar nuevas lenguas de cordialidad, de entendimiento; arrojaremos los demonios de la violencia, de la indiferencia; podremos recibir el veneno que nos transmiten muchas veces los medios de comunicación y no nos hará ningún daño; curaremos a los enfermos teniéndolos presentes y llevándoles nuestro consuelo. ¡¨Que lindo sentir que digan de nosotros: “es una suerte encontrarse con ellos”!

 

 

  1.  ¿Es Jesús una Buena Noticia para mí? ¿Porqué?
  2. ¿Estoy dispuesto a “hacer milagros” en mi familia?

 

 

Señor Jesús,

quiero vivir de la forma en que Vos lo hiciste.

Dame la fe y la fortaleza necesaria para intentar ser

siempre Buena Noticia para los demás.

 

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“Permanezcan en mi amor”

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 6 de mayo de 2018 – 6to. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 15, 9 – 17

9 Como el Padre me amó,

también yo los he amado a ustedes.

 Permanezcan en mi amor.

10Si cumplen mis mandamientos,

permanecerán en mi amor,

como yo cumplí los mandamientos  de mi Padre

y permanezco en su amor.

   11Les he dicho esto

para que mi gozo sea el de ustedes,

y ese gozo sea perfecto.

El mandamiento del amor

    12Este es mi mandamiento:

Amense los unos a los otros,

como yo los he amado.

13No hay amor más grande

que dar la vida por los amigos.

14Ustedes son mis amigos

si hacen lo que yo les mando.

15Ya no los llamo servidores,

porque el servidor ignora lo que hace su señor;

yo los llamo amigos,

porque les he dado a conocer

todo lo que oí de mi Padre.

16No son ustedes los que me eligieron a mí,

sino yo el que los elegí a ustedes,

y los destiné para que vayan y den fruto,

y ese fruto sea duradero.

Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre,

él se lo concederá.

17Lo que yo les mando

es que se amen los unos a los otros. 

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Jesús comienza a despedirse de sus discípulos ante la inminencia de su Pasión. Como todo aquel que se despide, buscó resumir en su discurso lo más valioso que quisiera que recuerden, aquello que les permitirá ser fieles a su proyecto.  Y su mensaje es claro: “permanezcan en mi amor”, y continúa diciéndoles que esto no es un concepto vacío de contenido: les dice algo muy concreto: “si cumplen mis mandamientos permanecerán en mi amor”.  Continuando con su discurso les aclara cual es su mandamiento: “Ámense los unos a los otros como Yo los he amado”.  

         En este pasaje, el Señor no nos deja lugar a dudas:  en cualquier época y circunstancia, lo decisivo para ser realmente cristianos es no salirse del amor fraterno. Sabemos que estamos viviendo un “cambio de época”, todo está sujeto a cambio, inclusive nuestra noción tradicional de familia. Pero nuestra fe nos lo marca claramente; no podemos alejarnos de amar al otro con ese amor que Jesús nos enseñó con su vida. Tener esos gestos de amor propios de quien ama como Jesús. El amor es lo único que realmente cuenta en esta vida. 

      Recordemos ese viejo dicho: “obras son amores y no buenas razones”.  El Señor quiere que vivamos ese amor, que demos fruto. No interesa cuánto fruto demos sino que tengamos en nuestro modo de ser muy metido nuestro que debemos buscar el bien del otro (de eso se trata amar) ya sea mi cónyuge, mis hijos o alguien que se cruza en mi camino. Que se note nuestra disponibilidad para hacer el bien

 

 

  1. ¿Soy realmente consciente de cómo debo vivir si quiero seguir los mandamientos de Jesús?

 

  1. ¿Exigimos de los otros ( esposa/o, hijos, familiares, amigos ) más de lo que somos capaces de dar? 

 

 

Señor Jesús,

quiero permanecer en Tu amor

y que eso sea para mí una fuente de gozo y no una carga.

Te prometo intentar dar amor a los otros siguiendo tu ejemplo de amor

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La verdadera vid

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 29 de abril de 2018 – 5to. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 15, 1 – 8

Jesús, la verdadera vid

1«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. 2 El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.

3Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié.

4 Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.

5Yo soy la vid, ustedes los sarmientos

El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.

6Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge,

    se arroja al fuego y arde.

7Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.

8La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

      En el texto de este domingo, los discípulos de Jesús son comparados con los sarmientos. Cuando están unidos a la vid reciben de ella la savia de la vida. Si se separan de la vid, se secan, Esta alegoría se aplica a todos nosotros. Nos dice que para crecer debemos permanecer unidos a Él. Nos está diciendo que estamos unidos a Él con un vínculo tan profundo y tan vital como los sarmientos están unidos a la vid. El sarmiento es una parte de la vid, por ambos corre la misma savia.

      Los sarmientos tienen que estar siempre unidos a la vid para seguir viviendo y para poder dar fruto. Llevada esta alegoría a nosotros, no se trata de una unión física, sino espiritual, la unión del amor que nos une a nuestro Señor Jesucristo

      Cuidar de nuestra familia, ser parte activa de ella, involucrarse, interesarse por todos y cada uno de sus miembros también son formas de trabajar en la viña del Señor, para que produzcamos los frutos del Reino de Dios.  Cada miembro de la familia debería tomar a los otros como los sarmientos que el Señor nos ha pedido que cuidemos y que los ayudemos a dar frutos. Cuidarlos implica alimentarlos, podarlos, estar atentos a cómo los vemos y a sus necesidades. Y eso lo lograremos si estamos permanentemente unidos a ellos por el poderoso lazo del amor.  En Jesús encontramos esa energía, esa “savia” (su Palabra), que nos permite hacerlo

 

  1. Con respecto a nuestro matrimonio ¿nos ayudamos mutuamente a crecer?

 

  1. En cuanto a nuestros hijos ¿cuidamos de ellos y los “podamos” (guiamos, corregimos, acompañamos, ponemos límites, con diálogo y sabiendo escuchar) cuando lo necesitan?

 

 

Señor Jesús,

dame la gracia de purificarme con tu Palabra.

Que mi vida sea fecunda y

que te ayude a cuidar esa vid que es mi familia.

 

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El buen Pastor

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 22 de abril de 2018 – 4to. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 10, 11 – 18

 

El buen Pastor

11 Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.

12El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo

las abandona y huye. y el lobo las arrebata y la dispersa. 13 Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.

14 Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí  15 –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas.

16Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.

17El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.

18Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».

                   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        La figura del pastor era muy familiar en la tradición de Israel. Moisés, Saúl, David y otros líderes habían sido pastores. Al pueblo le agradaba imaginar a Dios como un «pastor» que cuida a su pueblo, lo alimenta y lo defiende.  Con el tiempo, el término «pastor» comenzó a utilizarse para designar también a los jefes del pueblo.  Cuando en las primeras comunidades cristianas comenzaron los conflictos y disensiones, los seguidores de Jesús sintieron la necesidad de recordar que sólo Él es el modelo del Buen Pastor, el que actúa sólo por amor, el que se entrega a las ”ovejas perdidas de Israel”: las más débiles, las más descarriadas.       Y la vocación al sacerdocio se trata de seguir ese modelo de buen pastor, el que siempre trata a sus hermanos con cuidado y amor, la invitación a entregarse a la humanidad como lo hizo Jesús.

            La familia ocupa un rol fundamental en el surgimiento y desarrollo de las vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa.

            En primer lugar porque en ella se descubre la dignidad de la vida humana proveniente del amor de Dios que se plasma en el amor de los padres a los hijos. Saberse profundamente amado otorga alegría, serenidad y solidez anímica para escuchar la voz de Dios que llama a dar la propia vida por amor, discerniendo cómo llevar a cabo un proyecto de vida que apunte a la multiplicación de los dones recibidos para el bien propio y el de la comunidad. 

            En segundo lugar, una familia que vive valores como la fe, la solidaridad y el espíritu de colaboración mutua abre el corazón de los jóvenes a una gozosa actitud de servicio que es, al decir del Papa Francisco, saber “salir de sí mismos”, venciendo la “autorreferencialidad”, para ir al encuentro de Dios y el prójimo a través de una vocación que comprometa toda la vida, sin temores y con grandeza de espíritu.

           

  1. ¿Se dan en nuestra familia las condiciones necesarias (fe celebrada, alegría de compartir, capacidad de escucha) que favorezcan un eventual surgimiento de  vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa?

 

  1. ¿Estaríamos contentos si uno de nuestros hijos o hijas manifiesta el deseo de consagrarse a Dios?

 

Señor Jesús,

Que nosotros como familias cristianas y

que quienes ya abrazaron la vocación religiosa,

seamos propulsores creíbles de nuevas vocaciones

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La aparición de Jesús a los apóstoles

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 15 de abril de 2018 – 3er. Domingo de Pascua

Evangelio según san Lucas 24, 35 – 48

 

 35Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

La aparición de Jesús a los apóstoles

        36 Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». 37 Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,   38 pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?     39 Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo». 40 Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. 41 Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?». 42 Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; 43 él lo tomó y lo comió delante de todos.

Últimas instrucciones de Jesús

        44 Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos». 45 Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, 46 y añadió: «Así esta escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, 47 y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.48 Ustedes son testigos de todo esto.

       Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        En lo que sucedió según este relato evangélico confirmamos que la fe en Cristo resucitado no nace de manera automática y segura. Los discípulos tenían a Jesús en medio de ellos y aún así les costaba creer. Todavía los atrapaba el desconcierto y el miedo.  Jesús necesito “abrirles la inteligencia” para que comprendieran que era el resucitado. Y así, finalmente, les recuerda cual es su misión:  ser testigos, la mejor manera de anunciar la Buena Nueva.

        Puede ser que a nosotros, o a algunos miembros de nuestra familia, la fe no nos nazca de manera automática y segura, por más que lo deseemos. Tendremos dudas o interrogantes. Quizá nos lleve mucho tiempo el superarlas. Alcanzar ese momento en que comprendamos que Él está a tu lado y sólo necesitás darle lugar dentro tuyo; que en Él está la fortaleza que te hace falta, el amor que quizá no demos a todos, la paz que nos cuesta lograr en esta sociedad. 

        Así nos convertiremos también en testigos. No necesitaremos enseñar doctrina sino contagiar nuestra experiencia de ese Dios siempre presente. Si experimentamos a Jesús lleno de vida, tendremos la necesidad de contarlo a otros, quizá sin discursos, ni siquiera con palabras. A lo sumo diciendo “es esta fe la que me hace vivir con esperanza, la que me hace afrontar mejor las malas y compartir alegremente las buenas”. El testigo comunica lo que vive. Habla de lo que le ha pasado a él en el camino. Dice lo que ha visto cuando se le han abierto los ojos. Ofrece su experiencia, no su sabiduría. Irradia y contagia vida, no doctrina. No enseña teología, “hace discípulos” de Jesús.

 

 

  • ¿Tu fe te permite superar tus dudas e interrogantes?
  • ¿Cómo podés mejorar tu condición de testigo de Cristo resucitado dentro de tu familia?

 

Señor Jesús,

Quiero superar mis dudas e interrogantes

y así poder creer sin vueltas en que siempre estás a mi lado.

“Abrí mi inteligencia” para que así sea.

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Abrir las puertas

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 8 de abril de 2018 – 2do. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 20, 19 – 31

 

 Apariciones de Jesús a los discípulos

      19  Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!

Como el Padre me envió a mí,  yo también los envío a ustedes»  22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió

«Reciban al Espíritu Santo.  23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

 

      24Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». 26 Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 27 Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». 28 Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!.

29Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».

Conclusión

 

     30 Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 31 Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        En este pasaje vemos cual era la situación de los discípulos de Jesús luego de su muerte y sin terminar de creer totalmente en su resurrección.  Encerrados, temerosos, sin escuchar lo que sucede afuera. Necesitaron ver entre ellos al Cristo resucitado para abrirse, para retomar la alegría, para recuperar la paz.

        Y eso mismo puede suceder con nuestra familia. Sin la presencia viva de Jesús, sin sus enseñanzas vividas cotidianamente, nos convertimos en un grupo de personas que viven “en una casa con las puertas cerradas”. No sólo hacia afuera sino también entre nosotros. No le daremos lugar al encuentro ni al diálogo abierto, misericordioso, contenedor.  No tendremos confianza en los otros, nos llenaremos de recelos y prejuicios.  Ese miedo bloquea la magnífica energía contenida por todos los miembros de una familia, cada uno desde su lugar y con sus capacidades. 

          Dejemos entrar a Jesús en nuestra casa, que sea Él nuestra fuente de vida y alegría.  Y si dentro de nuestra familia apareciese “algún Tomás” no nos desesperemos ni lo apuremos. Démosle tiempo para que un día llegue a descubrirlo.

        Demos testimonio que la resurrección de Jesús y, por tanto, su presencia entre nosotros, es más que una doctrina pensada y predicada. Es una experiencia vivida. Su presencia viva nos ayuda a repensar nuestra vida en función a su ejemplo.

         Dejemos que el Cristo resucitado sea fuente de nuestra alegría y generador de nuestra paz.

 

 

  • ¿Creo realmente en Cristo resucitado o estoy aún buscando más pruebas?
  • ¿Cuáles son las puertas que debo abrir para que entre el Señor y pueda comunicar su presencia?

 

Señor Jesús,

Dame la paz y la alegría que le diste a tus discípulos.

Ayudame a abrir esas puertas que pudiesen

impedirme comunicar tu Buena Noticia a mi familia.

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Encontrar al Resucitado

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 1 de abril de 2018 – Pascua de Resurrección

Evangelio según san Juan 20, 1 – 9

 El sepulcro vacío

        1El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 2 Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

      3 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5 Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, 7 y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. 9 Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

                Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        En este pasaje evangélico vemos qué les pasó a aquellos discípulos que fueron a buscar a Jesús en su tumba. No lo encontraron allí. Lo buscaron entre los muertos y allí no estaba. Se habían hecho realidad sus palabras: había resucitado.  No encontraron a Jesús entre los muertos. Para encontrarlo tuvieron que seguirlo, tuvieron que ir a Galilea, adonde lo habían visto curar, perdonar, liberar, contener, despertar en todos una esperanza nueva. Y ahí lo volvieron a ver.

       Lo mismo nos pasa hoy a nosotros.  No busquemos a Dios en el mundo del pasado, de lo muerto. Busquémoslo siguiendo a Jesús (y a su forma de vivir) en el mundo de hoy.  Creamos en el Resucitado, que se nos presenta a diario en nuestro mundo. Sepámoslo ver en nuestro cónyuge, en nuestros padres, en nuestros hijos, en nuestro prójimo. Y actuemos con todos ellos como Él nos enseñó (curando, perdonando, liberando, conteniendo, despertando esperanza en todos aquellos que nos rodean).

      Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor. Todo alcanzará en Dios su plenitud.

      Domingo de Pascua, la gran fiesta de los cristianos. La confirmación de nuestra esperanza. Dios sólo quiere la vida, la vida perdurable, y nos lo demuestra con su resurrección. Hoy es la fiesta de todos.    

 

 

  • ¿Vivimos la Pascua con la alegría de creer en Aquel que da vida?
  • ¿Damos nosotros también, en la medida de nuestras posibilidades, nuestra vida para mejorar la de los demás?

Señor Jesús,

Creo en Vos y en tu resurrección.

Creo que estás acompañándonos a lo largo de nuestra vida.

Dame la esperanza de una vida nueva y

ayúdame a construirla en mi familia.

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La Sagrada Familia

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 31 de diciembre de 2017 – La Sagrada Familia

Evangelio según san Lucas 2, 22 – 40

 

La presentación de Jesús en el Templo            22 Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. 24 También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

El canto de Simeón            25 Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él 26 y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. 27 Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, 28 Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:  29 "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,  30 porque mis ojos han visto la salvación  31 que preparaste delante de todos los pueblos:  32 luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".

La profecía de Simeón           33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. 34 Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, 35 y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".

La profecía de Ana            36 Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. 37 Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. 38 Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

La infancia de Jesús en Nazaret           39 Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.

40 El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Cumpliendo con lo que disponía la religión judía, María y José llevan a Jesús al Templo para presentarlo ante Dios y hacer la ofrenda correspondiente.  Estando allí es observado por Simeón y por Ana quienes lo  reconocen de inmediato. Y no sólo lo expresan a viva voz sino que le anticipan a María que Jesús será fuente de inmensa alegría pero también de dolor.

       Fijemos nuestra atención en Simeón.  Un hombre del pueblo, un buen judío que como todos estaba esperando la venida del Mesías. Al verlo se da cuenta que Jesús es ese Salvador que llevaba años esperando. Y lo acoge de inmediato, con alegría, bendiciendo a Dios y a los papás de Jesús. Sin embargo, sus palabras no fueron del todo tranquilizadoras. Reconoce que Jesús vino a proponer al mundo un proceso conflictivo de conversión interior para poder vivir tranquilos y en paz.  Lo que Simeón profetizó en ese momento sigue vigente hoy. El Señor está presente para ayudarnos y acompañarnos en este proceso. 

     Vayamos ahora al segundo punto a reflexionar con este texto: Jesús en medio de su familia. Una familia común, que en este pasaje se muestra como una familia piadosa, con capacidad de admiración, y de aceptación.  Si bien vemos a esta familia en un momento extraordinario en el Templo, sabemos que también tuvo muchos momentos de vida sencilla, monótona, de trabajo. Como las nuestras.

     A través de la Sagrada Familia, Jesús nos quiere enseñar que la familia es sagrada. Y es en esa familia de la que somos parte, completa o incompleta, muy feliz o con dificultades, que podemos vivir la contención, la protección, la misericordia, la bondad, la humildad, saber comprendernos mutuamente, y sobre todo, amarnos. Nadie nos puede quitar la decisión de vivir nuestra familia con esos valores, ni la esperanza de poder lograrlo plenamente.

        

 

1       Así como sucedió con Simeón, ¿sos capaz de descubrir la presencia de Dios en el otro?

2       ¿Cuidas a tu familia como se cuida a algo sagrado? ¿Es Dios el modelo del amor entre sus miembros?

 

 

Señor Jesús,

que quisiste pasar la mayor parte de tu vida en una familia,

bendice a la mía

para que en ella reine la fe, la paz y el amor. 

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