Abrir las puertas

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 8 de abril de 2018 – 2do. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 20, 19 – 31

 

 Apariciones de Jesús a los discípulos

      19  Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!

Como el Padre me envió a mí,  yo también los envío a ustedes»  22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió

«Reciban al Espíritu Santo.  23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

 

      24Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». 26 Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 27 Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». 28 Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!.

29Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».

Conclusión

 

     30 Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 31 Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        En este pasaje vemos cual era la situación de los discípulos de Jesús luego de su muerte y sin terminar de creer totalmente en su resurrección.  Encerrados, temerosos, sin escuchar lo que sucede afuera. Necesitaron ver entre ellos al Cristo resucitado para abrirse, para retomar la alegría, para recuperar la paz.

        Y eso mismo puede suceder con nuestra familia. Sin la presencia viva de Jesús, sin sus enseñanzas vividas cotidianamente, nos convertimos en un grupo de personas que viven “en una casa con las puertas cerradas”. No sólo hacia afuera sino también entre nosotros. No le daremos lugar al encuentro ni al diálogo abierto, misericordioso, contenedor.  No tendremos confianza en los otros, nos llenaremos de recelos y prejuicios.  Ese miedo bloquea la magnífica energía contenida por todos los miembros de una familia, cada uno desde su lugar y con sus capacidades. 

          Dejemos entrar a Jesús en nuestra casa, que sea Él nuestra fuente de vida y alegría.  Y si dentro de nuestra familia apareciese “algún Tomás” no nos desesperemos ni lo apuremos. Démosle tiempo para que un día llegue a descubrirlo.

        Demos testimonio que la resurrección de Jesús y, por tanto, su presencia entre nosotros, es más que una doctrina pensada y predicada. Es una experiencia vivida. Su presencia viva nos ayuda a repensar nuestra vida en función a su ejemplo.

         Dejemos que el Cristo resucitado sea fuente de nuestra alegría y generador de nuestra paz.

 

 

  • ¿Creo realmente en Cristo resucitado o estoy aún buscando más pruebas?
  • ¿Cuáles son las puertas que debo abrir para que entre el Señor y pueda comunicar su presencia?

 

Señor Jesús,

Dame la paz y la alegría que le diste a tus discípulos.

Ayudame a abrir esas puertas que pudiesen

impedirme comunicar tu Buena Noticia a mi familia.

Leer más ...

Encontrar al Resucitado

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 1 de abril de 2018 – Pascua de Resurrección

Evangelio según san Juan 20, 1 – 9

 El sepulcro vacío

        1El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 2 Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

      3 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5 Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, 7 y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. 9 Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

                Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        En este pasaje evangélico vemos qué les pasó a aquellos discípulos que fueron a buscar a Jesús en su tumba. No lo encontraron allí. Lo buscaron entre los muertos y allí no estaba. Se habían hecho realidad sus palabras: había resucitado.  No encontraron a Jesús entre los muertos. Para encontrarlo tuvieron que seguirlo, tuvieron que ir a Galilea, adonde lo habían visto curar, perdonar, liberar, contener, despertar en todos una esperanza nueva. Y ahí lo volvieron a ver.

       Lo mismo nos pasa hoy a nosotros.  No busquemos a Dios en el mundo del pasado, de lo muerto. Busquémoslo siguiendo a Jesús (y a su forma de vivir) en el mundo de hoy.  Creamos en el Resucitado, que se nos presenta a diario en nuestro mundo. Sepámoslo ver en nuestro cónyuge, en nuestros padres, en nuestros hijos, en nuestro prójimo. Y actuemos con todos ellos como Él nos enseñó (curando, perdonando, liberando, conteniendo, despertando esperanza en todos aquellos que nos rodean).

      Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor. Todo alcanzará en Dios su plenitud.

      Domingo de Pascua, la gran fiesta de los cristianos. La confirmación de nuestra esperanza. Dios sólo quiere la vida, la vida perdurable, y nos lo demuestra con su resurrección. Hoy es la fiesta de todos.    

 

 

  • ¿Vivimos la Pascua con la alegría de creer en Aquel que da vida?
  • ¿Damos nosotros también, en la medida de nuestras posibilidades, nuestra vida para mejorar la de los demás?

Señor Jesús,

Creo en Vos y en tu resurrección.

Creo que estás acompañándonos a lo largo de nuestra vida.

Dame la esperanza de una vida nueva y

ayúdame a construirla en mi familia.

Leer más ...

La Sagrada Familia

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 31 de diciembre de 2017 – La Sagrada Familia

Evangelio según san Lucas 2, 22 – 40

 

La presentación de Jesús en el Templo            22 Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. 24 También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

El canto de Simeón            25 Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él 26 y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. 27 Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, 28 Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:  29 "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,  30 porque mis ojos han visto la salvación  31 que preparaste delante de todos los pueblos:  32 luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".

La profecía de Simeón           33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. 34 Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, 35 y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".

La profecía de Ana            36 Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. 37 Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. 38 Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

La infancia de Jesús en Nazaret           39 Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.

40 El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Cumpliendo con lo que disponía la religión judía, María y José llevan a Jesús al Templo para presentarlo ante Dios y hacer la ofrenda correspondiente.  Estando allí es observado por Simeón y por Ana quienes lo  reconocen de inmediato. Y no sólo lo expresan a viva voz sino que le anticipan a María que Jesús será fuente de inmensa alegría pero también de dolor.

       Fijemos nuestra atención en Simeón.  Un hombre del pueblo, un buen judío que como todos estaba esperando la venida del Mesías. Al verlo se da cuenta que Jesús es ese Salvador que llevaba años esperando. Y lo acoge de inmediato, con alegría, bendiciendo a Dios y a los papás de Jesús. Sin embargo, sus palabras no fueron del todo tranquilizadoras. Reconoce que Jesús vino a proponer al mundo un proceso conflictivo de conversión interior para poder vivir tranquilos y en paz.  Lo que Simeón profetizó en ese momento sigue vigente hoy. El Señor está presente para ayudarnos y acompañarnos en este proceso. 

     Vayamos ahora al segundo punto a reflexionar con este texto: Jesús en medio de su familia. Una familia común, que en este pasaje se muestra como una familia piadosa, con capacidad de admiración, y de aceptación.  Si bien vemos a esta familia en un momento extraordinario en el Templo, sabemos que también tuvo muchos momentos de vida sencilla, monótona, de trabajo. Como las nuestras.

     A través de la Sagrada Familia, Jesús nos quiere enseñar que la familia es sagrada. Y es en esa familia de la que somos parte, completa o incompleta, muy feliz o con dificultades, que podemos vivir la contención, la protección, la misericordia, la bondad, la humildad, saber comprendernos mutuamente, y sobre todo, amarnos. Nadie nos puede quitar la decisión de vivir nuestra familia con esos valores, ni la esperanza de poder lograrlo plenamente.

        

 

1       Así como sucedió con Simeón, ¿sos capaz de descubrir la presencia de Dios en el otro?

2       ¿Cuidas a tu familia como se cuida a algo sagrado? ¿Es Dios el modelo del amor entre sus miembros?

 

 

Señor Jesús,

que quisiste pasar la mayor parte de tu vida en una familia,

bendice a la mía

para que en ella reine la fe, la paz y el amor. 

Leer más ...

Alegrémonos

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 24 de diciembre de 2017 – 4to. Domingo de Adviento

Evangelio según san Lucas 1, 26 – 38

El anuncio del nacimiento de Jesús

        26 En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. 28 El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". 29 Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. 30 Pero el Angel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. 31 Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; 32 él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". 34 María dijo al Angel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?. 35 El Angel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. 36 También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, 37 porque no hay nada imposible para Dios". 38 María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Angel se alejó.

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Como lectura principal de este 4to. Domingo de Adviento, se ha elegido un texto que nos remite a la figura de María.   María recibe un mensaje incomprensible para su realidad de joven sencilla, de pueblo, insignificante para la sociedad de esa época. María no comprende cómo se realizará el anuncio que le efectuó el ángel (“¿cómo puede ser eso?”). Pero no duda en aceptarlo (“que se cumpla en mí”).

        En el relato de la Anunciación a María, una vez más recordamos la llegada de Dios a nuestras vidas, de manera humilde, en la sencillez de una familia común. Y en aquel tiempo, esa venida le causó a María una gran esperanza, dejando de lado el lógico temor que podría sentir. Fue el comenzar “una nueva vida” en la que Dios la acompañaría desde muy cerca. Y en estos tiempos, así deberíamos sentirlo nosotros. Dios cerca nuestro, Dios cerca de nuestras alegrías y de nuestros problemas. Dios como compañía permanente. 

       Alegrémonos, no temamos, dejemos que ese Niño de Belén esté en nosotros. La alegría que el ángel le anuncia a María es la alegría del compartir, no la de acaparar objetos;  la alegría de servir, no la de dominar:   la alegría de acoger, no la de imponer;   la alegría de ser libres, no la de vivir esclavos de algo. Es la alegría de no estar solo, de saber que alguien te ama y te ayuda, de estar seguro que todo terminará bien.

       Ya muy cerca de la noche en que festejaremos la venida del Niño Jesús, tomemos el ejemplo de esta muchacha de Nazaret que recibe el anuncio de la venida de Dios a su vida sin vueltas, con total confianza, con plena fe, aunque no comprenda bien cómo será de ahora en más. Tengamos esa misma actitud de fe, de esperanza, de alegría. Acojamos esa venida en lo más profundo de nuestro ser y de nuestro hacer. Que la Navidad no se transforme sólo en una fiesta superficial sino que nos dejemos fecundar por ese Niño, con su humildad y su entrega a la humanidad (que en nuestro caso debe ser ante todo a nuestra familia).

 

 

1       María se alegró, no temió y dejó que el Señor “haga” en ella ¿En qué deberías trabajar vos para parecerte más a ella?

2       ¿Cómo pensás compartir la alegría de la Navidad con tu familia?

 

Señor,

quiero alegrarme con tu venida como lo hizo Maria.

Quiero estar dispuesto a lo que Vos quieras como lo hizo María.

Te ruego actúes en lo más profundo de mi ser para que así sea. 

Leer más ...

Allanar el camino del Señor

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 17 de diciembre de 2017 – 3er. Domingo de Adviento

Evangelio según san Juan 1, 6 – 8.19 - 28

 

6 Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

7 Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

8 El no era la luz, sino el testigo de la luz.

Testimonio de Juan el Bautista.  Jesús, el Cordero de Dios

19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?  20 El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".  21 ¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió.  22 Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?  23 Y él les dijo: "Yo soy

     una voz que grita en el desierto:

     Allanen el camino del Señor,

como dijo el profeta Isaías".

24 Algunos de los enviados eran fariseos, 25 y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta? 26 Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". 28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        En esta reflexión los invitamos a prestar atención a quien elige Dios para que anuncie la llegada de Jesús. Elige a Juan el Bautista, “un hombre”. No mandó a un sumo sacerdote, a un notable de la comunidad o a un noble de origen.  Es un hombre común al que Dios envía como “testigo de la luz”.  El mismo Juan es totalmente consciente de esto y no busca ser original ni hacer valer su misión para destacarse.

        El testigo de Dios, aquel que da verdadero testimonio de Jesucristo, no trata de impactar a nadie, no se da importancia, Sencillamente vive su vida de manera convencida. Se le ve que Dios ilumina su vida. Lo irradia en su manera de vivir y de creer.  No habla mucho pero es una voz autorizada. Puede no hablar de Dios pero invita a creer en Él. No condena a nadie sino que contagia confianza, libera de miedos, abre caminos, allana el camino del Señor.

        Seguramente en tu vida conocerás algunos de estos “pequeños testigos”. Creyentes sencillos, humildes, conocidos sólo en su entorno. Personas entrañablemente buenas. Viven desde la verdad y el amor. Ellos nos «allanan el camino» hacia Dios.

        Nosotros tenemos que hacer esto en nuestra familia. Proclamar al Señor desde las cosas cotidianas de nuestra vida. Cuidando siempre de hacer todo por amor. Alentando a producir un cambio interior, que tiene que empezar por nosotros mismos. Y pidiéndole al Señor que nos de la misma valentía que a Juan, lo que nos permitirá a través de nuestro testimonio proclamar la Verdad, así nos parezca que a veces estamos en un desierto y que nadie nos escucha

 

 

1       En tu familia, ¿qué gesto o actitud crees que deberías cambiar para “allanar el camino” al Señor?

 

2       ¿Qué hacés para evitar dejarte vencer a veces por la sensación de estar gritando en el desierto?

 

Señor,

me ofrezco para ser tu humilde instrumento.

Quiero allanar los caminos para que llegues a todos los corazones.

Dame tu gracia para ser como Juan el Bautista en medio de mi gente.

Leer más ...

Ir al desierto

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 10 de diciembre de 2017 – 2do. Domingo de Adviento

Evangelio según san Marcos 1, 1 – 8

 

La predicación de Juan el Bautista

1 Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en el libro del profeta Isaías:  

      Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.  3 Una voz grita en el desierto:

     Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos,

4 así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

6 Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:  "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.   8 Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Juan el Bautista es el profeta que vino a prepararle el camino a Jesús. Lo hace pidiendo a todos que se conviertan, que pidan perdón por sus faltas. Y no es por casualidad que ese llamado lo haga en el desierto.  Lejos del bullicio del Templo, lejos de las órdenes recibidas desde Roma, lejos de todo lo que los pueda distraer.  La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere de tiempo y trabajo interior para reconocer la conversión que necesitamos de manera de acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

        El mundo actual, la forma en que vivimos, está lleno de cosas y situaciones que puede hacernos difícil “ir al desierto”, tomarnos ese tiempo de reflexión y luego la decisión de convertirnos para acoger realmente en nuestra vida la verdad de Jesucristo. “Ir al desierto” nos permitirá reflexionar sobre cuatro sentimientos: “culpa”, “temor”, “alegría” y “seguridad”. Ver cómo los vivimos sin convertirnos y cómo esto cambiaría con nuestra conversión , siguiendo el llamado que comenzó hace tantos años Juan el Bautista.

      Aceptar esa invitación nos hace prestarle atención a lo que nos vino a anunciar Jesús: la Buena Nueva. Y ello provocará ese encuentro con Jesús que nos hará sentir liberados de nuestras culpas y de nuestros temores, alegres de estar en la verdad, seguros del camino elegido

 

 

1       ¿Escucho esa voz interior que me invita a cambiar aquello que no se ajusta a la verdad de Jesucristo?

 

2       ¿Cómo me puedo generar “tiempos” que me den esa tranquilidad similar a “estar en el desierto”?

 

 

Señor,

escuché tu llamado y aquí estoy.

Quiero ser tu humilde servidor y para ello

estoy dispuesto a convertir lo malo que haya en mí. 

Leer más ...

Estén prevenidos

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 3 de diciembre de 2017 – 1er. Domingo de Adviento

Evangelio según san Marcos 13, 33 – 37

 

Exhortación a la vigilancia y a la fidelidad

        33 Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. 34 Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. 35 Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. 36 No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. 37 Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

Jesús ve que se acerca su pasión y está preocupado por lo que pasará con sus discípulos luego de ella. Es por eso que les cuenta esta parábola. En este pequeño relato, el señor de la casa se ausenta, y en la casa sólo quedarán los servidores. Antes de irse le asigna a cada uno su tarea, les aclara que no se sabe cuando regresará y les recomienda estar prevenidos (se lo repite tres veces). 

      Podemos ver en esa casa la imagen de nuestra iglesia o la imagen de nuestro hogar. La Iglesia o nuestro hogar tienen un único Señor: nuestro Dios.  Nadie se debe sentir el “señor de esa casa”. Todos los que estamos en ella somos servidores. Todos tenemos nuestras tareas que cumplir.  Puede ser que nuestra tarea sea actuar como  “cabeza de familia” (padre o madre) pero debemos desarrollarla con esa actitud de servicio que Jesús nos enseñó.

        Notamos también en la parábola que a cada uno se le asignó su tarea. En la Iglesia, en nuestro hogar, no cabe la pasividad. Cada uno de nosotros debemos asumir una tarea, de acuerdo a nuestras posibilidades. No podemos dejarnos estar. No sabemos cuando volverá el Señor y no debemos estar dormidos (pasivos) cuando Él llegue.

       “Estar prevenidos” es, antes todo, despertar de la inconsciencia. “Estar prevenidos” es vivir atentos a la realidad. Escuchar a los que sufren, sentir el amor de Dios a la vida, vivir más atentos a su venida a nuestra vida, a nuestro hogar, a nuestra comunidad. Sin esta sensibilidad, no es posible caminar tras los pasos de Jesús.

1       ¿Descubrí cuales son las tareas que Dios me asignó en mi familia? ¿Las cumplo?

2       ¿Qué me distrae de cumplirlas?

 

Señor,

quiero cumplir con las tareas que me asignaste.

Ayudame a descubrirlas y a estar prevenido para

no dejarme distraer por aquello que me aleje de cumplirlas. 

Leer más ...

Cómo recibir el Reino

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 26 de noviembre de 2017 – 34to. durante el año

Evangelio según san Mateo 25, 31 – 46

 

El juicio final

        31 Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. 32 Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,  33 y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

        34 Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, 35 porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; 36 desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'. 37 Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'. 40 Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.

        41 Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, 42 porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; 43 estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'. 44 Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'. 45 Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'. 46 Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Jesús es incapaz de pasar de largo ante el necesitado. Ningún sufrimiento le es ajeno. Para Él la compasión es lo primero. Y tanto es así que la Palabra que proclamaremos el próximo domingo nos dice que, finalmente, toda nuestra vida será juzgada por Dios en función de cuan compasivos fuimos con los necesitados.   Hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos. Está en nosotros decidir cómo actuamos.

        Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida. No hace falta irse muy lejos. Comenzá por tu cónyuge, por tus hijos, por tus padres y hermanos, amigos, vecinos. ¿Atendés sus necesidades, su hambre o sed no sólo material sino también la espiritual? ¿Estás ahí, los visitás cuando sufren, o estás ausente? Cuando se acercan con un problema ¿los “alojamos”, los acogemos, o los alejamos con reproches?

        A todos, sin excepción, nos juzgará Dios por el mismo criterio. Lo que dará un valor imperecedero a nuestra vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo será el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda. La Palabra lo expresa muy claro:  cuando abandonamos a un necesitado, estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, lo estamos haciendo con Dios.

 

 

1       ¿Descubro a Jesús en cada necesitado?

2       ¿Trasmito a mis hijos el valor de la compasión?

 

 

Señor,

que te vea en todo aquel que sufre,

que no dude en ayudar a aquel que lo necesite.

Que la compasión sea el motor de mis acciones hacia los demás. 

Leer más ...

Los talentos

 EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 19 de noviembre de 2017 – 33ro. durante el año

Evangelio según san Mateo 25, 14 – 30

 

La parábola de los talentos

         14 El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, 16 el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, 18 pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

        19 Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. 20 El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'. 21 'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'. 22 Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'. 23 'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

        24 Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. 25 Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'. 26 Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, 27 tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. 28 Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, 29 porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. 30 Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Al reflexionar sobre la actitud de Jesús con el tercer siervo (lo condena por “no hacer nada” con los talentos recibidos) nos damos cuenta que el mensaje del Señor es muy claro. Él no quiere que nuestra vida sea pasiva sino que busca que tengamos una respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo, según nuestras posibilidades, por transformar el mundo (empezando lógicamente con nuestro entorno). No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

        Jesús ha dejado en nuestras manos el Proyecto del Padre de hacer un mundo más justo y humano. Nos ha dejado en herencia el mandato del amor.

        A cada uno de nosotros el Señor nos confió, nos dio talentos, que podemos ponerlos en práctica, por ejemplo, en el matrimonio, en la familia. En lo cotidiano, en el quehacer doméstico, en la trasmisión de la vida. Decirle al Señor que en todo ello está nuestro intento de hacer fructificar los talentos recibidos.

        Es en la familia donde aprendemos a conocer esos talentos, el lugar donde aprendemos a negociarlos, a multiplicarlos, con humildad y alegría. Cada uno los hemos recibido de manera diferente. Y no interesa si esos dones recibidos son muchos o pocos, lo importante es tratar de multiplicarlos.  Poner en común lo mejor de cada uno de nosotros en una especie de “plazo fijo” que se llama familia, donde el aporte de todos rinde siempre mucho más de lo que puede rendir en la cuenta personal de cada uno.

 

 

1       ¿Cuáles son las cualidades o talentos que reconozco en mí?  ¿Los pongo al servicio de mi familia?

2       ¿Ayudamos a nuestros hijos a descubrir los dones recibidos, a que los hagan crecer y a que los pongan al servicio de los demás?

 

 

 

Señor,

que tenga la valentía de querer multiplicar

 los pocos o muchos talentos recibidos de tus manos, y

que los ponga al servicio de mi familia y de todo aquel que los necesite. 

Leer más ...

¿Sensatez o necedad?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA  

Domingo 12 de noviembre de 2017 – 32do. durante el año

Evangelio según san Mateo 25, 1 – 13

La parábola de las diez jóvenes del cortejo

        1 Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, 4 mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. 6 Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'. 7 Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'. 9 Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'. 10 Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. 11 Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', 12 pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'. 13 Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

    Con esta parábola el Señor busca que reflexionemos sobre cual debe ser la actitud de un “buen discípulo”  (representado como la   joven sensata) versus la actitud de un “mal discípulo” (representado como la joven necia).

     La joven sensata actúa de manera responsable. Sabe la fiesta que tiene por delante. Pero tiene en cuenta que no basta con haber sido invitada sino que debe estar preparada para “salir al encuentro del esposo”. Ella no sólo llevó su lámpara sino que tiene aceite para estar segura que seguirá ardiendo.  Podemos hacer un paralelo con otro pasaje del Evangelio en que se nos habla del “hombre sensato” que edifica su casa sobre roca.

      La joven necia se entusiasmó con la invitación, tomó su lámpara, la encendió pero no pensó en cómo mantenerla encendida.  Actuó como el que construye su casa sobre arena.

      Si creemos en Jesús y en sus enseñanzas, no podemos dejar de preguntarnos ¿qué debo hacer para ser un buen discípulo?  Es una necedad creer en Jesús pero confesarlo con una vida apagada, vacía de su espíritu y su verdad. Equivale a esperar a Jesús con “la lámpara apagada”.  Debemos procurarnos aceite para mantener “nuestra lámpara encendida”.

    El Evangelio de este domingo es un llamado a tener siempre reserva de aquello que prende el fuego de nuestras lámparas. Cada uno sabrá qué es ese combustible para él, pero acá van algunas pistas:  conocer su proyecto de vida para así sentirnos atraídos por el estilo de vida que nos propone;      proponernos una verdadera conversión a los valores evangélicos que se debería ir plasmando día a día en nuestros hechos cotidianos;      encarar la vida centrada en el amor a nosotros mismos, a nuestra familia, al prójimo en general.   En definitiva, siempre debemos cuidar aquello que nunca puede faltar en la vida cristiana:  el amor

 

 

1       ¿Con qué hechos concretos trato de mantener mi lámpara encendida?

2       ¿Ayudo a que mi familia se procure el aceite que cada uno necesita para mantener su lámpara encendida?

 

 

Señor,

ayúdame a que mi lámpara no se apague,

que en ella siempre arda el fuego del amor.

Coloca en mí la fuerza de tu propio amor

para que yo pueda derramarla en los demás. 

Leer más ...