“Dejarnos atraer por el Padre”

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 12 de agosto de 2018 – 19no. durante el año

Evangelio según san Juan 6, 41 – 51

        41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: “Yo soy el pan de vida bajado del cielo”. 42 Y decían: ¿Acaso éste no es Jesús, el hijo de José?, nosotros conocemos a su padre y a su madre ¿Cómo puede decir ahora; “Yo he bajado del cielo”? 43 Jesús tomó la palabra y les dijo: “No murmuren entre ustedes.

44 Nadie puede venir a mí,

    si no lo atrae el Padre que me envió;

    y yo le resucitaré en el último día.

45 Escrito está en el libro de los Profetas:

    Todos serán instruidos por Dios.

    Todo el que oyó al Padre,

    y recibe su enseñanza,

    viene a mí.

46 Nadie ha visto nunca al Padre,

    sino el que viene de Dios;

    sólo él ha visto al Padre.

47 Les aseguro

    que el que cree, tiene Vida eterna.

48 Yo soy el Pan de vida.

49 Sus padres en el desierto

    comieron el maná y murieron.

50 Pero este es el pan que desciende del cielo,

    para que el que lo coma no muera.

51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo.

    El que coma de este pan vivirá eternamente,

    y el pan que yo daré

    es mi carne, para la vida del mundo.

                Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

           El texto evangélico de este domingo es una invitación a dejarnos atraer por Dios Padre y a partir de ello llegar a Jesús. Dentro nuestro, nuestra conciencia nos “hace llegar diversas voces”, muchas veces influenciadas por los mensajes que nos llegan desde la sociedad actual. Si de todos esos mensajes sabemos discernir qué es lo realmente bueno para nosotros, lo hermoso, lo noble, lo que hace bien al ser humano, fácilmente seremos invitados por Dios Padre a “sintonizar con Jesús”, a vivir intentando hacerlo como Él lo hizo.  Al “sintonizar con Jesús” conoceremos una vida diferente, de mucha mejor calidad, una vida que será para siempre.  

         Dios Padre nos invita a conocerlo en la persona de Jesús, Dios encarnado como un hombre tan humano, cercano y cordial, que es capaz de darnos una vida nueva, una vida que no se sostiene con cosas materiales sino con el alimento espiritual.  Es la dimensión más profunda de nuestro ser, la misma vida de Dios en lo hondo de nuestros corazones. En esa dimensión de nuestro ser, el verdadero alimento es la presencia de Jesús, su Palabra, su presencia en la Eucaristía. Se trata de alimentar no sólo nuestro cuerpo y nuestra mente sino también nuestro espíritu.

        Escuchemos la voz de Dios dentro de nuestro corazón y dejémonos conducir por Él hacia Jesús. Así se despertará dentro nuestro la paz, la verdad, la esperanza y el amor.

  1. ¿Estoy alimentando bien mi espíritu, o sólo procuro alimento para mi cuerpo y mi mente?
  2. ¿Acompaño a mis hijos / cónyuge si ellos han comenzado su acercamiento y crecimiento espiritual?

Señor,

reconozco que Vos sos el alimento que me da la vida verdadera.

Confío en Vos, Pan de Vida, y voy a Vos

para recibir tu alimento, tu Palabra y tu Eucaristía.

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“Yo soy el pan de Vida”

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 5 de agosto de 2018 – 18vo. durante el año

Evangelio según san Juan 6, 24–35

 

       24 Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.  25 Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?.  26 Jesús les respondió:

 

  "Les aseguro

  que ustedes me buscan,

  no porque vieron signos,

  sino porque han comido pan

  hasta saciarse.

  27 Trabajen, no por el alimento perecedero,

  sino por el que permanece

  hasta la Vida eterna,

  el que les dará el Hijo del hombre;

  porque es él a quien Dios, el Padre,

  marcó con su sello".

 

28 Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?.  29 Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado".  30 Y volvieron a preguntarle: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?  31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo".

32 Jesús respondió:

 

  "Les aseguro

  que no es Moisés el que les dio

  el pan del cielo;

  mi Padre les da el verdadero pan del cielo;

  33 porque el pan de Dios

  es el que desciende del cielo

  y da Vida al mundo".

 

34 Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". 35 Jesús les respondió:

 

  "Yo soy el pan de Vida.

  El que viene a mí jamás tendrá hambre;

  el que cree en mí jamás tendrá sed.

        Palabra del Señor

Reflexión y pregunta

           Este pasaje evangélico es la continuación de la lectura del domingo pasado. Hace una semana vimos cómo Jesús se preocupa y se ocupa de que el pueblo tenga el alimento material que necesita. Vimos también el lugar que tiene la solidaridad en ello. El día anterior compartieron con Jesús una comida sorprendente y gratuita. Han comido pan hasta saciarse. ¿Cómo lo van a dejar marchar? Lo que buscan es que Jesús repita su gesto y los vuelva a alimentar.

           Pero, Jesús cree necesario aclararles que no deben seguirlo sólo porque han comido pan, porque hay otra hambre en el corazón humano hay otra insatisfacción que busca también ser satisfecha. Les habla sobre que deben trabajar para lograr un alimento imperecedero, un alimento que les va a dar “la Vida”. 

          La gente que lo siguió no entiende bien lo que Jesús quiere trasmitirle y le preguntan: “¿Qué tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?”  La respuesta de Jesús es simple: “Crean en Mí”.

          Hoy, esa respuesta de Jesús debe tocar nuestros corazones. Toda la fuerza de nuestra fe está en creer en Jesucristo y seguirlo. Reconocer en Él a quien nos da el Pan de Vida.  Sus valores, sus actitudes, su forma de vivir es lo único que puede calmar nuestra hambre y nuestra sed; ya sea de una vida familiar más armónica, de una sociedad más justa, de una realización personal. Así no veamos los resultados, el obrar como Él hubiese obrado en esas circunstancias nos da la paz de saber que estamos viviendo de una manera que luego no nos reprocharemos.

           Creer en Él, el Señor que nos guía, nos acompaña y nos da cada día su Pan de Vida, la Eucaristía, el alimento imperecedero para nuestra vida de cristianos.

 

 

  1.  Si bien debo trabajar y esforzarme para traer a mi familia el pan de cada día, ¿tengo la misma preocupación por el alimento espiritual, el Pan de Vida?

 

 

Señor,

 no dejes que me olvide de esas necesidades más profundas que

sólo con la fe puedo saciar.

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Darles de comer

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 29 de julio de 2018 – 17mo. durante el año

Evangelio según san Juan 6, 1–15

La multiplicación de los panes

      1 Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. 2 Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. 3 Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. 4 Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer? 6 El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan". 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 "Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente? 10 Jesús le respondió: "Háganlos sentar". Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres. 11 Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. 12 Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada". 13 Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. 14 Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: "Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo". 15 Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

    Jesús siempre está atento a la necesidad de la gente. No sólo se ocupa de alimentarlos con la Buena Noticia, de sanarlos, sino que además se preocupa por su alimento material. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

    Nos detendremos en la actitud de dos personajes de este relato: la de Felipe y la de un joven del que desconocemos su nombre.

     Ante la inquietud de Jesús, Felipe trata de desentenderse del asunto. “¿Dónde vamos a ir a comprar la comida?”; “El dinero no nos va a alcanzar”. Pensamientos muy humanos aunque carentes de espíritu solidario y de la confianza en la providencia. Jesús insiste (hasta nos parece que le habría dicho: “no necesitás sólo de dinero para solucionar los problemas”…)

    Aparece en escena un joven desconocido: tiene cinco panes y dos pescados: totalmente insuficientes para cinco mil hombres. Pero para ese joven era todo. A pesar de ello, lo ofrece como su aporte ante la necesidad de todos. Y Jesús vuelve a marcar el camino: le da gracias a Dios de contar con ese alimento, lo pone en manos de Dios, confía en la providencia. Es entonces cuando sucede el milagro. La disponibilidad para compartir expresada en la actitud de ese joven logra lo que el dinero y la poca preocupación de Felipe no lograron. 

    Se alimentaron todos. Con la simpleza de lo que es verdaderamente necesario. Una comida fraterna símbolo de la comunidad que Jesús anhela como modelo de una humanidad nueva y fraterna.

 

 

 

  1.  ¿Sos solidario sólo cuando te piden, o sale de vos el serlo siempre?
  2. ¿Hablan en familia sobre el compartir?

 

 

Señor,

transforma los corazones humanos,

especialmente a los ambiciosos o indiferentes,

de manera que haya pan para todos

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Ver y compadecerse

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 22 de julio de 2018 – 16to. durante el año

Evangelio según san Marcos 6, 30–34

 

La primera multiplicación de los panes

       30 Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 31 El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. 32 Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. 33 Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

       34 Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

           Jesús recibe a los apóstoles al regreso de su Misión, los ve felices pero cansados y quiere estar tranquilo junto a ellos. Quería descansar, comer en paz, que sus discípulos recobren fuerzas. Para ello, se van a un lugar alejado. Pero, al llegar, se encuentra con una gran muchedumbre esperándolo. Eso alteraba totalmente sus planes, no era lo que Él deseaba.  Ante este contratiempo, ¿cuál fue la actitud que tomó?  Una vez más, nos da una lección de cómo vivir

           Al ver a tanta gente esperándolo, no se enoja ni decide irse a otro lugar, sino que se compadece de ellos; se pone en su lugar e interpreta lo que necesitan. Se conmueve al percibir que “estaban como ovejas sin pastor”, necesitados de alguien que los guíe. No lo dudó, cambió sus planes, se quedó con ellos un largo rato, dándoles sus enseñanzas.

          Traslademos esto a nuestra vida cotidiana en familia. Veamos un ejemplo. Cuántas veces, volvemos a casa cansados o con planes de hacer algo y al llegar nos encontramos con algún imprevisto: un hijo con algún problema, mi cónyuge que quiere compartir algo del día conmigo, un llamado de nuestros padres con una necesidad. ¿Cuál es nuestra actitud?  No se trata de claudicar de todos nuestros planes o deseos sino de tener siempre nuestro corazón atento ante la necesidad del otro. Mi descanso probablemente sea bien merecido pero pensemos si no vale posponerlo para atender a aquel que espera algo de nosotros.            

           Jesús siempre mira a la gente, descubre sus necesidades más profundas. Siempre tiene tiempo para escuchar. No lo hace por obligación.  Aprendamos de Él a tener nosotros esa actitud. Descubrir la desorientación, el sufrimiento, la soledad en el otro. Dar nuestro tiempo para escuchar, acompañar, trasmitir palabras de amor, de esperanza. Se trata de ver y compadecerse, actuar con compasión, con misericordia, como Jesús nos enseña.

 

  1.  ¿Cómo reaccionás cuando algún imprevisto familiar altera tus planes? ¿Sentís que debés cambiar esta actitud? ¿Porqué?

 

  1.  ¿Sentís que alterás tus planes por obligación, o trabajás para que, el contemplar la necesidad del otro,  sea una actitud normal en vos?

 

 

Señor,

que no mire demasiado mis necesidades y

que sea capaz de compadecerme y atender a los demás.

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Misión de los Doce

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 15 de julio de 2018 – 15to. durante el año

Evangelio según san Marcos 6, 7–13

 

Misión de los Doce

        7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. 10 Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.  11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". 12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13 expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

           En esta reflexión vamos a centrar nuestra atención en dos características de lo que Jesús les pide a sus discípulos.

          Jesús envía a sus discípulos a la misión. Para ello, no les da poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino que les da su fuerza para expulsar a los espíritus impuros. Los discípulos saben muy bien lo que les pide Jesús. Nunca lo vieron gobernando a nadie. Siempre lo conocieron curando heridas, aliviando sufrimientos, regenerando vidas. Viéndolo actuar a Jesús, ellos vivenciaron que las tareas más importantes para Él fueron “curar” y “liberar”.

           Jesús envía a sus discípulos con lo necesario para caminar y les marca también lo que no deben llevar.   Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.

          Llevemos estas dos características a nuestra vida hoy y en especial a cómo actuamos en familia.

          No es importante cuanto podemos controlar o gobernar a los demás sino cuanto podemos hacer para eliminar de ellos los espíritus impuros, cuanto podemos ayudarlos a vencer la desesperanza, el egoísmo, la intolerancia, la superficialidad, la lujuria, el rencor, el revanchismo.

           Si bien como responsables de una familia debemos procurar tener lo necesario para vivir dignamente, el mensaje de este pasaje evangélico nos dice que la búsqueda de bienes y de seguridad tiene un límite. La obsesión por la seguridad económica no es buena. Podemos caer en la tranquilidad del bienestar desde el que no es fácil crear el reino de Dios como un espacio de vida digna para todos. Aprendamos a desprendernos de bienes y costumbres que nos impidan ser libres para vivir y contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez. No interesa si esos bienes o costumbres son lícitas o no sino cuan prescindibles pueden ser de manera que no vivamos centrados en el propio bienestar.

 

 

  1. En la relación con mis hijos ¿Me centro sólo en tratar de controlarlos o me preocupo también por ayudarlos a que mejoren como personas?
  2. ¿Me ato a cosas de esta vida que me impiden ver y actuar por los otros?

 

 

Señor,

Ayúdame a descubrir que cosas prescindibles me atan en esta vida.

Ayudame a basar mi vida sólo en tu poder y en tu amor.

 

 

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Los suyos lo despreciaron

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 8 de julio de 2018 – 14to. durante el año

Evangelio según san Marcos 6, 1–6a

 

 

Visita de Jesús a Nazaret

        1 Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. 4 Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

   Los relatos evangélicos sobre los que veníamos reflexionando nos tenían acostumbrados a un Jesús milagroso, al que le creían, lo seguían multitudes y le acercaban los enfermos. Y el Evangelio de este domingo nos sorprende con un rechazo a la figura de Jesús de parte de su propio pueblo. No fueron las autoridades, ni la gente que no lo conocían. Fueron los suyos los que lo despreciaron. Sus “conocidos desde cuando era chico” se quedaron con sus preconceptos, no pudieron abrir sus oídos y su corazón para comprender su mensaje. Se hicieron una idea de Él cuando era un niño y lo seguían viendo como un vecino más. O quizá tuvieron miedo que su mensaje “rompiera la tranquilidad de su aldea”. Prefirieron seguir viviendo con “su” religión.

    Ubiquémonos ahora en la actualidad. Reflexionemos sobre nosotros y sobre cómo recibimos el mensaje de Jesús. Quizá nosotros también nos guiamos por preconceptos generados en el pasado. Quizá nuestra fe no haya evolucionado desde una fe infantil a una fe adulta. Nos quedamos con la figura de Jesús que nos creamos cuando éramos niños o jóvenes, no profundizamos en sus enseñanzas y quizá con nuestras acciones las estamos desconociendo. Cada uno nos hacemos nuestra idea de Él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

    No tengamos miedo a abrirnos al mensaje de Jesús, a escucharlo y a discernir sobre cómo impacta en mi vida; tener la humildad de “dejarnos sanar por Jesús”.  Quizá debamos esforzarnos másen conocer a Jesús, aunque ello signifique que nos “perturbe la tranquilidad de nuestra aldea”.

 

  1. ¿Es mi fe infantil o superficial? ¿Cómo puedo hacer para que crezca?
  2. ¿Me ocupo en ayudar a mi familia para que ellos también remuevan sus preconceptos y tengan una fe adulta?

 

Señor,

ayúdame a que mis preconceptos

no me impidan crecer en la fe

ni condicionarme la visión que tenga de mis hermanos.

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Tu fe te ha salvado

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 1 de julio de 2018 – 13ro. durante el año

Evangelio según san Marcos 5, 21–43

 

Curación de una mujer y resurrección de la hija de Jairo

        21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.  22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". 24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

        25 Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.  26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. 27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,  28 porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada". 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?. 31 Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?  32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. 33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".

        35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro? 36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. 39 Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme". 40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate". 42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

   Encontramos en el Evangelio de este domingo dos episodios: la curación de una humilde mujer y la resurrección de la hija de un hombre poderoso.

   Una humilde mujer que, habiendo intentado todo lo que tenia a su alcance, no había logrado curarse de su enfermedad. Oyó sobre Jesús, creyó en Él y a Él recurrió ya desesperada. Lo hizo humildemente. No gritó, no se le abalanzó, simplemente tocó su manto. Ese pequeño gesto fue advertido por Jesús a pesar que estaba en medio de una multitud. Ese “tocarle el manto” demostró la fe que esa mujer tenía. Ella, una mujer insignificante, a la que su enfermedad hacía que la tildasen de “impura” recurre a Jesús para recuperar su dignidad. Esa enfermedad hoy bien podrá ser la falta de trabajo, la pobreza miserable, la exclusión. Pero ella, con mucha fe y humildad, buscó ayuda y paz y la encontró en el Señor.

    Un hombre poderoso, desesperado ante la enfermedad de su hija no duda en postrarse ante Jesús pidiendo su intervención para sanarla. Nuevamente Jesús se conmueve ante la fe que esa persona depositaba en Él y, ni siquiera cuando le dijeron que la niña ya había muerto, se detiene. Jesús va a su casa y la resucita.

    En ambos episodios resalta el poder de la fe. Jesús no hace acepción de personas. Escucha y atiende a ambos, aun perteneciendo a condiciones sociales totalmente diferentes. Jesús reconoce la fe verdadera. Acoge a todo aquel que recurre a Él con fe sincera, buscándolo como el gran sanador, la fuente de la verdadera paz, como aquel que posee la verdadera fuerza salvadora

 

  1. Mi fe al pedir ¿se parece a la de los personajes de este pasaje? ¿porqué?
  2. ¿Acepto la voluntad de Dios o me rebelo por no lograr lo deseado?

 

Señor,

concédeme una fe semejante a la de la mujer enferma o a la del jefe de la sinagoga.

Hacé que nunca flaquee en la esperanza de encontrar la paz en Vos.

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“¿Qué llegará a ser este niño?”

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 24 de junio de 2018 – Festividad de Juan el Bautista

Evangelio según san Lucas 1, 57–66.80

 

El nacimiento de Juan el Bautista

        57 Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. 58 Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

La circuncisión Juan el Bautista

        59 A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;

60 pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". 61 Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". 62 Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. 63 Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. 64 Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. 65 Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. 66 Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él.

 

80 El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

          El Evangelio hoy nos presenta una situación familiar. Un matrimonio mayor (Isabel, una mujer bondadosa, y Zacarías, un hombre justo) no habían podido tener hijos. Y, en su vejez, Dios les regala la gracia de ser padres.  ¡ Lo que habrá sido para ellos ese hijo  !  ¿ Qué planes habrán tenido para él? ¿Qué habrán soñado que fuese al crecer?  Seguramente se preguntarían ¿Qué llegará a ser nuestro hijo?

        No sabemos si Isabel y Zacarías llegaron a ver a su hijo ya adulto, convertido en el último y más grande de los profetas. Imaginemos que sí. Juan El Bautista eligió un camino nada fácil. Su vocación era muy fuerte pero en su esfuerzo de recomponer al pueblo destrozado se convirtió en una amenaza para los romanos. Eso lo llevó a su muerte. Imaginemos también que Isabel y Zacarías vivían cuando fue su muerte cruenta. No era lo que ellos hubiesen deseado para su hijo pero ¿cómo lo habrán tomado? ¿Se habrán “enojado con Dios o, dado que eran personas de fe, habrán recordado que “la mano del Señor estaba con él”? ¿Habrán sido conscientes que el destino de Juan El Bautista era el de preceder a Jesús en su nacimiento, en su predicación y en su muerte?

        ¿Aceptamos nosotros el camino que eligen nuestros hijos? ¿Los cuidamos en su crecimiento, fortalecemos su espiritualidad, pero los dejamos descubrir y cumplir su vocación?  Si esa vocación, si el camino elegido no es el “soñado por nosotros” ¿Los respetamos, los acompañamos o les cerramos las puertas de nuestro corazón?  ¿Tomamos posesión de ellos o los tomamos como un regalo de Dios que debemos hacer crecer y respetar como personas inmensamente amadas pero diferentes a nosotros?

 

 

  1. ¿Cómo tomás la llegada de un hijo, así sea en un momento inesperado?
  2. ¿ Sos consciente que el Señor está siempre con cada uno de tus hijos, así ellos no lo sigan? ¿Pedís vos por ellos, para que puedan escuchar al Señor cuando se les manifieste?

 

Señor,

que sepamos esperar y aceptar tu voluntad sobre

nuestra vida y la de nuestra familia.

Ayudanos a saber confiar en tu providencia.

 

 

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"Una familia dividida no puede subsistir"

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 10 de junio de 2018 – 10mo. durante el año

Evangelio según san Marcos 3, 20–35

La actitud de los parientes de Jesús

      20 Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer.  21 Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: "Es un exaltado".

Jesús y Belzebul

      22 Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios".  23 Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás?  24 Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir.

25 Y una familia dividida tampoco puede subsistir.  26 Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin.  27 Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

La blasfemia contra el Espíritu Santo

      28 Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran.  29 Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre".  30 Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está poseído por un espíritu impuro".

La verdadera familia de Jesús

      31 Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar.  32 La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera".  33 El les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?  34 Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos.  35 Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Es bien sabido por todos nosotros que la Palabra siempre es novedad. Sin interesar cuantas veces hayamos leído un pasaje, cada vez que lo releamos puede tener un mensaje nuevo para cada uno. Detengámonos a reflexionar algunos versículos. 

         Por ejemplo, en los versículos 25 a 27, Jesús es sumamente claro en su Palabra: una familia dividida no tiene futuro, no puede subsistir. E inmediatamente da una pista de cómo evitarlo: “hay que ser fuertes y no dejarse atar para que no nos roben nuestros bienes”. ¿No estaré siendo débil y me estaré dejando atar por cosas que en definitiva roban lo bueno de mi familia? ¿No estaré dejándome atrapar por cosas que me causan una satisfacción inmediata pero que de a poco me hacen descuidar la atención de mis verdaderos bienes: mi cónyuge, mis hijos, una vida ordenada y armónica entre todos?

       Jesús nos ayuda a profundizar esta reflexión con lo que expresa duramente en el versículo 29. ¿Recuerdan lo que vimos en la reflexión del evangelio de hace dos domingos (la festividad de la Santísima Trinidad)? Asemejábamos a la persona “Espíritu Santo” de Dios al Amor como don, apertura, comunicación. O sea, el amor que sobrepasa las barreras del egoísmo y se vuelca a los demás. Pecar contra esto, pensar sólo en uno mismo, es una ofensa gravísima hacia Dios.

      No dejemos que nuestra vida caiga en la trivialidad y en el sinsentido. No “blasfememos contra el Espíritu Santo” teniendo una vida que no comunique la Buena Noticia a los demás. Si podemos superar las barreras del egoísmo, si no nos dejamos atar por las preocupaciones o por toda la oferta consumista y de diversión fácil que tan bien se nos presenta a diario, podremos estar lo suficientemente fuertes como para que nadie nos robe nuestros verdaderos bienes, entre los que, sin duda, está nuestra familia. Y podremos además estar atentos para ayudar a que esto no les ocurra a los otros miembros de nuestra familia.

 

  1. ¿Estoy fuerte para “no dejarme atar” o me dejo atrapar por la superficialidad y las preocupaciones?
  2. ¿Ayudo a mis hijos a fortalecerse ante el embate de individualismo que evita desarrollar en ellos la mirada hacia los demás?

 

Señor,

que el Espíritu Santo que Vos nos dejaste

nos guíe y nos auxilie para

poder cumplir con tu voluntad

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Ser sembrador

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 17 de junio de 2018 – 11mo. durante el año

Evangelio según san Marcos 4, 26–34

 

La parábola de la semilla que crece por sí sola

        26 Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:  27 sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.  28 La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.  29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".

La parábola del grano de mostaza

      30 También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?  31 Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra,  32 pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".

El uso que Jesús hace de las parábolas

      33 Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.  34 No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Jesús les habla a sus seguidores con ejemplos que puedan entender, con las cosas que experimentan en sus vidas. Con las parábolas contenidas en el Evangelio de este domingo les quiere transmitir cómo es el Reino que vino a anunciar. Es un reino que no se parece a los otros reinos del mundo. Por el contrario, su Reino es humilde y modesto en su origen, pero está llamado a crecer de manera insospechada. Reflexionemos sobre estos dos afirmaciones.

       El Reino es humilde y modesto en su origen.  Estamos llamados a sembrar las semillas de ese Reino. ¿Cómo hacerlo de la mejor manera?   Valorando las cosas pequeñas y los pequeños gestos. Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien está solo, una señal de cercanía a quien comienza a desesperar, un rayo de pequeña alegría en un corazón agobiado... no son cosas grandes. Son pequeñas semillas del Reino de Dios que todos podemos sembrar en la sociedad, comenzando con nuestra propia familia. Dios nos llama a sembrar, no a cosechar. Y a no preocuparnos si esa semilla que sembramos no crece inmediatamente. No preocuparnos por el éxito inmediato sino por sembrar bien el Evangelio. Sembrar un futuro mejor. Confiando en que, una vez sembrado, ese Reino irá creciendo más allá de nosotros. 

        El Reino de Dios está llamado a crecer de manera insospechada  ¿Cómo fructificará de este modo? Cuando la Buena Noticia es sembrada con fe y con buenas acciones (gestos, actitudes, ejemplos de vida) penetra efectivamente en una persona o en una familia. Y allí comienza a crecer algo que a nosotros, como sembradores, nos desborda.  La fuerza del Evangelio no es algo espectacular. Es como sembrar una semilla pequeña, “un grano de mostaza”, que germina secretamente en el corazón de las personas. A su tiempo.

 

 

  1. ¿Transmito la Palabra siendo consciente que yo puedo no ver los frutos de esa siembra?
  2. ¿Dejo crecer esa semilla silenciosamente dentro de mis hijos o le pido que fructifique ya?

 

Señor,

hacé de mí un buen sembrador.

Dame la sabiduría y paciencia necesaria

para no pretender ver los frutos de lo que siembre.

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