Efatá

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 6 de septiembre de 2015

 

Evangelio según san Marcos (7, 31-37)

     31Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.  32 Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.  33 Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. 34 Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Efatá», que significa: «Abrete». 35 Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.

     36Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban 37 y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

            Palabra del Señor

 

Reflexiones y preguntas

    Como al sordomudo del Evangelio, Jesús nos aparta de las "multitudes" que no nos dejan escuchar claro, no nos permiten hablar serenamente. Tal vez en el encuentro personal y real, tal vez allí descubramos la riqueza del Encuentro, para poder mirarnos, escucharnos, decirnos aquello que Dios anda queriendo que nos compartamos: silencios, sonrisas, abrazos, llantos, buenas noticias, todos sonidos, palabras y gestos cargados de vida.

    Para ello se hace necesario el encuentro primero con el Señor que nos saca de las muchedumbres para seguir ayudándonos a crecer como personas, sanándonos y poniendo en valor aquellos dones que ‘El mismo ha depositado en nuestras vidas. Luego sí, nos lanzará hacia el encuentro de los demás, personas, hermanos con quienes también se hace necesario el encuentro, no ya como sordos y mudos que dificultan relaciones humanas, sino como hombres y mujeres abiertos a la construcción de verdaderas fraternidades sociales, familiares, personales.

    Las familias estamos llamadas a dejarnos llenar por esa Palabra que hoy nos dice: "Efatá", Ábrete; abrirnos desde la presencia de Dios a nuestros hermanos cercanos o distantes para que podamos decir con el Evangelio: "Todo lo ha hecho bien..." ¡incluyendo las familias!

En medio de nuestras familias:

·         ¿experimentamos sorderas o enmudecimientos que nos privan de la alegría del encuentro?

·         ¿Me animaría a pedirle al Señor que pose sus manos en las orejas y lenguas de mi corazón? 

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Lo que hace al hombre impuro

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 30 de agosto de 2015

 

Evangelio según san Marcos (7, 1-8. 14-15. 21-23)

 

                1Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén, se acercaron a Jesús,2y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir sin lavar.3Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse las manos, siguiendo la tradición de los antepasados;4y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.5Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo a la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?”.6Él les respondió “¡Hipócritas!” Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura, que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.7En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.8Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.

                14Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien.15Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace al hombre impuro es aquello que sale del hombre.

                21Porque es del interior del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,22 los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.23Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.

         Palabra del Señor

 

Reflexiones y preguntas

            La palabra del Evangelio de este Domingo, puede llamarnos la atención por su dureza. Jesús, citando un párrafo del profeta Isaías acusa a sus oyentes de hipócritas.

            La palabra hipócrita es sinónimo de falso, no verdadero. Describe la actitud contradictoria del que con las palabras dice una cosa y con los hechos hace lo contrario, o simplemente de aquel que hace las cosas para ser visto por los otros.

            Esta palabra, puesta en los labios de Jesús, hace ver su indignación y su enojo por ese proceder falso de muchos, de aquél tiempo y de este tiempo, de los que solamente están preocupados por las apariencias, por lo externo, pero su corazón está lejos de Dios (Mc. 7, 6).

            Querida familia y hermanos todos, les invitoa leer pausadamente la lista de pecados de los últimos versículos (21 al 23), hacer un poco de silencio interior. Poner la mirada en Jesús, autor de nuestra fe. Él siempre nos mira con misericordia y perdón y nos preguntamos:

 

·         ¿Cómo me ve el Señor, puedo estar contento con mi actuar y con mis intenciones más profundas?

·         ¿Es mi actuar auténtico, que responde a la verdad, o quizás en alguna oportunidad Jesús ha tenido que decirme: no seas, no      sean “hipócritas”?

 

 

            A modo de acto conversivo a su amor, rezamos y hacemos propia esta oración-cántico que la Iglesia pone a disposición de los fieles:

 

“Vive en nosotros la fuerza del Espíritu que el Hijo desde el Padre envió. Él nos impulsa, nos guía y alimenta, Iglesia peregrina de Dios”.

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¿También ustedes quieren irse?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 23 de agosto de 2015

 

                               Evangelio según san Juan  (6, 60 – 69)

 

60Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?». 61 Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? 62 ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?

63El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.

64Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. 65 Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede». 66 Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. 67 Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?». 68 Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. 69 Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

    Muchos de los que oyeron el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida quedaron  desconcertados. No entendieron lo que Jesús les quiso decir. No se les ocurría pensar que esas palabras podían significar algo nuevo. No se les ocurría pensar que Dios podía ir más allá de lo que ellos conocían. Y algunos hasta terminaron alejándose. Ante ello Jesús les pregunta a sus discípulos: ¿También ustedes quieren irse?

     Las seguridades humanas, inclusive las seguridades religiosas, son frágiles, y por si solas nunca son estables. Tenemos que pedir cada día el don de la perseverancia. Perseverar en la fe, perseverar en nuestra forma de vida acorde a esa fe. Perseverar en la honestidad, en la comprensión, en la acogida, en la esperanza. Sobreponernos a las fragilidades, ya sean las nuestras o la de los miembros de nuestra familia. Y si cayésemos, como lo hizo luego Pedro al negar a Jesús, levantarnos en la certeza que el Señor no sólo nos perdona sino que espera todavía lo mejor de nosotros.

·         ¿Qué siento cuando no alcanzo a entender la voluntad del Señor o cuando me parece que no puedo cumplirla?¿A veces, también yo” quiero irme”?

 

·         ¿Cómo actúo con mis hijos cuando ellos no  entienden lo que les quiero decir?

 

“Señor,

enséñame a descubrir que puede haber una verdad profunda

en aquellas cosas que yo no alcanzo a entender,

en tus palabras que a veces me desconciertan.

Quiero confiar en tu luz Señor,

también cuando mi fe se llena de tinieblas”

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La verdadera comida

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 16 de agosto de 2015

 

                               Evangelio según san Juan  (6, 51 – 59)

  

51Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

52Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».   53 Jesús les respondió:

«Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre  y no beben su sangre,

no tendrán Vida en ustedes. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55 Porque mi carne es la verdadera comida  y mi sangre, la verdadera bebida.  56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.   57 Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida,  vivo por el Padre,

de la misma manera, el que me come  vivirá por mí.  58 Este es el pan bajado del cielo;

no como el que comieron sus padres y murieron El que coma de este pan    vivirá eternamente».

59Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm.

      Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

      Esta parte del discurso del pan de vida habla de comer y beber a Jesús; y el pan es reemplazado por la carne.  A través de este gesto sensible de comer, el Cristo entero entra en nuestra vida. Todo su ser: su mente, sus afectos su divinidad. Al recibir la Eucaristía se realiza la unión más íntima que podamos esperar en esta vida.

  Pero esto supone que se lo coma con fe, que se lo reciba con un corazón bien dispuesto, que uno tenga la convicción de que realmente está recibiendo a su Redentor y Señor que se entrega como alimento espiritual.  Y que, entonces, obremos en consecuencia, con los sentimientos y afectos que nos enseñó Jesús. Nuestra vida, y en particular en el trato con aquellos que componen mi familia, debe mostrar la cálida acogida, la escucha, la comprensión, el acompañamiento, el perdón, la palabra justa de Jesús. Que el otro pueda ver en nosotros el reflejo de ese amor inmenso que el Señor siente por nosotros.

·         ¿Qué tenemos que hacer para disponer mejor nuestro corazón antes de  recibir la Eucaristía?

·         ¿Qué valores (de los que nos enseñó Jesús) se están debilitando más en las familias actuales?

 

“Señor, toca mis ojos con la luz de tu Espíritu

para que pueda reconocer tu presencia en la Eucaristía, 

para que cada vez que te coma me deje poseer por tu vida,

por tu plenitud, por tu amor inmenso, por todo tu ser resucitado”

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El pan de vida

“Señor, no dejes que me olvide de esas necesidades más profundas que sólo con la fe puedo saciar. No permitas que las angustias de cada día y las cosas urgentes me lleven a  olvidar las cosas más importantes que sólo Tú puedes dar.”

 

 

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 2 de agosto de 2015

 

 

                               Evangelio según san Juan  (6, 24 – 35)

    

       24 Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. 25 Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?». 26 Jesús les respondió:

«Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. 27 Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece

hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello».

28Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?». 29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado»  30 Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?  31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura:   Les dio de comer el pan bajado del cielo».

       32Jesús respondió:  «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo;

mi Padre les da el verdadero pan del cielo; 33 porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo».

     34Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».  35 Jesús les respondió:

«Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.  

      Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

      Luego de multiplicar los panes, Jesús plantea un mensaje más profundo, nos habla del “pan de vida”.

       Jesús sabe que somos necesitados y que buscamos permanentemente saciar nuestras necesidades. Por eso hoy quiere que descubramos que hay otro pan, hay otro alimento, porque también hay otro hambre en el corazón humano, hay otra insatisfacción más profunda que busca ser colmada.  Puede ser que nosotros, o nuestros hijos, o alguien de nuestra familia, esté tratando de colmar esa insatisfacción con “panes materiales” que sólo sacian temporalmente el hambre. Y estamos  descuidando buscar el alimento superior, el pan de vida, que es lo que puede saciar realmente “nuestras hambres” de paz, de concordia, de esperanza, de felicidad.

     Y si bien hay que trabajar para ganarse el pan, Jesús nos enseña que para alcanzar este alimento superior no es necesario otro trabajo más que creer, abrir el corazón con confianza (“la obra del Padre es que ustedes crean”) en aquel que Él envió.

 

 

·         ¿En mi vida, le doy el lugar que corresponde a este alimento superior?

 

·         ¿Procuro llevar a mi familia no solo el alimento material sino también el “pan de vida”

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Compartir el pan

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 26 de julio de 2015

   Evangelio según san Juan  (6, 1 – 15)

          1Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades.  2 Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos.  3 Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus  discípulos.   4 Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.   5 Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?». 6 El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer.  7 Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan».  8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:  9 «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?».   10 Jesús le respondió: «Háganlos sentar». Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.  11 Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. 12 Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada».  13 Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.  14 Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo».  15 Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

En el Evangelio de este domingo Jesús, nos alienta a compartir, y nosotros, como familia cristiana, hemos aprendido que en la vida debemos hacer un culto del compartir, ya sea en los buenos como en los malos momentos, tanto en las alegrías como en las penas.    Jesús, con su actitud, nos muestra cual es la voluntad de Dios:que no falte el pan para todos. No sólo el pan material sino también el pan de la alegría, del respeto, del amor, de la comprensión, de la paciencia, de la compasión. Tengamos nuestro corazón alerta para detectar quien necesita de ese pan en nuestra propia familia.

     Dios actúa en nuestras vidas a través de instrumentos humanos. Por nuestra libertad podemos encerrarnos en nosotros mismos y no cumplir con este pedido de compartir. Pero cuando el pan se comparte y se reparte, se convierte en una forma de encuentro que es un anticipo del cielo. Y hay pan para todos.  Compartamos no sólo bienes materiales sino también dones y tareas. Vivamos esta actitud y trasmitámosla a nuestros hijos.

·         ¿Vivo el compartir como una obligación o lo hago convencido y alegre?

·         Ese compartir ¿es sólo por caridad hacia afuera o tengo en cuenta primordialmente a mi familia?

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Domingo 19 de julio de 2015

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 19 de julio de 2015

 

 

                               Evangelio según san Marcos  (6, 30 – 34)

 

          30Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.  31 El les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco». Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.  32 Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.  33 Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

          34Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

 Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

      Los apóstoles le cuentan a Jesús todo lo que habían trabajado. Y, ante ello, Jesús los llama a descansar. Es válido el descanso ante las tensiones y fatigas o luego de la intensa tarea. Debemos tener el reposo necesario.

       A veces el esfuerzo en el trabajo hogareño o en la atención de la familia es muy cansador. Esto nos invita a pensar que el servicio generoso a los demás nunca debería ser algo agobiante o que nos impida el encuentro con el Señor.  Porque viviendo el servicio en nuestro hogar, a nuestra familia o al prójimo en general, por amor y en presencia de Jesús, ese mismo servicio nos brinda satisfacción interior y se convierte en un encuentro con el Señor. Es natural cansarnos pero nos ayuda a superarlo el pensar el porqué de nuestro servicio, ya sea en la casa, en la Iglesia o donde sea: por amor al prójimo pero ante todo a Aquel que nos amó primero.

 

·         ¿Me permito descansar cuando lo necesito?

·         ¿Soy consciente que al servir por amor, la carga se aligera? 

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La misión de proclamar

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 12 de julio de 2015

 

 

                               Evangelio según san Marcos  (6, 7 – 13)

 

          7Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.  8 Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 9 que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.  10 Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.  11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».  12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13 expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

   Palabra del Señor

                                                 

                                                   Reflexión y preguntas

      Podemos reflexionar este pasaje desde dos puntos de vista:como discípulos enviados a llevar la Palabra, o como las casas adonde llega esa Palabra.

      Si lo vemos como discípulos, el Señor nos pide que la misión a la que estamos llamados se concrete no sólo con el anuncio sino también con nuestro estilo de vida. Nos invita a desprendernos de las seguridades de este mundo y a depender humildemente de la providencia de Dios. Comprender que el Señor nos llama a salir hacia el otro (inclusive o principalmente en nuestra propia familia). Y esto quizá nos lleve a tener que dejar alguna actividad o gozo nuestro, aunque sean lícitos, por amor al otro, por poder tener tiempo o recursos para ocuparnos del otro.

    Si lo vemos desde el punto de vista de la casa a la que llega el anuncio, la pregunta que nos debemos hacer es si le damos lugar a ese anuncio, si lo alojamos en nuestro corazón, si realmente lo escuchamos.

 

·         ¿Asumimos la misión de anunciar la Buena Nueva no sólo de Palabra sino reflejándola con nuestro estilo de vida?

·         ¿Somos capaces de privarnos de algún gozo, aunque sea lícito, por amor al otro? 

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Jesús en casa

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 5 de julio de 2015

 

 

                               Evangelio según san Marcos  (6, 1 – 6a)

          1 Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?  3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanos no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.  4 Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa».  5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta de fe.

      Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

      Jesús va a su tierra. Anuncia, predica. Desconfían de Él, ¡sus propios parientes! No puede hacer milagros y se extraña de su falta de fe. La frase de Jesús: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Jesús pasó por lo mismo que nosotros. Quizá el lugar de misión más difícil es el más cercano, nuestra propia casa. Cuantas madres rezan por sus hijos que no han seguido el camino de Jesús inculcado por ellas. También sucede que algunos niños o jóvenes comienzan con gran entusiasmo su vida de fe en la catequesis, en el grupo juvenil pero en su casa encuentran un ambiente adverso, fe-apático, o hasta ateo. ¡Cuánto cuesta anunciar la Buena Noticia en nuestra propia familia! No hay que desanimarse nunca. Hay una alegre presencia en este pasaje del Evangelio: aparece María. También indirectamente aparece José y toda la parentela, primos y primas hermanas 1. Nos habla de un tiempo largo en Nazaret durante el cual estaba Jesús, estaba la salvación en medio de ellos, inadvertida. Y ahora que Jesús se manifiesta como Profeta, como Mesías, la reacción es de rechazo y no es la primera vez que esto sucede. Un tiempito antes, Mc 2, 20 nos cuenta que Jesús vuelve a su casa y sus parientes quieren llevarlo diciendo “es un exaltado”. También a nosotros predicar a Jesús nos puede traer este apelativo. Un poquito más adelante, Mc 2, 31 Su Madre y sus hermanos lo mandan a llamar, quizás en otro intento de sacarlo de esta exposición pública que los avergüenza. La misma familia de Jesús no entiende que está pasando, no comprenden la revolución de la Fe. Pero sabemos que después de la Resurrección, María y Santiago, el hermano de Jesús (Gal 1, 19) serán pilares de la Iglesia naciente y misionera. No hay que desanimarse nunca. Los tiempos de la Fe no los dominamos nosotros. La misma familia del Señor tuvo que hacer su proceso de fe. No dejemos de dar testimonio. Recemos mucho pidiendo por nuestros familiares que todavía no profundizaron su Fe. Confiemos en que El Señor encontrará los caminos. Respetemos los procesos de cada uno y anunciemos con alegría que Él vive resucitado también en nuestra familia, aún si todavía no lo advertimos.

 [1] Recordar que el concepto arameo de hermano (adelphos en griego) incluye parientes más lejanos como primos y sobrinos que actualmente nosotros distinguimos.

 

·         ¿Nos desanimamos si se nos presentan dificultades en el anuncio de la Palabra en nuestra propia familia?

·         ¿Nos esforzamos en anunciar la Palabra de la forma más efectiva, o sea con nuestro testimonio de vida? 

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Los pequeños detalles

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 28 de junio de 2015

 

 

                               Evangelio según san Marcos  (5, 21 - 43)

        21Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.  22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,  23 rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva».  24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

        25Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias.

26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor  27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada».  29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.  30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?».  31 Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?».  32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.  33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad.  34 Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».

        35Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?». 36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. 39 Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme».  40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.  41 La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate».  42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

                 Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Este texto nos presenta dos preciosos testimonios de fe donde, más allá de la acción sanadora de Jesús, nos llama la atención la serie de detalles descriptos:en el caso de la mujer, el acceder inmediatamente al pedido de quien lo invoca, el preocuparse por saber quien había tocado su manto, el curarla y alabarle su fe;en el caso del jefe de la sinagoga el haber escuchado el ruego de ese padre por su hija, el tener en consideración a esos padres, el llevarlos consigo, tomarle la mano a la niña, curarla, preocuparse por que le den de comer.

         En ambos casos vemos el interés y la delicadeza de Jesús, así como los pequeños detalles con los que deja percibir la calidez humana del Señor

         Y en este Evangelio también vemos la fe de esas dos personas que acuden a Jesús. Fe que es un regalo de Dios y que también es acompañada por la humildad:el jefe de la sinagoga así como la mujer se arrodillan echándose a los pies de Jesús.

         Tanto las personas que acuden a Jesús, como Jesús mismo, nos muestran características que son muy valiosas en la vida familiar:la confianza, la humildad, el interés por el otro, la delicadeza en el trato, el cuidar inclusive de las pequeñas cosas.

        Es bueno tratar de descubrir y agradecer los pequeños detalles que Dios ha tenido con nosotros y nuestras familias, e intentar actuar de la misma manera en nuestras relaciones familiares.

 

·         ¿Reconozco la acción de Dios en las pequeñas cosas, no sólo en las grandes?

·         ¿Cuido de los pequeños detalles en mi vida familiar? 

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