No los dejaré huerfanos

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 21 de mayo de 2017 – 6to. Domingo de Pascua

 

 

Evangelio según san Juan 14, 15-21

           15Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito

para que esté siempre con ustedes: 17 el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce.  Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.

          18 No los dejaré huérfanos,  volveré a ustedes. 19 Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. 20 Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre,

y que ustedes están en mí y yo en ustedes.

21El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él».

              Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

      Seguimos en el mismo tiempo y espacio que en el relato evangélico del domingo pasado: la última cena. Ante su inminente partida, Jesús continúa alentando a sus discípulos. Quiere tranquilizarlos porque nota en ellos la tristeza de quienes se están despidiendo de un ser muy querido al que no volverán a ver. Jesús les dice que siempre estará con ellos, a pesar que el mundo no lo vea. Les asegura que Él permanecerá en ellos y lo podrán ver porque el Espíritu Santo estará con ellos.  No podrán verlo con la luz de este mundo pero les será visible a través de los ojos de la fe. Pero, para ello, necesitamos recibir y cumplir lo que Él nos pide. 

      Si podemos hacer carne en nosotros esto, veremos que Jesús se convierte en una fuerza que nos facilita el vivir en la verdad.  Para eso hay que estar dispuesto a cumplir el mandamiento del amor que Jesús deja a sus discípulos, porque nadie puede vivir la experiencia de su presencia si se aísla de los demás.

      Cualquiera que sea el punto en que nos encontremos en la vida, acoger en nosotros a Jesús nos lleva hacia la verdad.  No basta el buscar este «espíritu de la verdad» en los estudios de los teólogos, ni en los documentos del magisterio. Ellos nos ayudan a descubrirlo, pero, según la promesa de Jesús, «vive con nosotros y está en nosotros». Lo escuchamos en nuestro interior y resplandece en la vida de quien sigue los pasos de Jesús de manera humilde, confiada y fiel.  Ante las distintas circunstancias que nos toca vivir debemos preguntarnos siempre ¿qué hubiera hecho Jesús en este momento? Y debemos discernir si la decisión que tomamos es un bien o no a los ojos de Dios. Tan simple, y tan difícil, como eso.

 

 

1       ¿Atiendo a mi voz interior, mi conciencia, o me dejo llevar por mis impulsos?

2       ¿Trasmito al resto de mi familia que existe una verdad y donde debemos buscarla?

 

Señor, iluminame

para que pueda descubrir lo que no veo con mis ojos mundanos,

para que pueda ver que estás realmente presente en mi vida,

en la de mi familia, en la de toda persona.

 

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Camino, verdad y vida

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 14 de mayo de 2017 – 5to. Domingo de Pascua

 

 

Evangelio según san Juan 14, 1-12

        1 «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. 2 En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes.

Yo voy a prepararles un lugar. 3 Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.

4Ya conocen el camino del lugar adonde voy».

          5Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?». 6 Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. 7 Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».

          8Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta».  9 Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: «Muéstranos al Padre»?  10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?  Las palabras que digo no son mías:  el Padre que habita en mí es el que hace las obras. 11 Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. 12 Les aseguro que el que cree en mí

hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.

            Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        El relato evangélico de hoy nos sitúa en la última cena de Jesús con sus apóstoles.  Los apóstoles temían no ver más a ese Jesús hombre al que habían acompañado en esos años, y además no tenían todavía muy claro que ese hombre era también Dios. Jesús intuye sus temores y les habla amorosamente. En esas palabras se define de una manera muy bella: Yo soy el camino, la verdad y la vida

El camino“¿Quieren seguir conmigo? Ya saben el camino, soy yo”. Son tantos los caminos que se nos ofrecen hoy como los mejores, a nosotros y a nuestros hijos, que más de una vez tomamos por uno que no es el correcto. Y al darnos cuenta, con suerte podemos volver atrás y empezar a buscar otro camino, y así seguir viviendo desorientados. ¿Cuál es el camino correcto? Jesús nos lo pone en términos muy concretos: el camino correcto es vivir, obrar, comportarnos como Él lo hizo.

La verdad: Si algo sobreabunda en el mundo actual es la información. Continuamente recibimos opiniones, estudios, revisiones, estadísticas sobre aspectos históricos, políticos, sociales, religiosos y tantos más. ¿Cuál de todas las versiones que recibimos a diario es la verdad? Jesús vuelve a ponerlo en términos muy concretos: Él, o sea Dios, es la verdad. Él nos dice la verdad hoy y siempre. Jesús se nos ofrece como el camino que nos conduce a la verdad, a la explicación de todo lo que no podemos entender con nuestro razonamiento humano.

La vida:  Jesús se define como la vida. Y esto no se aplica solamente a la vida perdurable. Nos dice que si seguimos su camino, desde el momento en que tomamos esa decisión nuestra vida ya será nueva. Una vida nueva, que será con más alegría verdadera, con confianza total en Dios, con plena esperanza en sus palabras.

      Reflexionando sobre estas palabras del Señor podemos replantearnos nuestra vida familiar. Viendo a quien le creo como fuente de la verdad, qué caminos sigo o ayudo a seguir a los miembros de mi familia, o cuanta de esta nueva vida trasmito a mi familia

 

1       ¿Es el camino de Jesús el que decidí seguir, o muchas veces me desvío por el que me indican otras voces?

2       ¿Transmito a mi familia esa vida nueva que nos da el seguir plenamente a Jesús como fuente de la verdad?

 

Señor,

quiero seguir tu camino siempre.

Ayudame a no confundirme creyéndole a otras voces.

Dame fortaleza para perseverar, a pesar de las dificultades.

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El Buen Pastor

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 7 de mayo de 2017 – 4to. Domingo de Pascua

 

 

Evangelio según san Juan 10, 1-10

        1 «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante.  2 El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.  3 El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir.  4 Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.  5 Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz».  6 Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.  7 Entonces Jesús prosiguió:

«Les aseguro

que yo soy la puerta de las ovejas. 

8Todos aquellos que han venido antes de mí

son ladrones y asaltantes,

pero las ovejas no los han escuchado. 

9Yo soy la puerta.

El que entra por mí se salvará;

podrá entrar y salir,

y encontrará su alimento 

10 El ladrón no viene

sino para robar, matar y destruir.

Pero yo he venido

para que las ovejas tengan Vida,

y la tengan en abundancia.

                                                                      Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        En este pasaje, el Señor se nos presenta usando dos figuras:

 

“La puerta”(versículos 1 y 2)

    En aquellos tiempos, la puerta de una ciudad era un lugar importantísimo.  Atravesarla era signo de haber llegado al lugar de la luz, donde obtenían los alimentos, a un lugar de encuentro, lejos de los peligros de fuera de la ciudad. Jesús se simboliza en esa puerta, una puerta siempre abierta. En él encontramos la salvación, el alimento, la vida en abundancia.

 

“El buen pastor”(versículos 3 al 5)

      Destacamos tres aspectos

*   El buen pastor conoce a sus ovejas. Las llama a cada una por su nombre.  Él las reúne y, cuando salen del corral, se pone a la cabeza y las lleva hacia los pastos donde se podrán alimentar.   Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por Él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como Él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

*  Las ovejas reconocen la voz del buen pastor y la atienden. “Escuchar su voz”. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, en los medios de comunicación, en la sociedad en general o, incluso en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.

*  En el camino, las ovejas lo siguen pues reconocen su voz y confían en él.  Es decisivo “seguir“ a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

      Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. Reconocerlo como ese buen pastor que nos cuida. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario.  Ir despertando en nosotros, aunque sea poco a poco, una confianza tal en Jesús que marque decisivamente nuestra vida.   

 

1       ¿Voy caminando por la vida solo, o lo hago siguiendo a Jesús?

2       ¿Entro a mi vida y a la de los miembros de mi familia a través de la puerta correcta (Jesús y su forma de actuar) o, a veces, “salto el muro” y entro por donde no debo?

 

Señor,

quiero entrar en Vos para recibir la vida abundante que me ofrecés.

Y quiero hacerlo reconociéndote como mi Buen Pastor.

Ayudame a reconocer siempre Tu Voz.

 

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Quedate con nosotros

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 30 de abril de 2017 – 3ro. Domingo de Pascua

 

 

                               Evangelio según san Lucas 24, 13-35

        13 Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. 14 En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. 15 Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. 16 Pero algo impedía que sus ojo lo reconocieran.

17El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, 18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!». 19 «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, 20 y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. 22 Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro 23 y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. 24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».

        25 Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! 26 ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» 27 Y comenzando por Moisés y continuando con todas los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

        28 Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. 30 Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. 31 Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. 32 Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

        33 En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, 34 y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!». 35 Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

                   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

      El pasaje evangélico nos muestra a dos personas que, habiendo creído y seguido a Jesús, están ahora confundidos y desesperanzados ante la ausencia del Señor. Esperaron que fuese Jesús quien los liberara pero se había ido y no lo había hecho… ¡Y Jesús estaba caminando con ellos, pero no se daban cuenta!  Del pasaje evangélico se desprende que tuvieron que suceder dos cosas para que lo reconozcan: por un lado necesitaron una mayor profundización en el conocimiento de la Palabra (“les interpretó en todas las Escrituras”) y por otro lado tuvieron que ver un signo fundamental de la vida cristiana (“Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio”).

       Tratar de vivir cristianamente en estos tiempos puede resultarnos difícil. A veces podemos sentir que es imposible seguir los valores cristianos. Sentimos como que Jesús se fue, nos dejó solos. No lo reconocemos entre quienes nos rodean.  ¿No nos estarán faltando lo mismo que a los discípulos de Emaús?

        Propongámonos hacer de la reflexión bíblica un ejercicio continuo. Démosle al Evangelio la oportunidad de entrar en nuestra familia con toda su fuerza transformadora,

        Vivamos obrando como Jesús. Podemos atravesar crisis o tener miedos y dificultades que nos pueden llevar a la desesperanza. Pero no aflojemos Esforcémonos en vivir y actuar como Jesús nos enseñó. Compartamos “nuestro pan”. El hacerlo nos facilitará el darnos cuenta que Jesús está a nuestro lado, el reconocer que Él nos acompaña, así sintamos que “el día se está acabando”.

 

 

1   Como todos, tendrás problemas y crisis. A pesar de ellos, ¿sentís que Jesús está siempre a tu lado? Si no ¿qué podés hacer para “encontrarlo”?

2   ¿Cómo podés hacer para facilitar la profundización del conocimiento de la Palabra en tu familia?

 

 Señor,

abre mis ojos para que te reconozca.

Despertá en mi esa esperanza que a veces pierdo.

Te quiero como mi compañero de camino,

quedate conmigo

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¡Señor mío y Dios mío!

                               Evangelio según san Juan 20, 19-31

      19Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».  20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.  21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». 

      22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:  «Reciban al Espíritu Santo. 23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan». 

      24 Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.  25 Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré».  26 Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».  27 Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe».  28 Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!  29 Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!». 

      30 Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 31 Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

                   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Y sus temores que los llevaron a encerrarse en una casa.  Es por eso que se les aparece luego de resucitado. Lo primero que hace Jesús es infundirle su paz. No les hace ningún reproche por haberlo abandonado y dejarlo solo durante su pasión y muerte, ninguna queja ni reprobación. Sólo paz y alegría. Y los discípulos sienten su aliento creador. Y sienten que todo comienza de nuevo. Impulsados por su Espíritu.

        Traslademos esto a nuestras familias hoy. Solo Jesús nos liberará de los miedos que a veces nos paralizan, solo Él abrirá las puertas que hemos ido cerrando quizá con la buena intención de defendernos ante este mundo.

        Reavivemos nuestra confianza en Jesús resucitado, escuchemos bien lo que su Espíritu nos dice hoy, no temamos discernir sobre dónde está el bien nuestro, de nuestra familia, de nuestra comunidad.  Hemos de aprender a acoger con fe su presencia en medio de nosotros.

        Y un último punto a reflexionar: cuando Jesús vuelve a presentarse a los ocho días, las puertas de la casa de los discípulos seguían cerradas. No es sólo Tomás quien ha de aprender a creer con confianza en el Resucitado. También nosotros tenemos que ir superando poco a poco las dudas y miedos que todavía nos pueden hacer vivir con las puertas cerradas a la evangelización.  No basta saber que el Señor ha resucitado. No es suficiente escuchar el mensaje pascual. Lo más importante es sentir la experiencia de Jesús vivo en medio nuestro. Sólo cuando Jesús ocupa el centro de nuestra vida, de la de nuestra familia, de la de nuestra comunidad, ellas se convierten en fuente de vida, de alegría y de paz para el resto de la sociedad.

 

1       ¿Sentís la experiencia de Jesús resucitado en medio nuestro? ¿Porqué?

2       ¿Cómo tratás de que Jesús esté en el centro de tu familia?

 

 

Señor,

dame la gracia de vencer mi desconfianza,

que pueda reconocer que permanentemente te hacés presente

en la vida de todos, en el mundo, en la historia,

aunque yo no lo vea con mis propios ojos.

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¡Feliz Pascua!

Evangelio según san Juan 20, 1-9

        1El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.

2 Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

        3Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5 Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, 7 y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. 9 Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

                   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Ninguno de los evangelistas da detalles de cómo fue la resurrección de Jesús. Nos muestran a sus discípulos enfrentándose ante el hecho consumado. Es que para nuestra fe es mucho más importante las consecuencias de esa resurrección que los detalles de cómo sucedió. Nuestra fe nos lleva a creer en un Jesús vivo que camina por este mundo cerca nuestro, podríamos decir que de la misma “forma misteriosa” en que resucitó.

          Si iluminamos a estos hechos, aparentemente oscuros, de nuestra fe con la Palabra del Señor, adquieren un significado de vida nueva, de esperanza, de triunfo ante la muerte.  Jesús nos marca una vez más el camino. Podremos enfrentar problemas, dolores que, como su Pasión, son injustos o inmerecidos, pero, aún ante ellos es posible renacer. No perder la confianza en el Padre, luchar con esperanza para que triunfe la vida sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el odio. Los abusos, las injusticias, rechazos o incomprensiones que podamos sufrir, son heridas que un día cicatrizarán para siempre. Hemos de aprender a mirar con más fe las cicatrices del resucitado. Así serán un día nuestras heridas de hoy. Cicatrices curadas por Dios para siempre.

          Esta fe nos sostiene por dentro y nos hace más fuertes. No nos faltarán heridas, cansancio y fatigas. Pero ante ellas, una esperanza nos sostiene: Un día Dios “enjugará nuestras lágrimas, y no habrá ya muerte ni habrá llantoni gritos ni fatigasporque el mundo viejo habrá pasado" (Ap 21, 4)

 

1       ¿La Pascua del Señor incrementa en vos la esperanza en un mundo nuevo? ¿porqué?

2       ¿Sentís que Jesús resucitado te acompaña en esta vida? ¿pórqué?

 

Señor,

llena todo mi ser de tu vida resucitada,

para que toda mi existencia se transfigure con tu presencia

y mi vida se llene de una gran esperanza

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¡Hosana!

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 9 de abril de 2017 – Domingo de Ramos

 

                               Evangelio según san Mateo 21 1-11
        1Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, 2 diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. 3 Y si alguien les dice algo, respondan: «El Señor los necesita y los va a devolver en seguida». 4 Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: 5 "Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga".

        6Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; 7 trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. 8 Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. 9 La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: «¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas!

        10Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?». 11 Y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea».

                   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

             Previamente al tiempo en que se ubica este pasaje evangélico, Jesús había recorrido la región sanando, enseñando, consolando, perdonando y sobre todo amando sin juzgar. Como fin de esa etapa que conocemos como su “vida pública”, Jesús llegó a Jerusalén, la ciudad donde luego se desarrollarían los sucesos de la Semana Santa. Y la mayoría de la gente lo recibió con júbilo, con aclamaciones. Tal es así que despertó la curiosidad de aquellos que no lo conocían: “¿Quién es éste?”   

          Lo que nos hace cristianos es seguir a Jesús. Este seguimiento a Jesús no es algo teórico o abstracto. Significa seguir sus pasos, comprometernos como él a «humanizar la vida», y vivir así contribuyendo a que, poco a poco, se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo donde reine Dios y su justicia.  Recibí a Jesús en tu corazón, aclamalo, bendecí su nombre, allanale el camino. Anuncialo. Despertá la curiosidad en aquellos que no lo conocen: “¿Quién es el que cambió tanto a mi papá, a mi vecino, a mi amigo?”

          Somos cristianos si seguimos a Jesús en su espíritu y en sus actitudes. Como cristiano, estás llamado a poner verdad donde hay mentira, a introducir justicia donde hay abusos y crueldad con los más débiles, a ser compasivos ante los que sufren.

 

1       ¿Dejo entrar a Jesús a “mi ciudad interior” siempre, o recurro sólo a Él ante mis necesidades?

2       ¿Despierto en otros la curiosidad de conocer más al Señor?

 

Señor,

Yo también quiero bendecirte y aclamarte como mi Señor.

Te acepto como Rey de mis pensamientos, de mi familia, de mis trabajos,

de todo lo que soy, de todo lo que tengo, de todo mi ser.

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¿Crees esto?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 2 de abril de 2017 – 5to. de Cuaresma

                               Evangelio según san Juan (11, 1 – 45)

      1 Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. 2 María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo». 4 Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

        5Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. 7 Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea». 8 Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿quieres volver allá?». 9 Jesús les respondió:

«¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 en cambio, el que camina de noche tropieza,  porque la luz no está en él».

          11 Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo». 12 Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará». 13 Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte. 14 Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, 15 y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo». 16 Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él».

        17 Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.  18 Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. 19 Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. 20 Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. 21 Marta dio a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas». 23 Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». 24 Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».

25 Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».

        27Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».

        28Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama». 29 Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. 30 Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. 31 Los Judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32 María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». 33 Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, 34 preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás».  35 Y Jesús lloró. 36 Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!». 37 Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?». 38 Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, 39 y le dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto». 40 Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?». 41 Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. 42 Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

        43Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!». 44 El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar».

        45Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

                   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Una de las cosas que nos sorprende al leer este pasaje es que Jesús lloró. Se nos presenta a un Jesús “muy humano”, frágil ante la muerte de un ser querido. Pero no llora solo por la muerte. Lo hace también ante el sufrimiento y la impotencia de todos ante la muerte.  Es natural que tengamos el deseo de vivir. Nos pasamos los días y los años luchando por vivir. Inclusive recurrimos a la ciencia, y en especial a la medicina, tratando de vivir mejor, y más. Es así que, cuando nos enfrentamos a la inevitable muerte, nos preguntamos: ¿por qué la vida no es más dichosa, más larga? ¿por qué morimos?  El adiós definitivo a un ser muy querido nos hunde inevitablemente en el dolor y la impotencia. Es como si la vida entera quedara destruida. No hay palabras ni argumentos que nos puedan consolar. ¿En qué se puede esperar?

        No es que los cristianos sepamos todo sobre la vida y sobre la muerte. También nos enfrentamos ante ese desenlace final (nuestro o de un ser querido), a veces con miedo, con tristeza, o con dolor). Pero los cristianos nos enfrentamos a ese momento con la esperanza en las promesas de Jesús: “El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” . Esta esperanza en una vida perdurable no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien cree en Jesús, en el que deposita toda su confianza.

        A pesar de dudas y oscuridades, los cristianos creemos en Jesús, Señor de la vida y de la muerte. Sólo en él buscamos luz y fuerza para luchar por la vida y para enfrentarnos a la muerte. Sólo en él encontramos una esperanza de vida más allá de la vida.

 

1       “El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” ¿Crees esto?

2       ¿Cómo trasmitís a otros la esperanza que te da el creer en Jesús?

 

Señor,

creo que sos la resurrección y la vida.

Renueva mi ser, mata al hombre viejo que llevo dentro de mí y

llename de la vida nueva de tu gracia.

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¿Cómo es que ahora ve?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 26 de marzo de 2017 – 4to. de Cuaresma

 

 

                               Evangelio según san Juan (9, 1 – 41)

      1Al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». 3 «Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4 Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. 5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo»

 

      6Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, 7 diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.  8 Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?». 9 Unos opinaban: «Es el mismo». «No, respondían otros, es uno que se le parece». El decía: «Soy realmente yo».  10 Ellos le dijeron: «¿Cómo se te han abierto los ojos?».  11 El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: «Ve a lavarte a Siloé». Yo fui, me lavé y vi». 12 Ellos le preguntaron: «¿Dónde está?». El respondió: «No lo sé».

      13 El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos.  14 Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.  15 Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo».  16 Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?». Y se produjo una división entre ellos.  17 Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?». El hombre respondió: «Es un profeta». 

18Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres 19 y les preguntaron: «¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?».  20 Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, 21 pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta». 22 Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. 23 Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él».

      24Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». 25 «Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo». 26 Ellos le preguntaron: «¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?». 27 El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?». 28 Ellos lo injuriaron y le dijeron: «¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! 29 Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es este». 30 El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. 31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero si al que lo honra y cumple su voluntad. 32 Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. 33 Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada». 34 Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?». Y lo echaron. 35 Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?». 36 El respondió: «¿Quién es, Señor,  para que crea en él?». 37 Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando». 38 Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él. 39 Después Jesús agregó: «He venido a este mundo para un juicio:

Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven».

      40Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?». 41 Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado,

pero como dicen: "Vemos", su pecado permanece».

                   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Para reflexionar este texto evangélico, detengámonos en tres actitudes:

-        La actitud de Jesús.  No se dejó llevar por lo que decía la sociedad. Todos condenaban a esa persona. Por ser un ciego de nacimiento, o él o sus padres eran pecadores…  Pero Jesús vio en esa persona a un carenciado, a alguien que necesitaba ayuda y, sin que se lo pidiese, Él lo ayudo.  Primero lo curó y después, cuando el ciego ya curado fue echado por los judíos, Jesús lo buscó y le dió palabras de ayuda.

-        La actitud del ciego.  Ante las palabras de Jesús le tuvo fe. Y obró según Él le indicó.  No esperó que Jesús hiciese todo el milagro, él puso lo que pudo de su parte (le obedeció y fue a lavarse a la piscina de Siloé). Y una vez curado, una vez salido de esa oscuridad en que había vivido hasta ese día, fue un agradecido a Jesús, aunque ello significaba ganarse el desprecio de los fariseos.  Gracias a Jesús pudo vivir de una manera completamente nueva.

-        La actitud de los dirigentes religiosos: antepusieron las normas (era sábado) a la curación del ciego (a la liberación de la oscuridad, a integrarlo a la sociedad, a sacarlo de su condición de excluido). Y a pesar del evidente milagro primó en ellos el orgullo y no reconocieron a la persona de Jesús. Y no perdonaron al ciego curado. Según ellos no había perdón posible, ya estaba condenado.

 

    Estas actitudes, ¿se dieron sólo en Jerusalén alrededor del año 30 o se dan también en la actualidad? ¿Qué tienen que ver con nuestra vida familiar?

 

-        En cuanto a la actitud de Jesús llevada a la vida actual: Él nunca abandona al que lo busca y lo ama, ni al necesitado.

-        En cuanto al ciego: podemos ser nosotros.  Podemos no ver, o no querer ver ciertas cosas, en nosotros. Inclusive, si las reconocemos ¿confiamos en que Jesús puede iluminarnos?; ¿ponemos lo que podemos de nuestra parte para ayudar a mejorarnos?

-        En cuanto a la actitud de los dirigentes religiosos aplicada a mi vida hoy:  si vemos oscuridades en alguien ¿lo condenamos para siempre? o ¿estamos dispuestos a perdonarlo, estamos dispuestos a ayudarlo a superar sus oscuridades?

Los invitamos a reflexionar sobre estos tres puntos y a responder las siguientes preguntas.

 

1       Cuando le pido al Señor que me ayude ¿le doy una mano contribuyendo con lo que puedo?

2       ¿Acepto y recibo a aquel que superó un aspecto negativo de su persona, o ya lo condené para siempre?

 

Señor,

Vos podés disipar mis peores oscuridades.

Ilumina mi camino y

sana mis cegueras.

 

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Señor, dame de esa agua

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 19 de marzo de 2017 – 3ro. de Cuaresma

 

 

                               Evangelio según san Juan (4, 5 – 42)

      5Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. 6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. 7 Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». 8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. 9 La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. 10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva».

      11«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?  12 ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?». 13 Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, 14 pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna».

      15«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla». 16 Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí».

 17La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, 18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». 19 La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. 20 Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». 21 Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña   ni en Jerusalén se adorará al Padre. 22 Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».

      25La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo». 26 Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo». 27 En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?». 28 La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: 29 «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?». 30 Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

      31Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro». 32 Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen». 33 Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?». 34 Jesús les respondió: Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. 35 Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.36 Ya el segador recibe su salario

y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. 37 Porque en esto se cumple el proverbio: «Uno siembra y otro cosecha».

38Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos».

      39Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice». 40 Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. 41 Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. 42 Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo».

                   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Como cristianos tenemos que seguir el camino de Jesús. Por ejemplo, veamos cómo actuó Él en ese relato y reflexionemos sobre cómo aplicarlo a nuestra vida familiar. 

         Jesús llega a ese lugar de Samaria cansado y sediento. Allí se encuentra con una mujer, desconocida y samaritana (ambas cosas eran despreciables en Israel). Para Él no hay excluidos, su mensaje es para todos.  Jesús le habla a la samaritana. Y lo hace amablemente.. No comienza planteándole su grandeza sino que le muestra su debilidad: “dame de beber” Crea entre ellos un clima humano, afectuoso. Facilita así que la conversación siga. Y entonces le hace despertar su interés: “si conocieras el don de Dios…”  Con palabras simples y teniendo siempre presente la realidad de esa mujer le anuncia el agua viva, la Buena Nueva. Lo hace de una manera tal que despierta en ella el anhelo: “Señor dame de esa agua”. ¿Recuerdan, que todo empezó con un pedido de Jesús a la samaritana? Otra enseñanza que Jesús le deja es cuando, refiriéndose a Dios,  le hace notar que, más que el lugar de devoción, lo importante es el encuentro personal con Dios. Sentir que Dios está siempre con nosotros, estemos donde estemos.

         Resumiendo, podremos hablar de Dios con cualquiera en cuanto nos miremos como seres necesitados, en cuanto compartamos nuestra sed de felicidad superando nuestras diferencias.  Si no nos consideramos superiores ni tenemos excluidos, si reconocemos que a nosotros también nos queda mucho por aprender y que eso lo podemos recibir quizá de la persona menos pensada. Si descubrimos entre todos que Dios es Amor y sólo Amor.

 

1       Cuando llego cansada/o a casa ¿cómo me dirijo a mi cónyuge y a mis hijos? ¿Soy amable, o soy quejosa/o?

2       ¿Soy consciente que por ser cristiana/o tengo esa agua viva? ¿La trasmito a los otros miembros de la familia en términos tan humanos como lo hizo Jesús?

Señor,

Creo que sólo tu agua viva,

puede saciar esa sed inmensa que siento.

Dame de ver y apaga en mí mis desánimos

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