“Permanezcan en mi amor”

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 6 de mayo de 2018 – 6to. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 15, 9 – 17

9 Como el Padre me amó,

también yo los he amado a ustedes.

 Permanezcan en mi amor.

10Si cumplen mis mandamientos,

permanecerán en mi amor,

como yo cumplí los mandamientos  de mi Padre

y permanezco en su amor.

   11Les he dicho esto

para que mi gozo sea el de ustedes,

y ese gozo sea perfecto.

El mandamiento del amor

    12Este es mi mandamiento:

Amense los unos a los otros,

como yo los he amado.

13No hay amor más grande

que dar la vida por los amigos.

14Ustedes son mis amigos

si hacen lo que yo les mando.

15Ya no los llamo servidores,

porque el servidor ignora lo que hace su señor;

yo los llamo amigos,

porque les he dado a conocer

todo lo que oí de mi Padre.

16No son ustedes los que me eligieron a mí,

sino yo el que los elegí a ustedes,

y los destiné para que vayan y den fruto,

y ese fruto sea duradero.

Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre,

él se lo concederá.

17Lo que yo les mando

es que se amen los unos a los otros. 

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Jesús comienza a despedirse de sus discípulos ante la inminencia de su Pasión. Como todo aquel que se despide, buscó resumir en su discurso lo más valioso que quisiera que recuerden, aquello que les permitirá ser fieles a su proyecto.  Y su mensaje es claro: “permanezcan en mi amor”, y continúa diciéndoles que esto no es un concepto vacío de contenido: les dice algo muy concreto: “si cumplen mis mandamientos permanecerán en mi amor”.  Continuando con su discurso les aclara cual es su mandamiento: “Ámense los unos a los otros como Yo los he amado”.  

         En este pasaje, el Señor no nos deja lugar a dudas:  en cualquier época y circunstancia, lo decisivo para ser realmente cristianos es no salirse del amor fraterno. Sabemos que estamos viviendo un “cambio de época”, todo está sujeto a cambio, inclusive nuestra noción tradicional de familia. Pero nuestra fe nos lo marca claramente; no podemos alejarnos de amar al otro con ese amor que Jesús nos enseñó con su vida. Tener esos gestos de amor propios de quien ama como Jesús. El amor es lo único que realmente cuenta en esta vida. 

      Recordemos ese viejo dicho: “obras son amores y no buenas razones”.  El Señor quiere que vivamos ese amor, que demos fruto. No interesa cuánto fruto demos sino que tengamos en nuestro modo de ser muy metido nuestro que debemos buscar el bien del otro (de eso se trata amar) ya sea mi cónyuge, mis hijos o alguien que se cruza en mi camino. Que se note nuestra disponibilidad para hacer el bien

 

 

  1. ¿Soy realmente consciente de cómo debo vivir si quiero seguir los mandamientos de Jesús?

 

  1. ¿Exigimos de los otros ( esposa/o, hijos, familiares, amigos ) más de lo que somos capaces de dar? 

 

 

Señor Jesús,

quiero permanecer en Tu amor

y que eso sea para mí una fuente de gozo y no una carga.

Te prometo intentar dar amor a los otros siguiendo tu ejemplo de amor

Leer más ...

La verdadera vid

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 29 de abril de 2018 – 5to. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 15, 1 – 8

Jesús, la verdadera vid

1«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. 2 El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.

3Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié.

4 Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.

5Yo soy la vid, ustedes los sarmientos

El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.

6Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge,

    se arroja al fuego y arde.

7Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.

8La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

      En el texto de este domingo, los discípulos de Jesús son comparados con los sarmientos. Cuando están unidos a la vid reciben de ella la savia de la vida. Si se separan de la vid, se secan, Esta alegoría se aplica a todos nosotros. Nos dice que para crecer debemos permanecer unidos a Él. Nos está diciendo que estamos unidos a Él con un vínculo tan profundo y tan vital como los sarmientos están unidos a la vid. El sarmiento es una parte de la vid, por ambos corre la misma savia.

      Los sarmientos tienen que estar siempre unidos a la vid para seguir viviendo y para poder dar fruto. Llevada esta alegoría a nosotros, no se trata de una unión física, sino espiritual, la unión del amor que nos une a nuestro Señor Jesucristo

      Cuidar de nuestra familia, ser parte activa de ella, involucrarse, interesarse por todos y cada uno de sus miembros también son formas de trabajar en la viña del Señor, para que produzcamos los frutos del Reino de Dios.  Cada miembro de la familia debería tomar a los otros como los sarmientos que el Señor nos ha pedido que cuidemos y que los ayudemos a dar frutos. Cuidarlos implica alimentarlos, podarlos, estar atentos a cómo los vemos y a sus necesidades. Y eso lo lograremos si estamos permanentemente unidos a ellos por el poderoso lazo del amor.  En Jesús encontramos esa energía, esa “savia” (su Palabra), que nos permite hacerlo

 

  1. Con respecto a nuestro matrimonio ¿nos ayudamos mutuamente a crecer?

 

  1. En cuanto a nuestros hijos ¿cuidamos de ellos y los “podamos” (guiamos, corregimos, acompañamos, ponemos límites, con diálogo y sabiendo escuchar) cuando lo necesitan?

 

 

Señor Jesús,

dame la gracia de purificarme con tu Palabra.

Que mi vida sea fecunda y

que te ayude a cuidar esa vid que es mi familia.

 

Leer más ...

El buen Pastor

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 22 de abril de 2018 – 4to. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 10, 11 – 18

 

El buen Pastor

11 Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.

12El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo

las abandona y huye. y el lobo las arrebata y la dispersa. 13 Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.

14 Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí  15 –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas.

16Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.

17El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.

18Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».

                   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        La figura del pastor era muy familiar en la tradición de Israel. Moisés, Saúl, David y otros líderes habían sido pastores. Al pueblo le agradaba imaginar a Dios como un «pastor» que cuida a su pueblo, lo alimenta y lo defiende.  Con el tiempo, el término «pastor» comenzó a utilizarse para designar también a los jefes del pueblo.  Cuando en las primeras comunidades cristianas comenzaron los conflictos y disensiones, los seguidores de Jesús sintieron la necesidad de recordar que sólo Él es el modelo del Buen Pastor, el que actúa sólo por amor, el que se entrega a las ”ovejas perdidas de Israel”: las más débiles, las más descarriadas.       Y la vocación al sacerdocio se trata de seguir ese modelo de buen pastor, el que siempre trata a sus hermanos con cuidado y amor, la invitación a entregarse a la humanidad como lo hizo Jesús.

            La familia ocupa un rol fundamental en el surgimiento y desarrollo de las vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa.

            En primer lugar porque en ella se descubre la dignidad de la vida humana proveniente del amor de Dios que se plasma en el amor de los padres a los hijos. Saberse profundamente amado otorga alegría, serenidad y solidez anímica para escuchar la voz de Dios que llama a dar la propia vida por amor, discerniendo cómo llevar a cabo un proyecto de vida que apunte a la multiplicación de los dones recibidos para el bien propio y el de la comunidad. 

            En segundo lugar, una familia que vive valores como la fe, la solidaridad y el espíritu de colaboración mutua abre el corazón de los jóvenes a una gozosa actitud de servicio que es, al decir del Papa Francisco, saber “salir de sí mismos”, venciendo la “autorreferencialidad”, para ir al encuentro de Dios y el prójimo a través de una vocación que comprometa toda la vida, sin temores y con grandeza de espíritu.

           

  1. ¿Se dan en nuestra familia las condiciones necesarias (fe celebrada, alegría de compartir, capacidad de escucha) que favorezcan un eventual surgimiento de  vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa?

 

  1. ¿Estaríamos contentos si uno de nuestros hijos o hijas manifiesta el deseo de consagrarse a Dios?

 

Señor Jesús,

Que nosotros como familias cristianas y

que quienes ya abrazaron la vocación religiosa,

seamos propulsores creíbles de nuevas vocaciones

Leer más ...

La aparición de Jesús a los apóstoles

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 15 de abril de 2018 – 3er. Domingo de Pascua

Evangelio según san Lucas 24, 35 – 48

 

 35Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

La aparición de Jesús a los apóstoles

        36 Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». 37 Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,   38 pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?     39 Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo». 40 Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. 41 Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?». 42 Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; 43 él lo tomó y lo comió delante de todos.

Últimas instrucciones de Jesús

        44 Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos». 45 Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, 46 y añadió: «Así esta escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, 47 y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.48 Ustedes son testigos de todo esto.

       Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        En lo que sucedió según este relato evangélico confirmamos que la fe en Cristo resucitado no nace de manera automática y segura. Los discípulos tenían a Jesús en medio de ellos y aún así les costaba creer. Todavía los atrapaba el desconcierto y el miedo.  Jesús necesito “abrirles la inteligencia” para que comprendieran que era el resucitado. Y así, finalmente, les recuerda cual es su misión:  ser testigos, la mejor manera de anunciar la Buena Nueva.

        Puede ser que a nosotros, o a algunos miembros de nuestra familia, la fe no nos nazca de manera automática y segura, por más que lo deseemos. Tendremos dudas o interrogantes. Quizá nos lleve mucho tiempo el superarlas. Alcanzar ese momento en que comprendamos que Él está a tu lado y sólo necesitás darle lugar dentro tuyo; que en Él está la fortaleza que te hace falta, el amor que quizá no demos a todos, la paz que nos cuesta lograr en esta sociedad. 

        Así nos convertiremos también en testigos. No necesitaremos enseñar doctrina sino contagiar nuestra experiencia de ese Dios siempre presente. Si experimentamos a Jesús lleno de vida, tendremos la necesidad de contarlo a otros, quizá sin discursos, ni siquiera con palabras. A lo sumo diciendo “es esta fe la que me hace vivir con esperanza, la que me hace afrontar mejor las malas y compartir alegremente las buenas”. El testigo comunica lo que vive. Habla de lo que le ha pasado a él en el camino. Dice lo que ha visto cuando se le han abierto los ojos. Ofrece su experiencia, no su sabiduría. Irradia y contagia vida, no doctrina. No enseña teología, “hace discípulos” de Jesús.

 

 

  • ¿Tu fe te permite superar tus dudas e interrogantes?
  • ¿Cómo podés mejorar tu condición de testigo de Cristo resucitado dentro de tu familia?

 

Señor Jesús,

Quiero superar mis dudas e interrogantes

y así poder creer sin vueltas en que siempre estás a mi lado.

“Abrí mi inteligencia” para que así sea.

Leer más ...

Abrir las puertas

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 8 de abril de 2018 – 2do. Domingo de Pascua

Evangelio según san Juan 20, 19 – 31

 

 Apariciones de Jesús a los discípulos

      19  Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!

Como el Padre me envió a mí,  yo también los envío a ustedes»  22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió

«Reciban al Espíritu Santo.  23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

 

      24Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». 26 Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 27 Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». 28 Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!.

29Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».

Conclusión

 

     30 Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 31 Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        En este pasaje vemos cual era la situación de los discípulos de Jesús luego de su muerte y sin terminar de creer totalmente en su resurrección.  Encerrados, temerosos, sin escuchar lo que sucede afuera. Necesitaron ver entre ellos al Cristo resucitado para abrirse, para retomar la alegría, para recuperar la paz.

        Y eso mismo puede suceder con nuestra familia. Sin la presencia viva de Jesús, sin sus enseñanzas vividas cotidianamente, nos convertimos en un grupo de personas que viven “en una casa con las puertas cerradas”. No sólo hacia afuera sino también entre nosotros. No le daremos lugar al encuentro ni al diálogo abierto, misericordioso, contenedor.  No tendremos confianza en los otros, nos llenaremos de recelos y prejuicios.  Ese miedo bloquea la magnífica energía contenida por todos los miembros de una familia, cada uno desde su lugar y con sus capacidades. 

          Dejemos entrar a Jesús en nuestra casa, que sea Él nuestra fuente de vida y alegría.  Y si dentro de nuestra familia apareciese “algún Tomás” no nos desesperemos ni lo apuremos. Démosle tiempo para que un día llegue a descubrirlo.

        Demos testimonio que la resurrección de Jesús y, por tanto, su presencia entre nosotros, es más que una doctrina pensada y predicada. Es una experiencia vivida. Su presencia viva nos ayuda a repensar nuestra vida en función a su ejemplo.

         Dejemos que el Cristo resucitado sea fuente de nuestra alegría y generador de nuestra paz.

 

 

  • ¿Creo realmente en Cristo resucitado o estoy aún buscando más pruebas?
  • ¿Cuáles son las puertas que debo abrir para que entre el Señor y pueda comunicar su presencia?

 

Señor Jesús,

Dame la paz y la alegría que le diste a tus discípulos.

Ayudame a abrir esas puertas que pudiesen

impedirme comunicar tu Buena Noticia a mi familia.

Leer más ...

Encontrar al Resucitado

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 1 de abril de 2018 – Pascua de Resurrección

Evangelio según san Juan 20, 1 – 9

 El sepulcro vacío

        1El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 2 Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

      3 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5 Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, 7 y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. 9 Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

                Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        En este pasaje evangélico vemos qué les pasó a aquellos discípulos que fueron a buscar a Jesús en su tumba. No lo encontraron allí. Lo buscaron entre los muertos y allí no estaba. Se habían hecho realidad sus palabras: había resucitado.  No encontraron a Jesús entre los muertos. Para encontrarlo tuvieron que seguirlo, tuvieron que ir a Galilea, adonde lo habían visto curar, perdonar, liberar, contener, despertar en todos una esperanza nueva. Y ahí lo volvieron a ver.

       Lo mismo nos pasa hoy a nosotros.  No busquemos a Dios en el mundo del pasado, de lo muerto. Busquémoslo siguiendo a Jesús (y a su forma de vivir) en el mundo de hoy.  Creamos en el Resucitado, que se nos presenta a diario en nuestro mundo. Sepámoslo ver en nuestro cónyuge, en nuestros padres, en nuestros hijos, en nuestro prójimo. Y actuemos con todos ellos como Él nos enseñó (curando, perdonando, liberando, conteniendo, despertando esperanza en todos aquellos que nos rodean).

      Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor. Todo alcanzará en Dios su plenitud.

      Domingo de Pascua, la gran fiesta de los cristianos. La confirmación de nuestra esperanza. Dios sólo quiere la vida, la vida perdurable, y nos lo demuestra con su resurrección. Hoy es la fiesta de todos.    

 

 

  • ¿Vivimos la Pascua con la alegría de creer en Aquel que da vida?
  • ¿Damos nosotros también, en la medida de nuestras posibilidades, nuestra vida para mejorar la de los demás?

Señor Jesús,

Creo en Vos y en tu resurrección.

Creo que estás acompañándonos a lo largo de nuestra vida.

Dame la esperanza de una vida nueva y

ayúdame a construirla en mi familia.

Leer más ...

La Sagrada Familia

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 31 de diciembre de 2017 – La Sagrada Familia

Evangelio según san Lucas 2, 22 – 40

 

La presentación de Jesús en el Templo            22 Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. 24 También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

El canto de Simeón            25 Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él 26 y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. 27 Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, 28 Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:  29 "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,  30 porque mis ojos han visto la salvación  31 que preparaste delante de todos los pueblos:  32 luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".

La profecía de Simeón           33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. 34 Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, 35 y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".

La profecía de Ana            36 Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. 37 Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. 38 Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

La infancia de Jesús en Nazaret           39 Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.

40 El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Cumpliendo con lo que disponía la religión judía, María y José llevan a Jesús al Templo para presentarlo ante Dios y hacer la ofrenda correspondiente.  Estando allí es observado por Simeón y por Ana quienes lo  reconocen de inmediato. Y no sólo lo expresan a viva voz sino que le anticipan a María que Jesús será fuente de inmensa alegría pero también de dolor.

       Fijemos nuestra atención en Simeón.  Un hombre del pueblo, un buen judío que como todos estaba esperando la venida del Mesías. Al verlo se da cuenta que Jesús es ese Salvador que llevaba años esperando. Y lo acoge de inmediato, con alegría, bendiciendo a Dios y a los papás de Jesús. Sin embargo, sus palabras no fueron del todo tranquilizadoras. Reconoce que Jesús vino a proponer al mundo un proceso conflictivo de conversión interior para poder vivir tranquilos y en paz.  Lo que Simeón profetizó en ese momento sigue vigente hoy. El Señor está presente para ayudarnos y acompañarnos en este proceso. 

     Vayamos ahora al segundo punto a reflexionar con este texto: Jesús en medio de su familia. Una familia común, que en este pasaje se muestra como una familia piadosa, con capacidad de admiración, y de aceptación.  Si bien vemos a esta familia en un momento extraordinario en el Templo, sabemos que también tuvo muchos momentos de vida sencilla, monótona, de trabajo. Como las nuestras.

     A través de la Sagrada Familia, Jesús nos quiere enseñar que la familia es sagrada. Y es en esa familia de la que somos parte, completa o incompleta, muy feliz o con dificultades, que podemos vivir la contención, la protección, la misericordia, la bondad, la humildad, saber comprendernos mutuamente, y sobre todo, amarnos. Nadie nos puede quitar la decisión de vivir nuestra familia con esos valores, ni la esperanza de poder lograrlo plenamente.

        

 

1       Así como sucedió con Simeón, ¿sos capaz de descubrir la presencia de Dios en el otro?

2       ¿Cuidas a tu familia como se cuida a algo sagrado? ¿Es Dios el modelo del amor entre sus miembros?

 

 

Señor Jesús,

que quisiste pasar la mayor parte de tu vida en una familia,

bendice a la mía

para que en ella reine la fe, la paz y el amor. 

Leer más ...

Alegrémonos

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 24 de diciembre de 2017 – 4to. Domingo de Adviento

Evangelio según san Lucas 1, 26 – 38

El anuncio del nacimiento de Jesús

        26 En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. 28 El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". 29 Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. 30 Pero el Angel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. 31 Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; 32 él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". 34 María dijo al Angel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?. 35 El Angel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. 36 También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, 37 porque no hay nada imposible para Dios". 38 María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Angel se alejó.

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Como lectura principal de este 4to. Domingo de Adviento, se ha elegido un texto que nos remite a la figura de María.   María recibe un mensaje incomprensible para su realidad de joven sencilla, de pueblo, insignificante para la sociedad de esa época. María no comprende cómo se realizará el anuncio que le efectuó el ángel (“¿cómo puede ser eso?”). Pero no duda en aceptarlo (“que se cumpla en mí”).

        En el relato de la Anunciación a María, una vez más recordamos la llegada de Dios a nuestras vidas, de manera humilde, en la sencillez de una familia común. Y en aquel tiempo, esa venida le causó a María una gran esperanza, dejando de lado el lógico temor que podría sentir. Fue el comenzar “una nueva vida” en la que Dios la acompañaría desde muy cerca. Y en estos tiempos, así deberíamos sentirlo nosotros. Dios cerca nuestro, Dios cerca de nuestras alegrías y de nuestros problemas. Dios como compañía permanente. 

       Alegrémonos, no temamos, dejemos que ese Niño de Belén esté en nosotros. La alegría que el ángel le anuncia a María es la alegría del compartir, no la de acaparar objetos;  la alegría de servir, no la de dominar:   la alegría de acoger, no la de imponer;   la alegría de ser libres, no la de vivir esclavos de algo. Es la alegría de no estar solo, de saber que alguien te ama y te ayuda, de estar seguro que todo terminará bien.

       Ya muy cerca de la noche en que festejaremos la venida del Niño Jesús, tomemos el ejemplo de esta muchacha de Nazaret que recibe el anuncio de la venida de Dios a su vida sin vueltas, con total confianza, con plena fe, aunque no comprenda bien cómo será de ahora en más. Tengamos esa misma actitud de fe, de esperanza, de alegría. Acojamos esa venida en lo más profundo de nuestro ser y de nuestro hacer. Que la Navidad no se transforme sólo en una fiesta superficial sino que nos dejemos fecundar por ese Niño, con su humildad y su entrega a la humanidad (que en nuestro caso debe ser ante todo a nuestra familia).

 

 

1       María se alegró, no temió y dejó que el Señor “haga” en ella ¿En qué deberías trabajar vos para parecerte más a ella?

2       ¿Cómo pensás compartir la alegría de la Navidad con tu familia?

 

Señor,

quiero alegrarme con tu venida como lo hizo Maria.

Quiero estar dispuesto a lo que Vos quieras como lo hizo María.

Te ruego actúes en lo más profundo de mi ser para que así sea. 

Leer más ...

Allanar el camino del Señor

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 17 de diciembre de 2017 – 3er. Domingo de Adviento

Evangelio según san Juan 1, 6 – 8.19 - 28

 

6 Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

7 Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

8 El no era la luz, sino el testigo de la luz.

Testimonio de Juan el Bautista.  Jesús, el Cordero de Dios

19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?  20 El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".  21 ¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió.  22 Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?  23 Y él les dijo: "Yo soy

     una voz que grita en el desierto:

     Allanen el camino del Señor,

como dijo el profeta Isaías".

24 Algunos de los enviados eran fariseos, 25 y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta? 26 Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". 28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        En esta reflexión los invitamos a prestar atención a quien elige Dios para que anuncie la llegada de Jesús. Elige a Juan el Bautista, “un hombre”. No mandó a un sumo sacerdote, a un notable de la comunidad o a un noble de origen.  Es un hombre común al que Dios envía como “testigo de la luz”.  El mismo Juan es totalmente consciente de esto y no busca ser original ni hacer valer su misión para destacarse.

        El testigo de Dios, aquel que da verdadero testimonio de Jesucristo, no trata de impactar a nadie, no se da importancia, Sencillamente vive su vida de manera convencida. Se le ve que Dios ilumina su vida. Lo irradia en su manera de vivir y de creer.  No habla mucho pero es una voz autorizada. Puede no hablar de Dios pero invita a creer en Él. No condena a nadie sino que contagia confianza, libera de miedos, abre caminos, allana el camino del Señor.

        Seguramente en tu vida conocerás algunos de estos “pequeños testigos”. Creyentes sencillos, humildes, conocidos sólo en su entorno. Personas entrañablemente buenas. Viven desde la verdad y el amor. Ellos nos «allanan el camino» hacia Dios.

        Nosotros tenemos que hacer esto en nuestra familia. Proclamar al Señor desde las cosas cotidianas de nuestra vida. Cuidando siempre de hacer todo por amor. Alentando a producir un cambio interior, que tiene que empezar por nosotros mismos. Y pidiéndole al Señor que nos de la misma valentía que a Juan, lo que nos permitirá a través de nuestro testimonio proclamar la Verdad, así nos parezca que a veces estamos en un desierto y que nadie nos escucha

 

 

1       En tu familia, ¿qué gesto o actitud crees que deberías cambiar para “allanar el camino” al Señor?

 

2       ¿Qué hacés para evitar dejarte vencer a veces por la sensación de estar gritando en el desierto?

 

Señor,

me ofrezco para ser tu humilde instrumento.

Quiero allanar los caminos para que llegues a todos los corazones.

Dame tu gracia para ser como Juan el Bautista en medio de mi gente.

Leer más ...

Ir al desierto

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 10 de diciembre de 2017 – 2do. Domingo de Adviento

Evangelio según san Marcos 1, 1 – 8

 

La predicación de Juan el Bautista

1 Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en el libro del profeta Isaías:  

      Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.  3 Una voz grita en el desierto:

     Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos,

4 así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

6 Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:  "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.   8 Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Juan el Bautista es el profeta que vino a prepararle el camino a Jesús. Lo hace pidiendo a todos que se conviertan, que pidan perdón por sus faltas. Y no es por casualidad que ese llamado lo haga en el desierto.  Lejos del bullicio del Templo, lejos de las órdenes recibidas desde Roma, lejos de todo lo que los pueda distraer.  La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere de tiempo y trabajo interior para reconocer la conversión que necesitamos de manera de acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

        El mundo actual, la forma en que vivimos, está lleno de cosas y situaciones que puede hacernos difícil “ir al desierto”, tomarnos ese tiempo de reflexión y luego la decisión de convertirnos para acoger realmente en nuestra vida la verdad de Jesucristo. “Ir al desierto” nos permitirá reflexionar sobre cuatro sentimientos: “culpa”, “temor”, “alegría” y “seguridad”. Ver cómo los vivimos sin convertirnos y cómo esto cambiaría con nuestra conversión , siguiendo el llamado que comenzó hace tantos años Juan el Bautista.

      Aceptar esa invitación nos hace prestarle atención a lo que nos vino a anunciar Jesús: la Buena Nueva. Y ello provocará ese encuentro con Jesús que nos hará sentir liberados de nuestras culpas y de nuestros temores, alegres de estar en la verdad, seguros del camino elegido

 

 

1       ¿Escucho esa voz interior que me invita a cambiar aquello que no se ajusta a la verdad de Jesucristo?

 

2       ¿Cómo me puedo generar “tiempos” que me den esa tranquilidad similar a “estar en el desierto”?

 

 

Señor,

escuché tu llamado y aquí estoy.

Quiero ser tu humilde servidor y para ello

estoy dispuesto a convertir lo malo que haya en mí. 

Leer más ...