¿Por qué dudaste?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 13 de agosto de 2017 – 19no. durante el año

 

Evangelio según san Mateo 14, 22 - 33

Jesús camina sobre el mar

      22 En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 23 Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. 24 La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. 25 A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. 27 Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". 28 Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". 29 "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. 30 Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". 31 En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?. 32 En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. 33 Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

Centremos nuestra reflexión en tres pasajes de este texto evangélico:

-        Los discípulos en la barca en medio de la tormenta estaban asustados y no reconocieron a Jesús. 

   Esa barca hoy puede ser nuestro hogar, y los discípulos a bordo de ella puede ser nuestra familia.  Estamos rodeados de una tempestad que nos asusta. Podemos sentirnos en medio de una noche oscura. Y, a pesar de que Jesús quiere ayudarnos, nuestra preocupación por el día a día y por cómo proteger a nuestra familia nos impide distinguirlo. ¿Dónde está Jesús ofreciendo ayudarnos? ¿Porqué no lo escuchamos? ¿Qué no nos deja ver más allá de nuestros temores?

-        Pedro quiso ir a su encuentro pero, por falta de fe, comenzó a hundirse. 

    Pedro lo escuchó, le hizo caso a su indicación pero, ante el primer escollo, dudó que la solución fuese por ese lado y comenzó a hundirse. Así nos puede pasar a nosotros. Pensamos que Jesús nos puede ayudar, seguimos sus enseñanzas pero como vemos que siguen los problemas o amenazas a nuestra familia, dudamos que Él sea la solución y nuestra fe se debilita.

    ¿Qué pasó cuando Jesús vio a Pedro hundirse? ¿Lo dejó ahogarse mientras le decía: “jorobate por peder la fe en mí?.  No, le ofreció su mano y lo rescató.  Así también va a obrar con nosotros hoy. Así nuestra fe se debilite, su lealtad se mantendrá, siempre estará dispuesto a tendernos su mano.

-        -Apenas Jesús subió a la barca, la tormenta amainó. 

    ¡Qué maravilloso ¡ Si dejamos que Jesús entre a “la barca de nuestro hogar”, también nosotros experimentaremos que la tormenta se calma. Pueda ser que el mal clima siga afuera pero en nuestro hogar, en nuestra familia, tendremos la certeza de estar en el camino verdadero, junto a Aquel que nos da la paz verdadera

 

1       ¿Escucho a Jesús en medio de la tormenta? ¿”Camino sobre el agua” o busco “caminos seguros”?

2       ¿Experimentamos la paz de Jesús cuando entra a “nuestra barca”? ¿Trasmito esa experiencia a mis hijos?

 

Señor,

junto a mi familia, muchas veces nos sentimos en medio de una tormenta y

nos cuesta escucharte en medio de la noche. 

Ayudanos a recordar que siempre estás ahí tendiéndonos tu mano y que,

al dejarte entrar en nuestro hogar, podremos experimentar Tu Paz.

 

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Un tesoro escondido

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 30 de julio de 2017 – 17mo. durante el año

 

Evangelio según san Mateo 13, 44 - 52

La parábola del tesoro

        44 El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

La parábola de la perla

        45 El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;

46 y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

La parábola de la red

        47 El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. 48 Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. 49 Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, 50 para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Conclusión

        51 ¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron. 52 Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".

    Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

Como vemos concretamente en este pasaje, el verdadero núcleo de todo el Evangelio es el anuncio que Jesús hace del Reino de Dios. Cabe recordar que para alcanzar ese Reino se nos propone colaborar en la humanización de este mundo, trabajando para que sea más digno, más dichoso, y así nos encaminaremos hacia nuestra salvación definitiva en Dios.

         Jesús advierte que en aquellos tiempos (¿sólo en “aquellos” tiempos?) la gente tenía falta de entusiasmo y falta de alegría en cuanto a su pedido de conversión del modo de vida. Es por eso que les relata las parábolas contenidas en el pasaje evangélico de este domingo, o sea, para atraerlos al Reino de Dios.

         Las dos primeras parábolas tienen un mismo mensaje: descubrir algo tan valioso, que nos lleve a dejar todo lo que tenemos para quedarnos con ese tesoro. Dejar las cosas que me absorben, que me dominan, que me alejan de Dios, de ese Dios que se me presenta a diario en mi cónyuge, en mis hijos, en ese familiar o vecino, en mi comunidad.

       Ante esta propuesta de Jesús nos podemos plantear: ¿vale la pena comprometernos en su proyecto de humanizar la vida (mía, de mi familia, de toda la sociedad) o es más práctico que me ocupe sólo de mi propio bienestar?  Se nos puede pasar la vida sin tomar una decisión…  

      Aprovechemos la reflexión de este pasaje para preguntarnos cuánto nos atrae Dios y su Reino. ¿Siento atracción por Él?, ¿O simplemente “sigo” a Dios sin mucho compromiso hacia su proyecto de humanizar la vida en esta tierra como paso hacia la salvación eterna? Nuestra fe, nuestra vivencia religiosa ¿nos ha hecho encontrar el tesoro del Reino?

 

1       ¿Descubrí ese tesoro o sigo a Dios por costumbre, por obligación, por miedo?

2       ¿Qué cambió en mi vida y en la de mi familia desde que descubrí ese tesoro?

 

Señor,

quiero estar siempre atraído por tu Reino,

a pesar de las cosas que vea y padezca en este mundo.

Dame fuerza y sabiduría para poder ayudarte a humanizar

mi vida, la de mi familia y la de aquellos a quienes pueda llegar.

 

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Tres parábolas

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 23 de julio de 2017 – 16to. durante el año

Evangelio según san Mateo 13, 24 - 43

La parábola de la cizaña

      24 Y les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. 27 Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'. 28 El les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'. 29 'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. 30 Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'.

La parábola del grano de mostaza

      31 También les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. 32 En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".

La parábola de la levadura

      33 Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".

La enseñanza por medio de parábolas

      34 Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, 35 para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

Explicación de la parábola de la cizaña

36 Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo". 37 El les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38 el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, 39 y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. 40 Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. 41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, 42 y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!

           Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        El pasaje evangélico de este domingo contiene tres parábolas que pueden ser reflexionadas pensando en el ambiente familiar.

        Parábola de la cizaña: aquellos que cuidan el campo ven crecer cizaña en medio del trigo. Y quieren arrancarla ya. El Señor les dice que no, que ante el riesgo de confundirse y arrancar parte del trigo, lo dejen crecer hasta el final y Él entonces separará el trigo de la cizaña. A veces tendemos a querer ”arrancar” lo que no está creciendo “como trigo” apenas lo notamos. El Señor nos pide paciencia. Que lo mejor de esa persona puede venir en el futuro. Que ahora puede apuntar a ser cizaña pero que en el futuro puede convertirse en trigo. Por supuesto que, pare ello, nosotros seremos una pieza importante (lo veremos en las dos parábolas siguientes).

      Parábola del grano de mostaza: Como sucede con esta pequeña semilla, Jesús nos invita a tener un comienzo humilde en nuestra tarea de llevar sus enseñanzas a nuestros hijos y al resto de la familia. Comienzo humilde que, si viene acompañado de un testimonio de vida coherente, tendrá una poderosa fuerza transformadora.

        Parábola de la levadura: siguiendo en la misma propuesta, Jesús nos invita a trabajar calladamente desde “dentro de la masa”, más con el ejemplo que con palabras ampulosas, Colaborando con Jesús promoviendo la armonía familiar, el respeto del otro, la ayuda a aquel que le esté necesitando.

        Confiemos. El Reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Colaboremos con Él siguiendo las enseñanzas de Jesús.

 

1       ¿A quién de mi familia tengo el riesgo de pensar que es todo cizaña? ¿Qué puedo hacer yo para que se torne en trigo?

2       Sabiendo que en cada uno de nosotros, parte de una familia, hay trigo pero también hay cizaña, ¿centramos nuestro esfuerzo en alabar y fortalecer todo aquello que es trigo o sólo nos centramos en señalar la cizaña?

 

Señor,

dame paciencia y sabiduría para poder ayudar a aquellos de mi familia que pudieran ser cizaña.

Dame humildad para trabajar calladamente en mi hogar.

Dame fortaleza para poder enseñar siempre con mi ejemplo de vida

que el Reino de Dios comienza ya en esta tierra,

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¡Felices sus oídos porque oyen!

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 16 de julio de 2017 – 15to. durante el año

Evangelio según san Mateo 13, 1 - 23

        1 Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. 2 Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. 3 Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.

    Les decía: "El sembrador salió a sembrar. 4 Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. 5 Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; 6 pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. 7 Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. 8 Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. 9 ¡El que tenga oídos, que oiga!.

    10Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?. 11 El les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. 12Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. 13 Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. 14 Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán,

por más que vean, no conocerán, 15 Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.

    16 Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. 17 Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.

    18 Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. 19 Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. 20 El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, 21 pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. 22 El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. 23 Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Muchos de los que leen esta reflexión son, consciente o inconscientemente, “agentes de pastoral familiar”, o sea, dedican parte de su vida a acompañar y guiar a familias (ante todo a la suya) en su camino de crecimiento a la luz de las enseñanzas de Jesús. Es por eso que se preguntan:¿cómo hubiese actuado Jesús en esta circunstancia y cómo puedo hacerlo yo ahora?   Al reflexionar sobre este pasaje evangélico, centremos nuestra atención en la actitud del sembrador en vez de lo habitual que es ver las clases de terreno donde cae la semilla.

    Al comenzar su lectura ya se nos da una clave: “salió de la casa”. Salir, salir de nuestra zona de confort, reconocer que no estamos solos en el mundo y que tenemos que salir al encuentro del otro (cónyuge, hijos, prójimo)

  Y luego sigue diciéndonos “y se sentó a orillas del mar”. No fue a realizar un gran acto público ni comenzó a gritar su anuncio. Se sentó, esperó a cruzarse con quien sea, con quien estuviese necesitado de ser escuchado y de recibir palabras esclarecedoras.

  “Les habló extensamente por medio de parábolas”. Se comunicó con ellos de una manera sencilla, adaptando su mensaje a quienes son sus interlocutores. Sabiendo que no todos son iguales ni se debe esperar la misma comprensión por parte de todos.

    Observando cómo es la actitud del sembrador, reflexionemos sobre lo que podemos hacer nosotros. Teniendo en cuenta que, en un mundo tan cambiante, donde todo se recrea constantemente, la evangelización es dar una respuesta actual a los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de nuestro tiempo, basados en el Evangelio.  Es la hora de sembrar en los corazones de nuestra familia, de nuestro prójimo, lo esencial del Evangelio. Despertemos nuestra fe y la de los demás sembrando la vida nueva que nos trae la Palabra.

1       ¿Estás más dedicado a sobrevivir que a sembrar vida nueva? ¿Es necesario que cambies?  

2       ¿En qué terreno deberías sembrar más en este tiempo?

 

Señor,

quiero ser un sembrador como Vos,

te pido fortaleza para no desesperanzarme si el terreno no es fértil o

si las preocupaciones me ahogan.

Hazme ser capaz de trasmitir vida nueva con mi testimonio.

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"Vengan a mí"

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 9 de julio de 2017 – 14to. durante el año

Evangelio según san Mateo 11, 25 - 30

   25 En esa oportunidad, Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. 26 Sí, Padre, porque así lo has querido. 27 Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 28 Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 29 Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".

         Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Ante el estado actual de la sociedad, ante los problemas que viene enfrentando nuestro país hace tanto tiempo, ante las eventuales dificultades que podemos tener en lo personal o en el ámbito familiar, muchos de nosotros nos podemos sentir desalentados , afligidos.  Es como que la vida se nos hiciese una carga pesada. Y aquí viene la primera invitación que nos hace Jesús en este pasaje evangélico:  “Vengan a mí, yo los aliviaré”.  Nos dice que contemos con Él, que sabe de qué se trata, que conoce cómo nos sentimos. Y se ofrece a ayudarnos.

        E inmediatamente nos hace un segundo llamado: “Carguen mi yugo y aprendan de mí”  Nos invita a dejar de lado los yugos que nos cargamos actualmente: el yugo de tener todo lo que nos ofrecen, el yugo de querer ser feliz a cualquier precio, y tantos otros que cada uno de nosotros identificará. Y nos invita a cambiarlos por el yugo de ÉL y aprender de Él cómo se carga con ese yugo. Nos invita a cambiarlo por el yugo del amor, y a dejarnos guiar por sus enseñanzas para saber cómo amar en todo instante. Aprender de su mansedumbre y humildad.  Convertirnos en pacientes y humildes.

    Y, por si nos quedase alguna duda, al final nos aclara que su yugo es suave y su carga es liviana. Por el contrario, si nos dejamos llevar por el mundo actual, ¿cuan pesado es el yugo que debemos cargar para “estar a tono” con todo lo que nos propone?, ¿qué peso nos cargamos por “seguir la moda”? 

    Jesús nos invita, en definitiva, a que nuestro modo de ver y entender la religión nos lleve a vivir a Jesús en nuestras vidas con alegría, sabiendo que Él nos ayuda a vivir mejor.    

 

1       ¿De qué “yugos” debo descargarme para seguir realmente a Jesús?

2       ¿Cómo puedo trasmitir a mi familia este mensaje evangélico?

 

Señor,

Te pedimos que vengas a nuestras familias y alivies nuestras cargas,

queremos aprender de Vos cómo vivir amando según tus enseñanzas.

Y que María, tu Madre, nos acompañe y nos ayude.

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"Toma tu cruz y sígueme"

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 2 de julio de 2017 – 13ro. durante el año

 

Evangelio según san Mateo 10, 37 - 42

            37El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.  38 El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.  39 El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

        40El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.  41 El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo, tendrá la recompensa de un justo.  42 Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».

         Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Ser cristiano no es buscar el Dios que me conviene y me dice «sí» a todo, sino el Dios que, precisamente por ser Amigo, despierta mi responsabilidad y, más de una vez, me hace sufrir, gritar y callar.

        Descubrir el Evangelio como fuente de vida y estímulo de crecimiento significa comprender que la fe cristiana nos llama a aceptar que en la vida tendremos alegrías y también sufrimientos. Seguir las enseñanzas de Cristo nos lleva a no centrar nuestra vida en nuestros intereses personales sino en el bien común. Y puede ser que, a veces, esto nos resulte difícil o nos inquiete. Es que Cristo hace gozar y hace sufrir, consuela e inquieta. Sólo así es camino, verdad y vida.

        Jesús no quiere ver sufrir a nadie. El sufrimiento es malo. Jesús nunca lo buscó ni para sí mismo ni para los demás. Al contrario, vemos en Jesús a un hombre dedicado a eliminar el sufrimiento, suprimir injusticias y contagiar fuerza para vivir. Y nos dice que, si queremos ser sus discípulos, deberíamos seguir ese camino.

         Para seguir este camino de buscar el bien y la felicidad, nuestra y de los otros, a veces nos enfrentaremos a tener que hacer alguna renuncia en lo personal. También nos podemos encontrar con el rechazo y la hostilidad de aquellos a los no les interesa cambio alguno.  Es por eso que el Señor nos dice que, si realmente queremos seguirlo, debemos estar dispuestos a “tomar nuestra cruz”. Pero, también nos dice que nuestras buenas acciones, por más insignificantes que nos parezcan, no quedarán sin recompensa.    

 

1       ¿A quien pensás que tenés que ayudar más en este momento?

2       ¿A qué estás dispuesto a renunciar para poder ayudar a tu familia en lo que necesite?

 

Señor,

quiero seguir tus pasos ayudando a quien lo necesite.

Dame fuerzas para ser capaz de cargar mi cruz y

ayúdame a hacerlo no como una carga sino con la alegría de sentirme tu discípulo.

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No temamos

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 25 de junio de 2017 – 12mo. durante el año

 

 

Evangelio según san Mateo 10, 26 - 33

         26 No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. 27 Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.  28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.  29 ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.  30 Ustedes tienen contados todos sus cabellos.  31 No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.  32 Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.  33 Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

                Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        ¿Quién de nosotros hoy en día no siente inseguridad, miedo, inquietud? Ansiamos poder disfrutar de la serenidad, de la armonía en nuestra patria, en nuestra familia, en nuestros corazones. Ante esto, en este texto del Evangelio el Señor nos llama una vez más a no temer. Nos invita a experimentar a Dios tal cual nos lo enseña Él, una experiencia personal que contribuye a que conozcamos la paz interior.

        ¿Y cómo es experimentar a ese Dios que nos enseña Jesús?  Ante todo, tengamos en cuenta que es un Dios que es sólo amor. Todo lo que nace de Él es amor. De él sólo nos llega vida, paz y bien.  Yo me puedo apartar de él y olvidar su amor, pero él no cambia. El cambio se produce sólo en mí. Él nunca deja de amarme.

 Pero hay algo todavía más conmovedor: Dios me ama incondicionalmente, tal como soy. No tengo que ganarme su amor. No tengo que conquistar su corazón. No tengo que cambiar ni crecer ni ser bueno para ser amado por él.

Llevemos ahora esto a nuestra vida ¿Qué me pide Dios? Sólo que aprenda a amar. No sé en qué circunstancias me puedo encontrar y qué decisiones tendré que tomar, pero Dios sólo espera de mí que ame a las personas y busque su bien. También que me ame a mí mismo, que ame la vida y me esfuerce por hacerla siempre más digna y más humana para todos.

Durante nuestro transitar por esta vida con sus dificultades tratando de experimentar lo más que podamos esa experiencia de amor, de Dios, a la que nos invita Jesús, hay algo que no debemos olvidar. Nunca estaremos solos. El será siempre esa mano fuerte que nos sostendrá en la debilidad, esa luz que nos guiará por sus caminos. Él nos invitará siempre a caminar y decir «Sí» a la vida. Y un día, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, conoceremos junto a Dios la paz y el descanso, la vida y la libertad.

 

 

1       ¿Amo realmente a las personas(mi cónyuge, mis hijos, el resto de la familia, mis vecinos, a todos) como Jesús espera de mí?

2       ¿Ante qué debilidad mía debería pedir más el sostén de Jesús?

 

Señor,

quiero no temer ante las dificultades de esta vida;

sé que cuento con tu soporte y tu guía,

ayúdame a tenerte siempre presente.

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Corpus Christi

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 18 de junio de 2017 – Corpus Christi

 

Evangelio según san Juan 6, 51-58

        51Yo soy el pan vivo bajado del cielo.  El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré

es mi carne para la Vida del mundo».

     52 Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?». 53 Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55 Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. 57 Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida,

vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.

        58Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

     Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Jesús es nuestro gran alimento.  Él nos enseña cual es la verdadera vida. Ël se entregó y se sigue entregando para que la alcancemos. 

        Podemos alimentarnos a través de su Palabra.  De ella se desprende la forma en que nos tenemos que tratar entre todos, cómo reaccionar ante las dificultades, cómo perdonar, cómo amar, cómo ver al mundo. 

        Y también se ofrece como alimento en la Eucaristía. En ese pan convertido en su Cuerpo, signo de los sufrimientos que Él padeció y que nosotros seguramente también afrontamos. Y en el vino convertido en su Sangre, signo de la alegría, el otro componente de nuestras vidas que tenemos que aprender a descubrir y apreciar, así sea en medio de los problemas que pudiéramos tener.

     Es así que la Eucaristía, la Santa Misa, no debe ser vivida como una obligación sino como una celebración. Es el momento en que nos unimos toda la comunidad para alimentar nuestra fe, crecer en fraternidad y reavivar nuestra esperanza en Cristo. Nos reunimos para escuchar sus palabras y dejar que entren en nuestro corazón. Y nos acercamos a comulgar, necesitados de ese otro alimento para fortalecer nuestra adhesión a su estilo de vida. Teniendo presentes que «comulgar» con Jesús es comulgar con alguien que ha vivido y ha muerto «entregado» totalmente por los demás

    En el centro de esa celebración está Cristo vivo.  Como lo expresó el Santo Cura Brochero: “He aquí la prueba infinita del infinito amor hacia el hombre ¡Darse a sí mismo ¡ ¡Identificarse con el hombre, hacerse una sola cosa con el hombre! ¡Unirse para siempre con él!”

   Aprovechemos esta fiesta de Corpus Christi para reflexionar sobre cómo valoramos y vivimos personalmente la Eucaristía y cómo trasmitimos su importancia a nuestra familia.

 

 

1       ¿Soy consciente del valor de la Eucaristía para mi vida?

2       ¿Ayudo al resto de mi familia a comprender cómo Jesús es el gran alimento de nuestras vidas?

 

Señor,

que reconozca tu presencia en la Eucaristía,

que al recibirte deje que transformes mi vida y

que fortalezcas mi decisión de darme a los demás.

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La Santísima Trinidad

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 11 de junio de 2017 – La Santísima Trinidad

 

 

Evangelio según san Juan 3, 16-18

         16Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera,

sino que tenga Vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

18El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        La lectura de este domingo nos llama a reflexionar sobre el misterio de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Recorreremos estas tres personas que forman a nuestro único Dios viendo cómo influyen no sólo en nuestra fe sino en toda nuestra vida.

        ElPadre dio origen al mundo, y ve que su obra no anda bien. Ante ello, no la condena sino que se decide a salvarla. Un Padre en quien confiar porque nos ama ante todo, porque es capaz de perdonarnos todo. Un Padre que puede buscar el encuentro con cada uno de sus hijos por caminos muy diferentes, pero siempre con infinita ternura y gran compasión. El misterio del Padre es amor entrañable y perdón continuo. Ante ese Padre, nuestra primera actitud ha de ser la confianza.

        En el Hijo, en Jesús, nos encontramos con un Dios hecho hombre, amigo, cercano. Vemos a un hombre que concretiza ese amor. Que pone paz en nuestra vida, Que nos hace dejar de lado el miedo dándole paso a la confianza.  Que nos enseña que el gran misterio último de la vida es solo Amor. Ante ese Hijo, nuestra primera actitud ha de ser la adhesión. En nuestro rol como padres, en nuestra familia, reflexionemos sobre cómo nos acercamos a nuestros hijos. Pesemos si nos acercamos a nuestros hijos en sus alegrías y en sus dolores, recordando la actitud del Padre: amor entrañable y perdón continuo.

        El Espíritu Santo es el gran don del Padre y el Hijo para que nos acompañe permanentemente. Si lo recibimos, estamos acogiendo dentro de nosotros la presencia invisible, callada, pero real del misterio de Dios. El recibirlo hace posible que podamos caminar en la verdad de Jesús, que podamos experimentar la fuerza de Jesús. Ante ese Espíritu, la actitud ha de ser la recepción.

 

        Ahora bien, este ideal de vínculo familiar se enfrenta a nuestra realidad personal y de familia. A nuestras dificultades familiares, a nuestras debilidades o vacilaciones personales, a esas cosas que no siempre salen como queremos, por más que trabajemos y nos sacrifiquemos para que así salgan. Es allí donde más debemos apoyarnos en el misterio de la fe. Apoyarnos en estos ideales, inalcanzables quizá en este mundo, pero que nos permiten elevar la mira y actuar de manera que nunca perdamos la esperanza.   Confiar en el Padre, adherir al Hijo, recibir al Espíritu Santo.

 

1       ¿Confío en el Padre, adhiero a Jesús, recibo al Espíritu Santo? ¿porqué?

2       ¿Me apoyo en mi fe ante las dificultades familiares? ¿En qué me ayuda ello?

 

Dios Padre, te doy gracias por tu infinito amor, y confío en Ti

Dios Hijo, te doy gracias porque nos has traído la salvación, y adhiero a tus enseñanzas,

Espíritu Santo, te recibo y te pido me ayudes a superar las dificultades. 

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La paz esté con nosotros

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 4 de junio de 2017 – Pentecostés

 

 

Evangelio según san Juan 20, 19-23

        19Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!

Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes»

        22Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. 23 Los pecados serán perdonados

a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

          Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        En la exhortación final que Jesús hace a sus discípulos antes de su Ascensión, sopla sobre ellos y les infunde el Espíritu Santo.  El Espíritu Santo es la forma que eligió Dios para hacer presente a Jesús en nuestra interioridad y la de toda la comunidad cristiana. Un Espíritu Santo que fortalece nuestra fe, que nos defiende de nuestros miedos y vacilaciones, que nos ayuda a anunciar la Buena Nueva, que nos ayuda a comprender ese mensaje que Jesús les dice, y se los repite, a sus discípulos: “siguiendo a Jesús, la paz está con nosotros”.

     Y también los envía. No les dice en detalle cómo hacerlo, pero les aclara que lo hagan como cuando el Padre lo envió a Él.  Eso hoy nos debe decir que nuestra tarea es la misma de Jesús. Por ejemplo, tenemos que ser en nuestra familia, lo que Jesús fue para el mundo. Tratar a nuestro cónyuge e hijos como Jesús trató a todos, sembrar gestos de liberación y de perdón, no de sojuzgamiento y reproches. Esto no quita que a veces debamos corregir o hacer notar lo que entendemos es un mal. Pero el tema es “cómo” lo hacemos. Amar y cuidar a todos, humanizar sus vidas, y que “nuestras heridas” (renuncias, paciencia, comprensión) sean testimonio de nuestra entrega total.

     En definitiva, Jesús nos llama a mantener vigente su presencia en este mundo, sabiendo que contamos con la ayuda permanente del Espíritu Santo.

 

1       ¿Creo sinceramente que el Espíritu Santo habita en mí?

2       ¿Me cuesta sentir que “la paz está conmigo”? ¿Qué podría hacer para reforzar este mensaje?

 

Ven Espíritu Santo y haceme caminar en la verdad de Jesús.

Ven Espíritu Santo y aumenta mi fe para experimentar la fuerza de Jesús.

Ven Espíritu Santo, transforma mi corazón y convertime a Jesús

Ven Espíritu Santo y defendeme del riesgo de olvidar a Jesús.

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