Producir frutos

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 8 de octubre de 2017 – 27mo. durante el año

Evangelio según san Mateo 21, 33 – 46

La parábola de los viñadores homicidas

          33Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.  34 Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.  35 Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.  36 El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.  37 Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: 'Respetarán a mi hijo'.  38 Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia".  39 Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.  40 Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?.  41 Le respondieron: "Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo".         

          42 Jesús agregó: "¿No han leído nunca en las Escrituras:

La piedra que los constructores rechazaron

ha llegado a ser la piedra angular:

esta es la obra del Señor,

admirable a nuestros ojos?

          43 Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos".  4445Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.  46 Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

       Dios nos habla hoy a través de este texto de una manera directa y fuerte buscando que reflexionemos hasta donde estamos siguiendo sus enseñanzas.  Nos decimos cristianos. Como tales, sabemos que Dios nos ofrece su Reino. Aceptamos su ofrecimiento, esperamos disfrutar de sus beneficios, pero ¿hacemos nuestra parte?, ¿producimos nuestros frutos?

        En el pasaje evangélico de este domingo, la viña representa al pueblo de Israel. En nuestro caso particular esa viña puede ser nuestra familia. Los viñadores somos nosotros, puestos en medio de esa viña. Es lógico que esperemos “nuestra paga” pero para ello es necesario que cumplamos nuestra parte. Si la viña es nuestra familia ¿qué sería lo equivalente a “recoger los frutos”? ¿Qué se espera que hagamos en y para la familia para así cumplir con nuestra misión?  ¿Será sólo llevar el aporte material? ¿no se espera también que aportemos cariño, comprensión, contención, consejo, misericordia, aquello que nuestras capacidades en particular nos permitan brindar a “nuestra viña”? 

       El planteo pudiera ser más serio si al reflexionar sobre esto nos damos cuenta que, en realidad, nuestra actitud es sólo esperar que la familia nos dé cosas a nosotros, sin tener en cuenta nuestra parte. Que esperamos que al volver a casa cansados después de un día de trabajo, la comida esté lista, la casa en orden, los chicos no hagan problemas, que todo esté tranquilo. ¿Es real este deseo, y qué hacemos nosotros para que sea posible? ¿Nosotros no tendríamos que ser parte activa para lograr esto?

        Tomémonos unos instantes y reflexionemos dónde estamos parados nosotros. Leamos el texto, recreemos la escena, trasladémosla a hoy y a nosotros, y veamos qué sucede,

 

 

1       ¿ Qué me estaría faltando aportar a mi familia para ser un buen viñador ?

2       ¿ Hablo con mi cónyuge sobre cómo combinar nuestras capacidades para obtener lo mejor de nuestra viña / familia?

Señor,

Me pusiste en medio de esta viña, mi familia.

Dame la sabiduría de comprender qué debo aportar a ella y

dame la fortaleza necesaria para poder hacerlo.

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¿Voy o no voy?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 1 de octubre de 2017 – 26to. durante el año

Evangelio según san Mateo 21, 28 – 32

  La parábola de los dos hijos

        28 ¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: 'Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña'.  29 El respondió: 'No quiero'. Pero después se arrepintió y fue.  30 Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: 'Voy, Señor', pero no fue.  31 ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?". "El primero", le respondieron.

        Jesús les dijo: "Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios.  32 En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él.

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        En este pasaje el Señor no deja lugar a ninguna duda: lo que se espera de nosotros más que lo que decimos es lo que hacemos. No quedarnos en palabras sino obrar en consecuencia.

         Si prestamos atención al contexto en que el Señor relata esta parábola, Él le está hablando a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Se supone que esa gente hacía alarde de su entrega, de su perfección. Sin embargo, Jesús les quiere hacer pensar que es probable que, cuando les llegase el momento, no supiesen reconocer ni cumplir lo que Dios les pedía concretamente. Quizá se sentían seguros por el cumplimiento de sus deberes religiosos y pensasen que ellos no necesitaban convertirse ni cambiar. Pero, Dios no sólo esperaba de ellos sus promesas y sus rezos sino además que siguiesen efectivamente la Palabra de Dios en su vida diaria.

      Jesús utiliza la figura de los publicanos y las prostitutas pues vivían excluidos del templo y de las prácticas religiosas. Es de suponer que era gente que no le prestaba atención a Dios ni le prometía seguir sus enseñanzas. Sin embargo, eran ellos los que, cuando Dios les ofrece su amistad, escuchan su llamada y dan pasos hacia su conversión.

     En este momento pensemos un poco en cómo vivimos nuestra fe. Decimos que somos cristianos. ¿Por qué?  Nos conmueve la Palabra de Dios y le decimos “sí”, pero después ¿cumplimos lo que en ella se nos dice?. O ¿nuestro carácter nos lleva a no aceptar de entrada lo que nos dice el Señor pero después descubrimos nuestra falencia y nos iniciamos en el camino de convertir esa forma de ser?.  Esto puede suceder una y otra vez. Lo importante es que nos demos cuenta, que tomemos conciencia de cual es la actitud correcta y que efectivamente terminemos adoptándola.

 

 

1       ¿Demostramos que creemos en el Señor con nuestras palabras o con nuestros actos en la vida diaria?

2       ¿A quien de mi familia puedo ayudar en su camino de conversión? ¿cómo?

 

 

Señor,

Dame tu gracia para que no te responda sólo con promesas, sino

que con mi vida te demuestre

 una respuesta generosa y una conversión real.

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¿Está mal que sea bueno?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 24 de septiembre de 2017 – 25to. durante el año

Evangelio según san Mateo 20, 1 – 16

La parábola de los viñadores

        1 Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.  2 Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.  3 Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,  4 les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'.  5 Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.  6 Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'.  7 Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.

        8 Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'.  9 Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.  10 Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.  11 Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,  12 diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'.  13 El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?  14 Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.  15 ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.  16 Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos".

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        El Señor nos sorprende con la lógica de su pensamiento y su sentido de justicia, tan distinto de los que a veces utilizamos nosotros. En esta Parábola, al dueño de la viña pareciese que no le interesa tanto lo que trabaje cada uno de los jornaleros sino más bien que todos ellos tengan trabajo. Si bien el viñador le paga sólo a los obreros que aceptaron ir a trabajar, la paga no se condice con la cantidad de trabajo de cada uno (fueron llevados a la viña a distintas horas) sino con la necesidad de cada uno. No es que a alguno le dio de menos sino que a otros les dio de más. Y ante la pregunta de uno de los obreros que había trabajado desde la primera hora, el Señor le replica: “¿Está mal que yo sea bueno?”

        La justicia de Dios consiste en tratarnos con un amor que está por encima de todos nuestros cálculos.

Esta es la Gran Noticia revelada por Jesús: creer  (y vivir de acuerdo) en un Dios amigo e incondicional y no en un Dios justiciero y amenazador.  El Papa Francisco nos recuerda que el amor de Dios es inmerecido, incondicional y gratuito. Todos somos acogidos y salvados, no por nuestros esfuerzos sino por su misericordia insondable.

          Traslademos esto a nuestra familia, por ejemplo a la relación con nuestros hijos. Quizá nuestra dedicación es inversamente proporcional a lo que algunos de ellos  esperan, o sea, nos dedicamos más a los que “menos satisfacciones nos dan”. Y esto puede no ser entendido por aquellos que cumplieron siempre. Es humano que se sientan así, pero debemos tratar que entiendan que, en el fondo, estamos actuando como verdaderos discípulos de Jesús.  No dejar de darle a aquellos que cumplieron desde la primera hora lo que es justo, lo que les corresponde, pero prestando atención preferencial al necesitado. Es que Dios nos ama siempre y siempre nos da una oportunidad más para superarnos.   Y nosotros deberíamos actuar en consecuencia.

 

1       ¿Podés obrar de esta manera en tu familia? ¿Porqué?

2       ¿Cómo podés hacer entender a tus hijos este concepto de justicia divina?

 

Señor,    

que sea justo en el trato con mi familia.

que yo me dé a cada uno de acuerdo a sus necesidades y

que nadie se sienta incomprendido o no reconocido debidamente.

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El perdón

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 17 de septiembre de 2017 – 24to. durante el año

Evangelio según san Mateo 18, 21 – 35

El perdón de las ofensas

21 Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?.  22 Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

La parábola de los dos deudores

23 Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.  24 Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.  25 Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.  26 El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".  27 El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.  28 Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.  29 El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.  30 Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.  31 Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.  32 Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.  33 ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.  34 E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. 35 Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        El Señor nos plantea hoy un tema fundamental en la relación conyugal y familiar: el perdón. Pedro no le pregunta a Jesús si debe perdonar a su hermano, sino cuántas veces debe perdonarlo. O sea, si mi cónyuge o mi hijo reitera su ofensa, su mala respuesta, su menosprecio, su mentira, y luego viene a pedirme nuevamente que lo perdone; ¿hasta cuando debo tolerar esta situación? 

        Ante la pregunta de Pedro, Jesús responde coherentemente con todo su actuar.  Su amor es infinito, su misericordia es infinita, su capacidad de perdón es infinita. En consecuencia, su respuesta es: “hasta setenta veces siete”, o sea “siempre”.  Y para aclarar más su respuesta les relata la parábola de los dos deudores. Con ella nos quiere hacer notar que, si Dios está dispuesto a perdonarnos siempre, nosotros debemos tener la misma actitud hacia nuestro prójimo.  No quedarnos en el dolor de la ofensa sino saber perdonar a aquel que nos lo pida sinceramente. Jesús no nos pide que seamos “olvidadizos” sino que tengamos la humildad de perdonar, de dar otra oportunidad.

       Dios piensa que lo mejor de cada uno de nosotros está por venir. Es por eso que,  para Él, el perdón no tiene límites. Si bien nosotros queremos seguir sus enseñanzas, no siempre las cumplimos. No siempre nos es fácil el perdón. A veces la ofensa, la falta de respeto hacia nosotros fue grande. Y perdonar, que para Jesús es normal, para nosotros puede ser casi heroico. Recordemos que los valores cristianos son simples de enunciar pero a veces no son fáciles de cumplir.  Ante esto pensemos que una pareja sin mutua comprensión se destruye, una familia sin perdón es un infierno y una sociedad sin compasión es inhumana.

 

 

 

1       ¿me falta pedir perdón por alguna ofensa que cometí? ¿Cuándo lo voy a pedir?

2       ¿Estoy dispuesto a perdonar una falta reiterada? ¿Cómo puedo ayudar a que no se reitere otra vez más?

 

Señor,

dame humildad para saber pedir perdón cuando deba y

para perdonar de corazón al que me lo pida.

Que siempre tenga presente la infinita compasión que

Vos tenés conmigo.

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Presente en medio nuestro

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 10 de septiembre de 2017 – 23ro. durante el año

Evangelio según san Mateo 18, 15 – 20

 

 La corrección fraterna

15 Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.  16 Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.  17 Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.  18 Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

La oración en común

19 También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.  20 Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos".

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Nuevamente el texto evangélico nos regala varias posibilidades para la reflexión.  En esta oportunidad hemos elegido la parte final del pasaje de este domingo.  En ella el Señor nos dice que “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos “.

        Cuando hablamos de la familia como la “iglesia doméstica” esto es totalmente cierto. Ir al templo, participar de la Misa y otras liturgias, rezar en comunidad es parte del ser católico. Pero todo ello no es la única forma de que Jesús esté en medio de nosotros.  Él está siempre presente aunque, como siempre decimos, es respetuoso de nuestra libertad (Él está ahí, esperando que le demos lugar).  Pero, si vivimos en familia en nombre del Señor, intentando seguir sus enseñanzas, Él es uno más de nosotros, lo tendremos en medio nuestro. Compartiendo nuestras alegrías y ayudándonos a soportar nuestras penas.

          No podemos basar nuestra fe cristiana en lo que vemos en la sociedad. Tenemos que partir de nuestra vida familiar para fortalecer en nosotros, y engendrar en nuestros hijos, la fe.  Sentir y vivir que nuestra unión es en el nombre del Señor, dejarlo ser uno más de nosotros, compartir nuestras vidas con Él. Que Dios sea una parte fundamental de nuestra familia, no por costumbre o por sumisión a un precepto sino por el convencimiento que Él es nuestro Salvador, en todo sentido. 

        

1       ¿Trato a los miembros de mi familia del mismo modo que Jesús trataba a quienes se le acercaban?

 

2       ¿Tenemos oración en común en la familia, como ser el compartir la Palabra, bendecir los alimentos, o compartir una oración?

 

 

Señor,

te pido seas el centro de mi grupo familiar.

Que yo aliente a mis hijos como vos alentaste a todos.

Que yo ayude en lo que pueda, como vos lo hiciste.

Que, junto al resto de mi familia, seamos parte de tu Reino.

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¿Quien decís que soy?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 27 de agosto de 2017 – 21ro. durante el año

Evangelio según san Mateo 16, 13 - 20

 La profesión de fe de Pedro

13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?.  14 Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".  15 "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?  16 Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".  17 Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.  18 Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.  19 Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".  20 Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        Varios párrafos de este pasaje merecen una reflexión por sí solos. Hemos elegido en esta ocasión la primera parte del texto. Leemos en ella una pregunta que Jesús bien podría estar dirigiendo ahora a cada uno de nosotros: “¿Quién decís que soy yo?”   

        Dios siempre tendrá una parte de misterio para nosotros.  Algunos pueden haberse quedado en la imagen que se hicieron de Él en su infancia. Otros lo habrán ido conociendo más a lo largo de su vida y podrán dar respuestas más adultas: “es la Palabra de Dios hecha carne”; “es nuestro amigo, el que va a estar siempre con nosotros”; “es el centro de nuestra vida”; “Es nuestro Salvador, el que nos creó y quiere la vida eterna para cada uno de nosotros”.  

        Si bien estas respuestas son ciertas, es este domingo el Señor nos pide que profundicemos más en su conocimiento, y la mejor forma de hacerlo como discípulos que somos de Él, es seguir y vivir sus enseñanzas, Es por esto que los invitamos a reflexionar sobre otro tipo de respuesta que le podemos dar a esa pregunta que nos efectúa Dios. Los invitamos a responder más con la vida que con lindas palabras.

        Ser discípulos de Jesús es seguir sus enseñanzas, para lo cual tenemos que ir profundizando el conocimiento que tengamos de Él. Seguirlo es aprender a mirar la vida como la miraba Jesús. Es actuar en ella como Jesús actuaba. Es sentir que Jesús resucitado camina junto a nosotros lleno de vida y desea que no nos preocupemos sólo de nuestra salvación sino que atendamos, como Él lo hizo, a los necesitados, tomando como ejemplo su compasión. Es creer firmemente que Jesús vino a salvarnos de la tristeza y a contagiarnos la alegría de su Reino.

        Tratar de ir viviendo esto, con nuestros más y nuestros menos, a lo largo de nuestra vida sería una excelente forma de responder la pregunta que nos ocupa.

 

1       ¿He aprendido a vivir como Jesús? ¿Demuestro con mi vida que amo y conozco a Jesús?

2       ¿Hay necesitados de compasión en mi familia o a mi alrededor? ¿Actúo con ellos como Jesús lo hizo?

 

Señor,

Vos podés salvar mi vida, la de mi familia y

encaminar la historia humana hacia su salvación.

Dame fuerza para caminar de acuerdo a tus enseñanzas

anunciando así tu Buena Noticia.

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¿Cuán grande es tu fe?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 20 de agosto de 2017 – 20mo. durante el año

Evangelio según san Mateo 15, 21 - 28

Curación de la hija de una cananea

21 Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. 22 Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". 23 Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos". 24 Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel". 25 Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!. 26 Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros". 27 Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!. 28 Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

      Para reflexionar mejor el Evangelio de este domingo, debemos ubicarnos en la época en la que fue escrito:  Jesús había venido para salvar al pueblo de Israel. Los cananeos (la mujer que acude a Jesús buscando la sanación de su hija era una de ellos) eran paganos y además eran enemigos de los israelitas.  Jesús hace notar esto en el comienzo de este pasaje.  Pero, ¿qué lo hace cambiar hacia el final del pasaje?. Cambia por la gran fe demostrada por esa mujer cananea,

     Dos enseñanzas que nos quedan:

-        Primero, Jesús fue capaz de descubrir entre los paganos una fe más grande que entre sus propios seguidores.  Hoy nos podemos enfrentar a lo mismo:  descubrir entre alguien que “no es de los nuestros” una fe en Dios mayor a la de aquellos que fuimos elegidos. Tengamos una humildad tal que nos permita darnos cuenta de esto. Descubrir las maravillas que Dios hace en los corazones humanos que a veces no están en el camino que la Iglesia propone.

-        Segundo, Jesús no había reservado su compasión sólo para los judíos. El Dios de la compasión es de todos.  Dios ama a todos y quiere redimir a todos, respetando la libertad de cada uno en su decisión de seguirlo. Tengamos la misma actitud que tuvo Jesús y que, todo aquel que acuda a Dios buscando la salvación, encuentre en nosotros un hermano dispuesto a ayudarlo.

 

 

1       ¿Pido a Dios con la fe de la mujer cananea? ¿Insisto sin rendirme?

2       ¿Condeno a los otros simplemente porque no son seguidores de Jesús?

 

Señor,

dame un corazón tan humilde y confiado como el de la mujer cananea.

Que siempre confíe en Ti, así me parezca que no me escuchás.

También te pido Señor

que sepa ver como hermano al que recién se acerca a Vos.

 

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¿Por qué dudaste?

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 13 de agosto de 2017 – 19no. durante el año

 

Evangelio según san Mateo 14, 22 - 33

Jesús camina sobre el mar

      22 En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 23 Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. 24 La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. 25 A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. 27 Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". 28 Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". 29 "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. 30 Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". 31 En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?. 32 En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. 33 Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

   Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

Centremos nuestra reflexión en tres pasajes de este texto evangélico:

-        Los discípulos en la barca en medio de la tormenta estaban asustados y no reconocieron a Jesús. 

   Esa barca hoy puede ser nuestro hogar, y los discípulos a bordo de ella puede ser nuestra familia.  Estamos rodeados de una tempestad que nos asusta. Podemos sentirnos en medio de una noche oscura. Y, a pesar de que Jesús quiere ayudarnos, nuestra preocupación por el día a día y por cómo proteger a nuestra familia nos impide distinguirlo. ¿Dónde está Jesús ofreciendo ayudarnos? ¿Porqué no lo escuchamos? ¿Qué no nos deja ver más allá de nuestros temores?

-        Pedro quiso ir a su encuentro pero, por falta de fe, comenzó a hundirse. 

    Pedro lo escuchó, le hizo caso a su indicación pero, ante el primer escollo, dudó que la solución fuese por ese lado y comenzó a hundirse. Así nos puede pasar a nosotros. Pensamos que Jesús nos puede ayudar, seguimos sus enseñanzas pero como vemos que siguen los problemas o amenazas a nuestra familia, dudamos que Él sea la solución y nuestra fe se debilita.

    ¿Qué pasó cuando Jesús vio a Pedro hundirse? ¿Lo dejó ahogarse mientras le decía: “jorobate por peder la fe en mí?.  No, le ofreció su mano y lo rescató.  Así también va a obrar con nosotros hoy. Así nuestra fe se debilite, su lealtad se mantendrá, siempre estará dispuesto a tendernos su mano.

-        -Apenas Jesús subió a la barca, la tormenta amainó. 

    ¡Qué maravilloso ¡ Si dejamos que Jesús entre a “la barca de nuestro hogar”, también nosotros experimentaremos que la tormenta se calma. Pueda ser que el mal clima siga afuera pero en nuestro hogar, en nuestra familia, tendremos la certeza de estar en el camino verdadero, junto a Aquel que nos da la paz verdadera

 

1       ¿Escucho a Jesús en medio de la tormenta? ¿”Camino sobre el agua” o busco “caminos seguros”?

2       ¿Experimentamos la paz de Jesús cuando entra a “nuestra barca”? ¿Trasmito esa experiencia a mis hijos?

 

Señor,

junto a mi familia, muchas veces nos sentimos en medio de una tormenta y

nos cuesta escucharte en medio de la noche. 

Ayudanos a recordar que siempre estás ahí tendiéndonos tu mano y que,

al dejarte entrar en nuestro hogar, podremos experimentar Tu Paz.

 

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Un tesoro escondido

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 30 de julio de 2017 – 17mo. durante el año

 

Evangelio según san Mateo 13, 44 - 52

La parábola del tesoro

        44 El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

La parábola de la perla

        45 El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;

46 y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

La parábola de la red

        47 El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. 48 Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. 49 Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, 50 para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Conclusión

        51 ¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron. 52 Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".

    Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

Como vemos concretamente en este pasaje, el verdadero núcleo de todo el Evangelio es el anuncio que Jesús hace del Reino de Dios. Cabe recordar que para alcanzar ese Reino se nos propone colaborar en la humanización de este mundo, trabajando para que sea más digno, más dichoso, y así nos encaminaremos hacia nuestra salvación definitiva en Dios.

         Jesús advierte que en aquellos tiempos (¿sólo en “aquellos” tiempos?) la gente tenía falta de entusiasmo y falta de alegría en cuanto a su pedido de conversión del modo de vida. Es por eso que les relata las parábolas contenidas en el pasaje evangélico de este domingo, o sea, para atraerlos al Reino de Dios.

         Las dos primeras parábolas tienen un mismo mensaje: descubrir algo tan valioso, que nos lleve a dejar todo lo que tenemos para quedarnos con ese tesoro. Dejar las cosas que me absorben, que me dominan, que me alejan de Dios, de ese Dios que se me presenta a diario en mi cónyuge, en mis hijos, en ese familiar o vecino, en mi comunidad.

       Ante esta propuesta de Jesús nos podemos plantear: ¿vale la pena comprometernos en su proyecto de humanizar la vida (mía, de mi familia, de toda la sociedad) o es más práctico que me ocupe sólo de mi propio bienestar?  Se nos puede pasar la vida sin tomar una decisión…  

      Aprovechemos la reflexión de este pasaje para preguntarnos cuánto nos atrae Dios y su Reino. ¿Siento atracción por Él?, ¿O simplemente “sigo” a Dios sin mucho compromiso hacia su proyecto de humanizar la vida en esta tierra como paso hacia la salvación eterna? Nuestra fe, nuestra vivencia religiosa ¿nos ha hecho encontrar el tesoro del Reino?

 

1       ¿Descubrí ese tesoro o sigo a Dios por costumbre, por obligación, por miedo?

2       ¿Qué cambió en mi vida y en la de mi familia desde que descubrí ese tesoro?

 

Señor,

quiero estar siempre atraído por tu Reino,

a pesar de las cosas que vea y padezca en este mundo.

Dame fuerza y sabiduría para poder ayudarte a humanizar

mi vida, la de mi familia y la de aquellos a quienes pueda llegar.

 

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Tres parábolas

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 23 de julio de 2017 – 16to. durante el año

Evangelio según san Mateo 13, 24 - 43

La parábola de la cizaña

      24 Y les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. 27 Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'. 28 El les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'. 29 'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. 30 Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'.

La parábola del grano de mostaza

      31 También les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. 32 En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".

La parábola de la levadura

      33 Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".

La enseñanza por medio de parábolas

      34 Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, 35 para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

Explicación de la parábola de la cizaña

36 Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo". 37 El les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38 el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, 39 y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. 40 Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. 41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, 42 y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!

           Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        El pasaje evangélico de este domingo contiene tres parábolas que pueden ser reflexionadas pensando en el ambiente familiar.

        Parábola de la cizaña: aquellos que cuidan el campo ven crecer cizaña en medio del trigo. Y quieren arrancarla ya. El Señor les dice que no, que ante el riesgo de confundirse y arrancar parte del trigo, lo dejen crecer hasta el final y Él entonces separará el trigo de la cizaña. A veces tendemos a querer ”arrancar” lo que no está creciendo “como trigo” apenas lo notamos. El Señor nos pide paciencia. Que lo mejor de esa persona puede venir en el futuro. Que ahora puede apuntar a ser cizaña pero que en el futuro puede convertirse en trigo. Por supuesto que, pare ello, nosotros seremos una pieza importante (lo veremos en las dos parábolas siguientes).

      Parábola del grano de mostaza: Como sucede con esta pequeña semilla, Jesús nos invita a tener un comienzo humilde en nuestra tarea de llevar sus enseñanzas a nuestros hijos y al resto de la familia. Comienzo humilde que, si viene acompañado de un testimonio de vida coherente, tendrá una poderosa fuerza transformadora.

        Parábola de la levadura: siguiendo en la misma propuesta, Jesús nos invita a trabajar calladamente desde “dentro de la masa”, más con el ejemplo que con palabras ampulosas, Colaborando con Jesús promoviendo la armonía familiar, el respeto del otro, la ayuda a aquel que le esté necesitando.

        Confiemos. El Reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Colaboremos con Él siguiendo las enseñanzas de Jesús.

 

1       ¿A quién de mi familia tengo el riesgo de pensar que es todo cizaña? ¿Qué puedo hacer yo para que se torne en trigo?

2       Sabiendo que en cada uno de nosotros, parte de una familia, hay trigo pero también hay cizaña, ¿centramos nuestro esfuerzo en alabar y fortalecer todo aquello que es trigo o sólo nos centramos en señalar la cizaña?

 

Señor,

dame paciencia y sabiduría para poder ayudar a aquellos de mi familia que pudieran ser cizaña.

Dame humildad para trabajar calladamente en mi hogar.

Dame fortaleza para poder enseñar siempre con mi ejemplo de vida

que el Reino de Dios comienza ya en esta tierra,

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