El mandamiento principal

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 29 de octubre de 2017 – 30mo. durante el año

Evangelio según san Mateo 22, 34 – 40

 

El mandamiento principal

          34 Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, 35 y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 36 "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?. 37 Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. 38 Este es el más grande y el primer mandamiento. 39 El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".

   Palabra del Señor

 

Reflexión y preguntas

        Vivimos llenos de ocupaciones (y preocupaciones…)  Son tantas las cosas que debemos tener en cuenta en nuestra vida que a veces confundimos las prioridades y terminamos dedicándole mayor atención a algo que no lo merece. El trabajo, el viaje, las compras, la seguridad, nuestra relación conyugal, nuestros hijos, nuestra familia, nuestros amigos, los deportes, la tecnología, el esparcimiento, la economía, la casa, el auto, y así podríamos seguir. Y en cada una de estas cosas, infinidad de temas nos ocupan.  Todo ello hace que muchas veces nos sintamos llenos de obligaciones morales que no sabemos cómo atender. Y ahí vienen los autoreproches y los sentimientos de culpa.  Ante esto, necesitamos ordenarnos, darle prioridad a lo esencial.  Una vez más, Dios nos da la respuesta.

     Jesús les responde claramente a los fariseos sobre dónde está lo esencial de nuestra fe cristiana: “tu primera prioridad debe ser amar a Dios”.  Amarlo de la misma manera en que Él te ama a vos. Y que ese amor no se exprese sólo los domingos en Misa o cuando participás de alguna actividad religiosa. Que todo lo que salga de tu corazón, que todo lo que tengas en el alma, que todo lo que exprese tu ser esté acorde con ese amor que profesas a Dios.

    E inmediatamente surge la otra prioridad: amar a tu prójimo. Preocupate por vos mismo pero no te quedes allí. Que todo lo que hagas referido a tu cónyuge, a tus hijos, a tu familia, a tus amigos o vecinos, a los pobres y carenciados, concrete esa capacidad de amar que Dios te infundió.  Dios nos regaló su amor pero también nos dio la capacidad de brindarlo nosotros, de manera que podamos amar como Él.

     Por último, no dejemos de ser agradecidos, Darle gracias a Dios por sentirnos amados por Él y por habernos dado esa capacidad a nosotros.

 

 

1       ¿Soy consciente que el amor es una gracia y una decisión que involucra mis sentimientos pero que va más allá de lo que siento?

2       ¿Amo así a mi familia? ¿Tengo algo que mejorar al respecto?

 

 

Señor,

te agradezco todos los bienes naturales y sobrenaturales que me diste.

Ante todo, te agradezco el que me ames y el que me hayas dado la capacidad de amar.

Te pido me recuerdes que lo haga como Vos, no por interés sino gratuitamente,

y que lo haga ante todo hacia mi familia.



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