Santísima Trinidad

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 27 de mayo de 2018 – Santísima Trinidad

Evangelio según san Mateo 28, 16 – 20

 

La misión universal de los Apóstoles

16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.  17 Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.  18 Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.  19 Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".

       Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

        El pasaje evangélico de este domingo nos invita a reflexionar sobre uno de los grandes misterios de nuestra fe: La Santísima Trinidad. Jesús les pide a sus apóstoles que transmitan la fe en un único Dios y que ese Dios está constituido por tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¿Qué significa esto para nuestra fe?  ¿en qué influye para nuestra vida en familia?

        Dios no es un ser lejano y frío, Les promete a sus discípulos estar siempre con ellos; y eso también nos abarca. Dios siempre está cerca, nuestro Dios, el Dios de todos, Dios, que es Amor.

        Y les recuerda que es un Dios trinitario. ¿Cómo entender esto?

        El Padre es el Amor originario. Todo lo existente viene del Amor. El Padre ama desde siempre y para siempre, sin ser obligado ni motivado desde fuera. Nunca nos retirará su amor y fidelidad. De Él sólo brota Amor. Nuestra fe nos dice que fuimos creados a su imagen y semejanza: estamos creados para amar. Sólo amando podemos vivir plenamente.

        La persona Hijo recibe el Amor del Padre. Es el “amado eternamente”; es la respuesta eterna al amor del Padre. Acoge ese Amor del Padre y lo da. El misterio de Dios está en dar y recibir amor. Dejarse amar no es menos que amar.  Como fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, estamos hechos no sólo para amar sino también para ser amados.

          El Espíritu Santo es la comunión del Padre con el Hijo. Es el amor eterno entre el Padre amante y el Hijo amado. Nos revela que el amor divino no es una posesión celosa del Padre ni un acaparamiento egoísta del Hijo. El amor verdadero es siempre apertura, don, comunicación hacia todas las criaturas de la creación. Estamos hechos para amarnos mutuamente sin acaparar y sin encerrarnos en amores ficticios y egoístas.

          Estamos llamados a amar, a dejarnos amar y a expresar ese amor no sólo a nuestros semejantes sino a toda la naturaleza.

 

 

  1. ¿Vivo, según mi fe, los tres aspectos del Amor que vemos en la Santísima Trinidad? ¿Amo? ¿Me dejo amar? ¿Extiendo mi amor a todo?
  2. ¿ Le hago saber a mis hijos que son amados y les enseño a respetar a toda la creación?
  3. ¿Cuál de estos aspectos debo mejorar en mi vida familiar?

 

 

Señor,

quisiera reflejar en mi vida, especialmente, en la familiar,

las tres dimensiones de tu Amor que se ven en la Santísima Trinidad.

¡Cuento con tu ayuda para lograrlo!



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