Misión de los Doce

EL EVANGELIO ILUMINA A TU FAMILIA

Domingo 15 de julio de 2018 – 15to. durante el año

Evangelio según san Marcos 6, 7–13

 

Misión de los Doce

        7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. 10 Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.  11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". 12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13 expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

        Palabra del Señor

Reflexión y preguntas

           En esta reflexión vamos a centrar nuestra atención en dos características de lo que Jesús les pide a sus discípulos.

          Jesús envía a sus discípulos a la misión. Para ello, no les da poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino que les da su fuerza para expulsar a los espíritus impuros. Los discípulos saben muy bien lo que les pide Jesús. Nunca lo vieron gobernando a nadie. Siempre lo conocieron curando heridas, aliviando sufrimientos, regenerando vidas. Viéndolo actuar a Jesús, ellos vivenciaron que las tareas más importantes para Él fueron “curar” y “liberar”.

           Jesús envía a sus discípulos con lo necesario para caminar y les marca también lo que no deben llevar.   Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.

          Llevemos estas dos características a nuestra vida hoy y en especial a cómo actuamos en familia.

          No es importante cuanto podemos controlar o gobernar a los demás sino cuanto podemos hacer para eliminar de ellos los espíritus impuros, cuanto podemos ayudarlos a vencer la desesperanza, el egoísmo, la intolerancia, la superficialidad, la lujuria, el rencor, el revanchismo.

           Si bien como responsables de una familia debemos procurar tener lo necesario para vivir dignamente, el mensaje de este pasaje evangélico nos dice que la búsqueda de bienes y de seguridad tiene un límite. La obsesión por la seguridad económica no es buena. Podemos caer en la tranquilidad del bienestar desde el que no es fácil crear el reino de Dios como un espacio de vida digna para todos. Aprendamos a desprendernos de bienes y costumbres que nos impidan ser libres para vivir y contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez. No interesa si esos bienes o costumbres son lícitas o no sino cuan prescindibles pueden ser de manera que no vivamos centrados en el propio bienestar.

 

 

  1. En la relación con mis hijos ¿Me centro sólo en tratar de controlarlos o me preocupo también por ayudarlos a que mejoren como personas?
  2. ¿Me ato a cosas de esta vida que me impiden ver y actuar por los otros?

 

 

Señor,

Ayúdame a descubrir que cosas prescindibles me atan en esta vida.

Ayudame a basar mi vida sólo en tu poder y en tu amor.

 

 



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