Aborto - 3ra entrega

  Bajo el título "Una vida que tiene derechos y nuestra misma dignidad", Monseñor Víctor Manuel Fernandez, rector de la Universidad Católica Argentina (UCA), publicó el artículo adjunto

 

Una vida que tiene derechos y nuestra misma dignidad

Víctor Manuel Fernández    25 de febrero de 2018  

No quiero hablar sobre este tema desde la religión, sino desde la razón y los sentimientos. Además pido disculpas al hacerlo, porque este asunto conlleva muchos sufrimientos, y soy consciente de mis propios errores e incoherencias.

A veces quisiéramos eliminar a todos los que tienen mal carácter, porque pensamos que estaríamos más tranquilos, sufriríamos menos. Pero no podemos.

Algunos no tienen las mismas ideas que nosotros. Desearíamos borrarlos de la existencia para que dejen de difundir ideologías desagradables. Pero reconocemos que no podemos.

En ciertos períodos de nuestra historia se intentó trasladar a todos los pobres lejos de la ciudad de Buenos Aires, para que pareciera que no existían, y a algunos de ellos se les quitó la vida. Otros desearían destruir a los ancianos, a los inmigrantes, a los de piel oscura. Pero hasta allí no pueden llegar.

El niño que fue gestado como resultado de una violación está molestando. Es el testigo mudo que recuerda un hecho doloroso. Surge el deseo de eliminarlo, como si de ese modo se borrara lo que pasó. Esa vida aparece en un momento inoportuno, perturba, complica la existencia. Es comprensible que brote el deseo de destruirlo. Pero simplemente no podemos. Es un ser humano, biológicamente distinto del óvulo, diferente a la vida de su madre y con el mismo código genético que tendrá cuando sea un adulto.

No lo dice la religión, lo enseña la ciencia. No es un pedazo de la mujer ni un grano. Aunque no lo veamos, aunque sea pequeño, es un ser humano. Claro que ese embrión todavía tiene que desarrollar esas características que ya posee, pero realmente las tiene en su realidad biológica y en su composición genética.

Del mismo modo, nadie deja de ser humano si un golpe o una enfermedad le impiden ejercer sus capacidades mentales y expresarse. Su valor va más allá de lo que pueda hacer. Se trata de algo que está detrás de eso: su ser, inalienable e inviolable.

Si afirmáramos que un ser humano no se puede matar cuando tiene más de tres meses, pero sí cuando tiene unas horas menos, ¿qué racionalidad hay allí? Entonces siempre habrá algún argumento para borrar una vida humana: porque tiene alguna discapacidad, porque es demente, porque es anciano, porque es deforme, porque no sirve al sistema? ¿Por qué no? No nos quedarían razones de fondo para defender una vida humana, más allá de las conveniencias pragmáticas. Los derechos humanos quedarían colgando de un hilo, sin fundamentos que no estén sujetos a discusión.

¿Y si lo que la embarazada lleva en su seno es otra mujer? Puede producirse esta paradoja: facilitar el aborto sería permitir que una mujer, con el pretexto de que ella no es una propiedad, pueda tratar a su hija en gestación como una propiedad desechable. En este caso, la embarazada o quien la induce a abortar es quien tiene el poder, y la niña en gestación es la más débil.

Si una mujer mata al niño en un momento de desesperación, ¿quién podría ensañarse con ella? ¿Quién tendría la terrible vanidad de arrojar la primera piedra? Pero una cosa es comprender la angustia que puede vivir una mujer ante un embarazo no deseado y buscar los caminos para darle una mano. Otra cosa es que la sociedad decida crear un instrumento legal para facilitar una decisión que afecta a un ser humano, a ese pequeño ser humano que posee nuestra misma dignidad y no tiene modo de defenderse.

Nosotros construimos un mundo distinto con las opciones que vamos tomando, con el tipo de sociedad que vamos eligiendo, con los ideales que expresamos a través de nuestras leyes. En torno a los niños es posible actuar en una línea positiva. Sus madres necesitarían una contención no solo económica sino psicológica, sobre todo cuando esos chicos no han sido deseados.

También hay tanto por hacer para facilitar y acompañar la adopción de esos niños. Hay muchas acciones posibles, la única respuesta no puede ser la muerte. Tanto la sociedad como la Iglesia hemos hecho poco al respecto.

Sin embargo, la salida más rápida y económica de un legislador, solución mezquina y cómoda, es proponer leyes que permitan eliminar los niños en gestación como si nada pasara. Podrán hacerlo, pretendiendo resolver un mal con otro mal más terrible, pero con eso no nos darán un mundo mejor. Estarán utilizando su poder para tomar decisiones respecto de los más frágiles de nuestra sociedad. Se atribuirán el derecho escalofriante de facilitarnos decidir si vale la pena una vida humana o no, si algunos merecen vivir o no.

Menos mal que no tuvieron ese fin Einstein, Marie Curie, Gandhi, Leonardo da Vinci, Frida Kahlo, Edith Piaf o Mandela. Menos mal que nadie decidió por ellos si debían vivir o no. Pero como todo ser humano tiene una dignidad inalienable, lo mismo vale para el más limitado de los discapacitados. ¿Quién puede juzgar acerca del misterio de su vida hasta el punto de quitarle la posibilidad de pasar por esta tierra?

Rector de la Universidad Católica Argentina (UCA)

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Aborto - 2da entrega

       Continuando con esta serie de nueve entregas con distintas declaraciones u opiniones relativas al debate que se inicia esta semana en nuestro Congreso, les hacemos llegar hoy un artículo publicado en el diario Perfil y cuyo autor es el presbítero Ruben Rebello.  Recordemos que el autor, además de párroco de la Parroquia Sagrada familia de Banfield, es Director del Instituto de Bioética de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica Argentina (UCA). 

 

Laberinto con salida

Ruben Rebello    25 de febrero de 2018

Como estudiante de Medicina, varias veces mis maestros me repetían: “Cuando estén tratando a una paciente embarazada, recuerden siempre que no están cuidando la vida de una paciente, sino de dos: la madre y el niño”.

Como estudiante de Medicina, varias veces mis maestros me repetían: “Cuando estén tratando a una paciente embarazada, recuerden siempre que no están cuidando la vida de una paciente, sino de dos: la madre y el niño”. Esta verdad evidente aún hoy se aplica, dos pacientes, dos personas, dos seres humanos que el médico se comprometió a cuidar y curar, según su buen saber y entender.

Esto no es una moda circunstancial o la influencia del pensamiento religioso, como algunos pretenden  señalar a fin de evitar la respuesta que aniquila el argumento en favor del aborto; esa postura surge del ámbito de la medicina, propuesta por los primeros médicos modernos en el s. V antes de Cristo. Hipócrates, el padre de la medicina, al formular su juramento, código fundamental del arte médico, específicamente, señala ese compromiso, “No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia. Igualmente tampoco proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo”.

El juramento hipocrático actualizado en la Convención de Ginebra conserva esa visión: “Mantendré el máximo respeto por la vida humana desde el momento de la concepción; no usaré mis conocimientos médicos en contra de las leyes de humanidad, incluso bajo amenaza”.

Los argumentos en favor del aborto irrestricto hasta la semana 14 solo consideran los deseos de una parte e ignoran los derechos fundamentales de la otra. Cuando “deseo” tiene el mismo rango argumentativo que “derechos fundamentales” todo el edificio de los derechos humanos tiembla.

El falso argumento en favor del llamado “derecho a decidir” nada dice del derecho a decidir de la mujer/varón que está siendo gestado y le niegan la continuidad de su existencia. La ideología favorable al aborto podrá tratar de instalar la idea de que solo existe una persona –la que pide el aborto– pero el dato científico duro, la biología, la embriología, la praxis médica milenaria, la deontología médica, así como las ciencias humanas como el derecho, la filosofía y la antropología, demuestran que esa postura es falsa.

Nadie puede decidir quién vive y quién no tiene derecho a seguir viviendo, este es el derecho humano fundamental a partir del cual todo el resto de la estructura de DD.HH. toma forma.

Estos argumentos nada tienen de religiosos, son hechos que cualquier persona puede corroborar y, por lo tanto, tienen la fuerza de la realidad. En este debate, ignorar la realidad no parece ser un camino propio de la dignidad humana, sobre todo en temas que afectan la vida y la muerte de las personas.

Al comienzo señalé: “Estamos ante dos pacientes”, a esa situación quiero referirme ahora: la madre-paciente. Todos coincidimos en que el índice de muertes perinatales debe descender drásticamente, no puede haber más riesgo de muertes por maternidad.

Pero los números que se argumentan ocultan que la mayor parte de esas lamentables muertes son causadas por la pobreza y la marginación social, la falta de acceso a controles de embarazo, la falta de alimentación, de medicamentos e instrucción adecuada y el abandono de la mujer embarazada a su propia suerte.

Quien aborta tiene que tener otras opciones, porque a quien es abortado se le niega cualquier opción. Exploremos las condiciones favorables a la vida de ambas.


por  Ruben Revello   *Sacerdote. Director del Instituto de Bioética, Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica Argentina (UCA).

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Aborto - 1ra entrega

Ante el debate por el aborto

      En nuestro país se ha establecido fuertemente el debate sobre el aborto. Como fieles católicos debemos reconocer que no todos sus habitantes profesan nuestra fe ni siguen lo que nos marca esa fe a los cristianos. Pero, más allá de lo que ella nos dice, hay otros argumentos que nos llevan a que nuestra postura no sea favorable al tema del aborto.

      Aquellos que, además de vivir en este bendito suelo, tenemos la identidad cristiana, sabemos muy bien que la vida es un don. Nuestra fe se basa en el amor a Dios y al prójimo, preferentemente a los más débiles y desprotegidos.  Esto nos lleva a honrar la vida sin considerar si el ser a amar es muy o poco capaz, si está totalmente capacitado o si es discapacitado, si es grande o pequeño.

      Nos asisten argumentos que exceden lo religioso pues abarcan lo natural, lo social y lo científico.  Partamos de la base de que nuestra posición es a favor de la vida de todo ser humano. Así que, allí donde hay vida humana, debemos hacer lo posible para que progrese: cuidarla, dignificarla, protegerla.

      Sin embargo, reconocemos que a veces el aborto se presenta como una opción considerada ante el caso de embarazos no deseados. Incluso algunos lo hacen convencidos que no hay alternativa. Son múltiples los factores que contribuyen a ello (distintas creencias a las nuestras, la falta de valoración de la vida, la falta de una adecuada educación (no sólo en lo sexual) y otros).   Existen instituciones o servicios orientados a brindar otras alternativas al aborto  (ejemplos en nuestra Iglesia: Grávida,  Servicio de padres adoptantes del Movimiento Familiar Cristiano) pero no dan abasto ante la magnitud del  problema y además quedan aspectos sin cubrir. 

    Nuestras postura como cristianos es clara. Conocemos alternativas ante los casos que se presentan pero reconocemos que no se está abordando ni llegando a toda la población en riesgo. Es necesario un plan más integral para afrontar el tema del aborto. No todos las soluciones pueden ser abarcadas por la Iglesia pero estamos seguros que entre sus fieles pueden surgir ideas o aportes a este debate que permitan no sólo dejar clara nuestra posición sino también contribuir a dar una solución alternativa al evidente problema que se nos plantea como sociedad y que abarca la política, la salud, la educación y el desarrollo social.     

   Desde este espacio que hoy abrimos les iremos mandando distintos textos que abordan el tema. No todos reflejarán opiniones de personas católicas pero todas ellas contribuirán a nuestro discernimiento sobre la problemática presentada.  Comenzamos con la Declaración de la Conferencia Episcopal Argentina y el Comunicado emitido por la Junta Nacional de Pastoral Familiar (ver adjuntos)

   En sucesivos mensajes les llegarán más textos.

Respetuosos de la vida

Declaración de la Comisión Ejecutiva

Buenos Aires, 23 de febrero de 2018

    La vida humana es un don. Esta es una experiencia compartida de muchos hombres y mujeres, sean creyentes o no. Se refleja en el rostro de los padres cuando contemplan por primera vez a sus hijos. El anuncio de la espera de un hijo es una alegría que se comparte con familiares y amigos.

    Pero a veces en la historia de otras personas no es así, no es algo deseado, esperado, decidido, aunque en ocasiones en los meses siguientes se redescubre la belleza de esa vida que viene en camino.

    Para otros, la concepción de esa vida no fue fruto de un acto de amor, y hasta pudo haber sido consecuencia de una acción de abuso y violencia hacia la mujer.

    Allí es cuando surge la pregunta humana y ética sobre qué hacer. En la forma de responder la pregunta se cae muchas veces en plantear un enfrentamiento entre dos personas en situación de vulnerabilidad. Por un lado la mujer, que no decidió ser madre, suele encontrarse en soledad y la mayoría de las veces en un contexto de pobreza;  por otro lado, la vulnerabilidad de la vida humana concebida que no se puede defender. Debiéramos escuchar tanto las madres embarazadas que sufrieron una terrible violencia sexual, como así también contemplar el derecho a la existencia de los inocentes que no pueden defenderse.

    La pregunta humana y ética es: ¿hay que optar por una vida y eliminar a otra?

    La eliminación de la vida humana del que no se puede defender instaura el principio de que los más débiles pueden ser eliminados; acepta que unos pueden decidir la muerte de otros. Hace unos años con la sanción de la Ley “Asignación Universal por Hijo”, el Honorable Congreso de la Nación demostró una vez más en su historia republicana un alto grado de sensibilidad humana a favor de la familia y de la vida de los niños y jóvenes más pobres. ¿No se podrá continuar por ese camino legislativo?

    La solución o el camino para abordar estas situaciones es la implementación de políticas públicas que: 

– Establezcan como prioritaria la educación sexual integral de la ciudadanía, en la que se  fomente y capacite para la decisión libre y responsable de concebir una vida humana. Todos tenemos necesidad y derecho de ser recibidos como hijos.

– Reconozcan la dignidad de la vida humana desde el comienzo de su concepción pasando por todas las etapas de su desarrollo, la dignidad e igualdad de la mujer y el varón, y se implementen acciones tendientes a encarar las causas de la violencia hacia la mujer generando nuevas pautas de conductas basadas en el respeto al otro

– Acompañen, desde lo social, las situaciones de conflicto y atiendan las heridas que quedan por sanar en quienes están atravesando por estas situaciones.


El diálogo democrático

    Estamos ante el debate parlamentario de distintos proyectos de ley. Es necesario, que más allá del buen funcionamiento de nuestro sistema republicano en el cual se legisla a través de los representantes del pueblo, se tenga en cuenta que este tema toca profundamente el tejido de nuestra sociedad.

    Que este debate nos encuentre preparados para un diálogo sincero y profundo que pueda responder a este drama, escuchar las distintas voces y las legítimas preocupaciones que atraviesan quienes no saben cómo actuar, sin descalificaciones, violencia o agresión.

    Junto con todos los hombres y mujeres que descubren la vida como un don, los cristianos también queremos aportar nuestra voz, no para imponer una concepción religiosa sino a partir de nuestras convicciones razonables y humanas.  

 

Comisión Ejecutiva

Conferencia Episcopal Argentina

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LA VIDA HUMANA ES BELLA Y HAY QUE CUIDARLA

 

COMUNICADO DE LA JUNTA NACIONAL DE PASTORAL FAMILIAR

 

– Reunidos en San Miguel, Provincia de Buenos Aires, los integrantes de la Junta Nacional de Pastoral Familiar, conformada por los delegados regionales y diocesanos de dicha pastoral, por los presidentes de movimientos de familia de alcance nacional y los respectivos asesores eclesiásticos, expresamos nuestra alegría por el don de vida humana y, muy especialmente, por la vida concebida y gestada con amor en la familia.

 

Nos sentimos identificados con la reciente Declaración de la Comisión Ejecutiva del nuestro episcopado, en la que se reconoce la verdad, el bien y la belleza que significa el don de la vida humana, y al mismo tiempo, se manifiesta la cercanía y solidaridad ante el dolor que causa una vida no deseada, consecuencia frecuente de abusos y violencia hacia la mujer.

 

Estamos convencidos de que los argentinos somos capaces de salvar y cuidar toda vida humana que atraviesa períodos de vulnerabilidad y angustia. Jamás deberíamos permitir que nos sometiera el pensamiento de eliminar una vida para salvar otra. Juntos podemos optar siempre a favor de la vida humana, sobre todo allí donde la misma se encuentre amenazada.

 

Somos creyentes en el Dios de la Vida. Por eso, junto con todos los hombres y mujeres que valoran la vida humana a partir de los argumentos que aportan la ciencia y la razón, y las leyes vigentes y constitucionales que rigen sobre este tema, expresamos nuestro compromiso incondicional de cuidar, defender y promover la vida humana desde el instante mismo de la concepción, y en todas las circunstancias en las que esa vida se encuentre en riesgo.

 


San Miguel, 25 de febrero de 2018

Junta Nacional de Pastoral Familiar

Comisión Episcopal de Laicos y Familia (CELAF)

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Privilegiar la vida ante todo

Editorial del diario La Nación  - Publicada el domingo 27 de agosto de 2017

El debate sobre el aborto debe encararse desde una postura humanista, sin argumentos falaces ni ideológicos; es la propia existencia la que está en juego

Todavía hay hoy quienes a estas alturas ponen en duda la existencia de un ADN propio de cada persona a partir del momento mismo de la concepción, esto es desde la fusión del óvulo y el espermatozoide que da origen al embrión. Es esa unión la que genera un ser único e irrepetible, individualizable y distinguible de cualquier otro de la misma especie. Aun así, los ideólogos y activistas de turno, siempre dispuestos a invocar supuestos derechos de la mujer, insisten en que este ser "por nacer" no existe separado del cuerpo de quien lo concibe, que sólo sería una parte, como un dedo, o un apéndice. Para este nivel de ceguera conceptual que contraría severamente las irrefutables comprobaciones científicas con las que hoy contamos gracias también al avance tecnológico que confirma la vida desde el instante de la concepción con impactantes imágenes en 5D la madre quedaría habilitada a "sacarse"/"extirparse" el feto, como quien decide cortarse el pelo, simplemente porque el derecho sobre su cuerpo la asistiría para pisotear el derecho a la vida del niño por nacer.

Tampoco corresponde reducir el tema del aborto a un "problema de salud" como pretenden desde la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario, en cuyos claustros comenzó a dictarse en estos días una materia optativa sobre el tema. La iniciativa no puede sostenerse desde lo científico desconociendo la dimensión ética intrínsecamente ligada al cercenamiento de la vida. Ni desde el punto de vista filosófico ni mucho menos desde el científico, estas posturas tienen el menor fundamento. Su sola enunciación encierra la demostración de la grave falacia que encierran. El discurso de los activistas sólo se mantiene vivo desde las posiciones políticas o ideológicas extremas, violentas a veces, que se pueden vociferar hasta el cansancio, pero no se pueden sostener en una discusión que pretenda ser seria y racional. Tan cargado de vida propia está el embrión que incluso se lo puede desarrollar fuera del útero en el que fue concebido, para implantarlo en un vientre diferente. Alguien podrá discutir luego si el aborto será o no punible, pero lo indiscutible es que cualquier práctica abortiva mata a un ser humano vivo. No existe el matiz, o la posibilidad, de "un poco" ser humano, o "un poco" ser vivo. O es un embrión humano, distinto de su mamá, o no lo es. Que su ADN sea diferente al de ella es una prueba incontrastable de una individualización que se mantendrá a lo largo de toda la vida de la persona.

En cuanto el debate se enardece, aparecen repetidos una serie de remanidos seudoargumentos, dignos de mejor causa. Por ejemplo, se dice que hay más muertes por abortos en países subdesarrollados que en países desarrollados, lo cual será cierto o podría serlo, como que puede haber más casos de dengue, de Chagas, de delincuencia, de enfermedad o de muerte. No se sabe qué demuestra el argumento per se. Por cierto, lo abultado o no de una cifra no acredita que la muerte del niño sea algo deseable. No es tampoco válida la estadística que dice que en la Argentina mueren 500.000 mujeres por año a causa de abortos clandestinos, otra cifra absurda que se repite hasta darla por cierta sin evidencia alguna que la avale.

Se lee también sobre la necesidad de evitar el trauma psicológico de quien aborta en condiciones indeseables, sin advertir que, incluso en las mejores condiciones sanitarias a las que verdaderamente no todas las mujeres pueden acceder, todas las que abortan quedan expuestas a sufrir un trauma psicológico asociado a la muerte intencional del propio hijo que nada tiene que ver con la pulcritud o asepsia del procedimiento utilizado.

Un exhaustivo informe publicado en la prestigiosa revista The Lancet sostiene que uno de cada cuatro embarazos en el mundo se interrumpe de forma voluntaria; traducido a cifras eleva a unos 56 millones el número de abortos anuales. Confirma también que la penalización de estas prácticas no significó reducción del número de casos: en los países que prohíben el aborto, estos ascienden a 37 por cada mil mujeres mientras que en donde es permitido, la estadística desciende a 34.

El biólogo Fabricio Ballarini, joven investigador del Conicet, con doctorado y posdoctorado de la Facultad de Medicina de la UBA, difundió a través de Vorterix un video sobre el referido informe y destacó que la ilegalidad no genera que la gente no aborte. Insistió en la falta de información sobre el tema y avaló que las decisiones en todos los campos se apoyen en datos científicos y no en cuestiones afectivas, emotivas o especulativas con diversos fines. Esto aplica también, indica con tristeza y preocupación, a las políticas públicas. Ballarini fue amenazado y perseguido en las redes por haber difundido evidencia científica avalada por la Organización Mundial de la Salud que muchos niegan.

 

El tema no pasa ni por la estadística, ni por la prohibición, ni por la clandestinidad. El debate confirma que estamos ante un dilema ético o moral con consecuencias jurídicas que, como tal, no queda fuera de la contienda electoral. En Cambiemos, la recomendación a los candidatos parece haber sido no hablar de temas que generen polémica. Aun así, entre otras voces, la valiente de Esteban Bullrich se alzó contraria a la despenalización utilizando sensatamente el argumento de #NiUnaMenos aplicado a una beba creciendo en el vientre materno. Está claro que la discusión sobre este tema no puede ser partidaria cuando está en juego el más sagrado de los derechos: la vida.

Muchos son los casos de jóvenes que agradecen a sus madres no haberlos abortado y haber sido dados en adopción. Recientemente, un destacado periodista relataba en un libro cómo descubrió, de grande, que era adoptado. Éste es el enfoque humanista que ha de primar cuando se aborda el tema del aborto. Y no es otro que el que rescata el llamado derecho a la vida que nuestra Constitución y nuestras tradiciones consagran.

 

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Sobre el Domingo del Buen Pastor

    Al 4to. Domingo de Pascua se lo conoce como el Domingo del Buen Pastor.  Un domingo dedicado a considerar la vida de aquellos “que dan la vida por sus ovejas”, a pedir para que “haya más obreros parea la mies”.  Les proponemos una reflexión en ocasión de esta festividad.

    Como mamá o papá:

v   ¿planteás a tus hijos la consagración a Dios como alternativa vocacional?  Cuando tenés la posibilidad de intervenir en charlas sobre qué consideran tus hijos para su futuro, sobre lo que quisieran hacer en la vida ¿les planteás como vocación la posibilidad de ser sacerdote o religiosa?.

 

v  ¿Pensaste en tu hijo sosteniendo en sus manos el cuerpo de Cristo en la Santa Misa?

 

v  ¿Te imaginás a tu hijo perdonando los pecados en nombre de Dios?

 

v  ¿Te imaginás a aquellos hermanos a los que tu hija puede atender siendo religiosa, llevándoles la paz, el consuelo, la ayuda que necesitan?

 

      Le pedimos al Espíritu Santo que inspire a la juventud y a sus papás para que consideren seriamente las vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa.  Que vean que de ese modo pueden convertirse en instrumentos efectivos que animen y apoyen la instauración del Reino de Dios.      Pedimos que, a aquellos jóvenes que consideren esta alternativa, el Señor les conceda la gracia y la fortaleza necesaria para aceptar su llamada.   Y que a nosotros nos conceda la sabiduría y constancia para acompañarlos alegremente en el camino de convertirse en sacerdotes o religiosas.

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La lógica del amor

 EDITORIAL DEL DIARIO LA NACION DEL DOMINGO 18 DE SEPTIEMBRE DE 2016

La figura de la Madre Teresa de Calcuta, recientemente santificada, debe servirnos de ejemplo para mejorar la situación de los que sufren

Aforismos, adagios, dichos, máximas, proverbios son algunas de las múltiples formas que han tomado las infinitas reflexiones que sobre el amor se han escrito desde el comienzo de los tiempos.

Hay una en particular que sirve para entender y dimensionar el valor de una vida dedicada a los demás: "Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible pero no lo es. Esa es la lógica del amor". A contramano de lo que propone esta civilización en la que nos movemos alrededor del consumo, la competencia y la codicia, afortunadamente son muchos los que optan por un amor generoso, de servicio y entrega. Y pocos quienes entregan la propia vida.

Días pasados, ante una Plaza de San Pedro colmada de fieles y con la presencia de doce jefes de Estado y la reina Sofía de España, el papa Francisco proclamó "santa" a la madre Teresa de Calcuta, la religiosa albanesa que dedicó su vida a los más pobres y cuya lógica del amor aún nos conmueve. Desde su humildad, ella supo alzar la voz ante los poderosos de la Tierra, recordándoles su compromiso con los pobres. La misa de canonización fue concelebrada por 70 cardenales, 400 obispos y 1700 sacerdotes. En su homilía, Francisco reflexionó que la "madre Teresa", como cariñosa y extendidamente se la llama, difícilmente pase a ser "Santa Teresa" para quienes ven en ella un modelo de ternura y santidad e invitó a llevar en el corazón su sonrisa para combatir el desánimo y la desesperanza.

Distinguida con el Premio Nobel de la Paz en 1979 y beatificada en 2003, defendió la vida con fuerte convicción y afirmó que el aborto es "la principal fuerza de destrucción de la paz". Fundó la orden de las Misioneras de la Caridad en 1950, en Calcuta, la India, con 5000 religiosas que actualmente dedican su vida al servicio de los más desposeídos y enfermos en distintos lugares del mundo. En un gesto sencillo, tras la ceremonia, Francisco invitó a comer pizza a 1500 romanos sin techo atendidos por la congregación.

"Incansable trabajadora de la misericordia", como la describió el Sumo Pontífice, su figura nos sirve de ejemplo por imitar desde nuestra limitada capacidad en nuestros propios ámbitos de acción, porque el amor gratuito no sabe de religiones ni de barreras y hay mucho que cada uno de nosotros puede hacer para mejorar la situación de los que sufren.

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Mensaje del Santo Padre a las familias cubanas

En su visita pastoral al continente americano, el Papa Francisco presidió un encuentro con las familias en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en Santiago de Cuba. En su mensaje, el Santo Padre exhortó a los cubanos a cuidar a las familias, “verdaderos espacios de libertad”.  A continuación encontrarás el texto completo del discurso del Papa Francisco en su encuentro con las familias en Santiago de Cuba:

“  Estamos en familia. Y cuando uno está en familia se siente en casa. Gracias a ustedes familias cubanas, gracias cubanos por hacerme sentir todos estos días en familia, por hacerme sentir en casa. Gracias por todo esto. Este encuentro con ustedes es como «la frutilla de la torta». Terminar mi visita viviendo este encuentro en familia es un motivo para dar gracias a Dios por el «calor» que brota de gente que sabe recibir, que sabe acoger, que sabe hacer sentir en casa. Gracias a todos los cubanos.

Agradezco a Mons. Dionisio García, Arzobispo de Santiago, el saludo que me ha dirigido en nombre de todos y al matrimonio que ha tenido la valentía de compartir con todos nosotros sus anhelos, sus esfuerzos por vivir el hogar como una «iglesia doméstica».

El Evangelio de Juan nos presenta como primer acontecimiento público de Jesús las Bodas de Caná, en la fiesta de una familia. Ahí está con María su madre y algunos de sus discípulos compartían la fiesta familiar.Las bodas son momentos especiales en la vida de muchos. Para los «más veteranos», padres, abuelos, es una oportunidad para recoger el fruto de la siembra. Da alegría al alma ver a los hijos crecer y que puedan formar su hogar. Es la oportunidad de ver, por un instante, que todo por lo que se ha luchado valió la pena.Acompañar a los hijos, sostenerlos, estimularlos para que puedan animarse a construir sus vidas, a formar sus familias, es un gran desafío para los padres. A su vez, la alegría de los jóvenes esposos.

Todo un futuro que comienza y todo tiene «sabor» a casa nueva, a esperanza. En las bodas, siempre se une el pasado que heredamos y el futuro que nos espera. Hay memoria y esperanza. Siempre se abre la oportunidad para agradecer todo lo que nos permitió llegar hasta el hoy con el mismo amor que hemos recibido. Y Jesús comienza su vida pública en una boda. Se introduce en esa historia de siembras y cosechas, de sueños y búsquedas, de esfuerzos y compromisos, de arduos trabajos que araron la tierra para que esta dé su fruto. Jesús comienza su vida en el interior de una familia, en el seno de un hogar. Y es precisamente en el seno de nuestros hogares donde continuamente él se sigue introduciendo, él sigue siendo parte. Le gusta meterse en la familia.

Es interesante observar cómo Jesús se manifiesta también en las comidas, en las cenas. Comer con diferentes personas, visitar diferentes casas fue un lugar privilegiado por Jesús para dar a conocer el proyecto de Dios. Él va a la casa de sus amigos –Marta y María–, pero no es selectivo, ¿eh? no le importa si son publicanos o pecadores, como Zaqueo, va a la casa de Zaqueo. No sólo Él actuaba así, sino cuando envió a sus discípulos a anunciar la buena noticia del Reino de Dios, les dijo: «Quédense en la casa que los reciba, coman y beban de los que ellos tengan» (Lc 10,7). Bodas, visitas a los hogares, cenas, algo de «especial» tendrán estos momentos en la vida de las personas para que Jesús elija manifestarse allí.

Recuerdo en mi diócesis anterior que muchas familias me comentaban que el único momento que tenían para estar juntos era normalmente en la cena, a la noche, cuando se volvía de trabajar, donde los más chicos terminaban la tarea de la escuela. Era un momento especial de vida familiar. Se comentaba el día, lo que cada uno había hecho, se ordenaba el hogar, se acomodaba la ropa, se organizaban tareas fundamentales para los demás días. Los chicos se peleaban, pero era el momento. Son momentos en los que uno llega también cansado y alguna que otra discusión, alguna que otra pelea, entre marido mujer, aparece, pero no hay que tenerle miedo. Yo le tengo más miedo a los matrimonios que me dicen que nunca, nunca tuvieron una discusión, es raro, es raro.

Jesús elige estos momentos para mostrarnos el amor de Dios, Jesús elige estos espacios para entrar en nuestras casas y ayudarnos a descubrir el Espíritu vivo y actuando en nuestras cosas cotidianas. Es en casa donde aprendemos la fraternidad, la solidaridad, el no ser avasalladores. Es en casa donde aprendemos a recibir y a agradecer la vida como una bendición y que cada uno necesita a los demás para salir adelante. Es en casa donde experimentamos el perdón, y estamos invitados continuamente a perdonar, a dejarnos transformar. Es curioso en casa no hay lugar para las «caretas», somos lo que somos y de una u otra manera estamos invitados a buscar lo mejor para los demás.

Por eso la comunidad cristiana llama a las familias con el nombre de iglesias domésticas, porque en el calor del hogar es donde la fe empapa cada rincón, ilumina cada espacio, construye comunidad. Porque en momentos así es como las personas iban aprendiendo a descubrir el amor concreto y el amor operante de Dios.

En muchas culturas hoy en día van desapareciendo estos espacios, van desapareciendo estos momentos familiares, poco a poco todo lleva a separarse, aislarse; escasean momentos en común, para estar juntos, para estar en familia. Entonces no se sabe esperar, no se sabe pedir permiso, no se sabe pedir perdón, no se sabe dar gracias, porque la casa va quedando vacía, no de gente, Sino , de padres, hijos, nietos, abuelos, hermanos, vacía de relaciones, vacía de contactos, vacía de encuentros.

Hace poco, una persona que trabaja conmigo me contaba que su esposa e hijos se habían ido de vacaciones y él se había quedado solo. El primer día, la casa estaba toda en silencio, «en paz», estaba feliz, nada estaba desordenado. Al tercer día, cuando le pregunto cómo estaba, me dice: quiero que vengan ya todos de vuelta. Sentía que no podía vivir sin su esposa y sus hijos y eso es lindo.

Sin familia, sin el calor de hogar, la vida se vuelve vacía, comienzan a faltar las redes que nos sostienen en la adversidad, las redes que nos alimentan en la cotidianidad y motivan la lucha para la prosperidad. La familia nos salva de dos fenómenos actuales, dos cosas que suceden: la fragmentación (la división) y la masificación. En ambos casos, las personas se transforman en individuos aislados fáciles de manipular y de gobernar y entonces encontramos en el mundo sociedades divididas, rotas, separadas o altamente masificadas que son consecuencia de la ruptura de los lazos familiares; cuando se pierden las relaciones que nos constituyen como personas, que nos enseñan a ser personas. Bueno uno se olvida de cómo se dice papá mamá, hijo, hija, abuelo, abuela. Se van como olvidando esa relaciones que son el fundamento, son fundamento del nombre que tenemos.

La familia es escuela de humanidad, escuela que enseña a poner el corazón en las necesidades de los otros, a estar atento a la vida de los demás. Cuando vivimos bien en familia los egoísmos quedan chiquitos, existen porque todo tenemos algo de egoístas, pero cuando no se vive una vida de familia se van engendrando esas personalidades que las podemos llamar así: yo, me, mi, conmigo, para mí, totalmente centradas en sí mismo, que no saben de solidaridad, de fraternidad, de trabajo en común, de amor, de discusión entre hermanos, no saben.

A pesar de tantas dificultades como las que aquejan hoy a nuestras familias en el mundo, no nos olvidemos de algo, por favor: las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad. Una oportunidad que tenemos que cuidar, proteger y acompañar. Es una manera de decir que son una bendición. Cuando tú empiezas a vivir la familia como un problema, te estancas, no caminas, porque estás muy centrado en ti mismo.

Se discute hoy mucho sobre el futuro, sobre qué mundo queremos dejarle a nuestros hijos, qué sociedad queremos para ellos. Creo que una de las posibles respuestas se encuentra en mirarlos a ustedes. Una familia que habló a cada uno de ustedes.Dejemos un mundo con familias, es la mejor herencia. Es cierto, no existe la familia perfecta, no existen esposos perfectos, padres perfectos ni hijos perfectos, y sino se enojan yo diría suegras perfectas. Pero eso no impide que no sean la respuesta para el mañana. Dios nos estimula al amor y el amor siempre se compromete con las personas que ama. El amor siempre se compromete con las personas que ama. Por eso, cuidemos a nuestras familias, verdaderas escuelas del mañana. Cuidemos a nuestras familias, verdaderos espacios de libertad. Cuidemos a nuestras familias, verdaderos centros de humanidad.

Y aquí me viene una imagen cuando en la audiencia de los miércoles paso a saludar a la gente y tantas tantas mujeres me muestran la panza y me dicen, Padre, me lo bendice. Yo les voy a proponer algo a todas aquellas mujeres que están embarazadas de esperanza, porque un hijo es una esperanza, que en este momento se toquen la panza. Si hay alguna acá, que lo haga acá, o las que están escuchando por radio o televisión, y yo a cada una de ellas, a cada chico o chica que está ahí adentro esperando te doy la bendición, así que cada una se toca la panza y yo le doy la bendición en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y deseo que venga sanito, que crezca bien, que lo pueda criar lindo, acaricien al hijo que están esperando.

No quiero terminar sin hacer mención a la Eucaristía. Se habrán dado cuenta que Jesús quiere utilizar como espacio de su memorial, una cena. Elige como espacio de su presencia entre nosotros un momento concreto en la vida familiar. Un momento vivido y entendible por todos, la cena.

La Eucaristía es la cena de la familia de Jesús, que a lo largo y ancho de la tierra se reúne para escuchar su Palabra y alimentarse con su Cuerpo. Jesús es el Pan de Vida de nuestras familias, Él quiere estar siempre presente alimentándonos con su amor, sosteniéndonos con su fe, ayudándonos a caminar con su esperanza, para que en todas las circunstancias podamos experimentar que Él es el verdadero Pan del cielo.

En unos días participaré junto a las familias del mundo en el Encuentro Mundial de las Familias y en menos de un mes en el Sínodo de los Obispos, que tiene como tema la Familia. Los invito a rezar, les pido por favor que recen por estas dos instancias, para que sepamos entre todos ayudarnos a cuidar la familia, para que sepamos seguir descubriendo al Emmanuel, es decir, al Dios que vive en medio de su Pueblo haciendo de cada familia y de todas las familias su hogar.Cuento con la oración de ustedes. Gracias.  “

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P.G.P.: para vivir mejor en familia

             En la Audiencia General del pasado miércoles 13 de mayo, nuestro Papa Francisco volvió a recordarnos tres palabras fundamentales para una buena vida familiar:   permiso,   gracias  y   perdón.  Las mencionó como “las palabras de la buena educación” e hizo una riquísima reflexión sobre las mismas.    Los invitamos a leer su mensaje y a revisar “cómo andamos por casa”….

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