Aborto - 1ra entrega

Ante el debate por el aborto

      En nuestro país se ha establecido fuertemente el debate sobre el aborto. Como fieles católicos debemos reconocer que no todos sus habitantes profesan nuestra fe ni siguen lo que nos marca esa fe a los cristianos. Pero, más allá de lo que ella nos dice, hay otros argumentos que nos llevan a que nuestra postura no sea favorable al tema del aborto.

      Aquellos que, además de vivir en este bendito suelo, tenemos la identidad cristiana, sabemos muy bien que la vida es un don. Nuestra fe se basa en el amor a Dios y al prójimo, preferentemente a los más débiles y desprotegidos.  Esto nos lleva a honrar la vida sin considerar si el ser a amar es muy o poco capaz, si está totalmente capacitado o si es discapacitado, si es grande o pequeño.

      Nos asisten argumentos que exceden lo religioso pues abarcan lo natural, lo social y lo científico.  Partamos de la base de que nuestra posición es a favor de la vida de todo ser humano. Así que, allí donde hay vida humana, debemos hacer lo posible para que progrese: cuidarla, dignificarla, protegerla.

      Sin embargo, reconocemos que a veces el aborto se presenta como una opción considerada ante el caso de embarazos no deseados. Incluso algunos lo hacen convencidos que no hay alternativa. Son múltiples los factores que contribuyen a ello (distintas creencias a las nuestras, la falta de valoración de la vida, la falta de una adecuada educación (no sólo en lo sexual) y otros).   Existen instituciones o servicios orientados a brindar otras alternativas al aborto  (ejemplos en nuestra Iglesia: Grávida,  Servicio de padres adoptantes del Movimiento Familiar Cristiano) pero no dan abasto ante la magnitud del  problema y además quedan aspectos sin cubrir. 

    Nuestras postura como cristianos es clara. Conocemos alternativas ante los casos que se presentan pero reconocemos que no se está abordando ni llegando a toda la población en riesgo. Es necesario un plan más integral para afrontar el tema del aborto. No todos las soluciones pueden ser abarcadas por la Iglesia pero estamos seguros que entre sus fieles pueden surgir ideas o aportes a este debate que permitan no sólo dejar clara nuestra posición sino también contribuir a dar una solución alternativa al evidente problema que se nos plantea como sociedad y que abarca la política, la salud, la educación y el desarrollo social.     

   Desde este espacio que hoy abrimos les iremos mandando distintos textos que abordan el tema. No todos reflejarán opiniones de personas católicas pero todas ellas contribuirán a nuestro discernimiento sobre la problemática presentada.  Comenzamos con la Declaración de la Conferencia Episcopal Argentina y el Comunicado emitido por la Junta Nacional de Pastoral Familiar (ver adjuntos)

   En sucesivos mensajes les llegarán más textos.

Respetuosos de la vida

Declaración de la Comisión Ejecutiva

Buenos Aires, 23 de febrero de 2018

    La vida humana es un don. Esta es una experiencia compartida de muchos hombres y mujeres, sean creyentes o no. Se refleja en el rostro de los padres cuando contemplan por primera vez a sus hijos. El anuncio de la espera de un hijo es una alegría que se comparte con familiares y amigos.

    Pero a veces en la historia de otras personas no es así, no es algo deseado, esperado, decidido, aunque en ocasiones en los meses siguientes se redescubre la belleza de esa vida que viene en camino.

    Para otros, la concepción de esa vida no fue fruto de un acto de amor, y hasta pudo haber sido consecuencia de una acción de abuso y violencia hacia la mujer.

    Allí es cuando surge la pregunta humana y ética sobre qué hacer. En la forma de responder la pregunta se cae muchas veces en plantear un enfrentamiento entre dos personas en situación de vulnerabilidad. Por un lado la mujer, que no decidió ser madre, suele encontrarse en soledad y la mayoría de las veces en un contexto de pobreza;  por otro lado, la vulnerabilidad de la vida humana concebida que no se puede defender. Debiéramos escuchar tanto las madres embarazadas que sufrieron una terrible violencia sexual, como así también contemplar el derecho a la existencia de los inocentes que no pueden defenderse.

    La pregunta humana y ética es: ¿hay que optar por una vida y eliminar a otra?

    La eliminación de la vida humana del que no se puede defender instaura el principio de que los más débiles pueden ser eliminados; acepta que unos pueden decidir la muerte de otros. Hace unos años con la sanción de la Ley “Asignación Universal por Hijo”, el Honorable Congreso de la Nación demostró una vez más en su historia republicana un alto grado de sensibilidad humana a favor de la familia y de la vida de los niños y jóvenes más pobres. ¿No se podrá continuar por ese camino legislativo?

    La solución o el camino para abordar estas situaciones es la implementación de políticas públicas que: 

– Establezcan como prioritaria la educación sexual integral de la ciudadanía, en la que se  fomente y capacite para la decisión libre y responsable de concebir una vida humana. Todos tenemos necesidad y derecho de ser recibidos como hijos.

– Reconozcan la dignidad de la vida humana desde el comienzo de su concepción pasando por todas las etapas de su desarrollo, la dignidad e igualdad de la mujer y el varón, y se implementen acciones tendientes a encarar las causas de la violencia hacia la mujer generando nuevas pautas de conductas basadas en el respeto al otro

– Acompañen, desde lo social, las situaciones de conflicto y atiendan las heridas que quedan por sanar en quienes están atravesando por estas situaciones.


El diálogo democrático

    Estamos ante el debate parlamentario de distintos proyectos de ley. Es necesario, que más allá del buen funcionamiento de nuestro sistema republicano en el cual se legisla a través de los representantes del pueblo, se tenga en cuenta que este tema toca profundamente el tejido de nuestra sociedad.

    Que este debate nos encuentre preparados para un diálogo sincero y profundo que pueda responder a este drama, escuchar las distintas voces y las legítimas preocupaciones que atraviesan quienes no saben cómo actuar, sin descalificaciones, violencia o agresión.

    Junto con todos los hombres y mujeres que descubren la vida como un don, los cristianos también queremos aportar nuestra voz, no para imponer una concepción religiosa sino a partir de nuestras convicciones razonables y humanas.  

 

Comisión Ejecutiva

Conferencia Episcopal Argentina

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LA VIDA HUMANA ES BELLA Y HAY QUE CUIDARLA

 

COMUNICADO DE LA JUNTA NACIONAL DE PASTORAL FAMILIAR

 

– Reunidos en San Miguel, Provincia de Buenos Aires, los integrantes de la Junta Nacional de Pastoral Familiar, conformada por los delegados regionales y diocesanos de dicha pastoral, por los presidentes de movimientos de familia de alcance nacional y los respectivos asesores eclesiásticos, expresamos nuestra alegría por el don de vida humana y, muy especialmente, por la vida concebida y gestada con amor en la familia.

 

Nos sentimos identificados con la reciente Declaración de la Comisión Ejecutiva del nuestro episcopado, en la que se reconoce la verdad, el bien y la belleza que significa el don de la vida humana, y al mismo tiempo, se manifiesta la cercanía y solidaridad ante el dolor que causa una vida no deseada, consecuencia frecuente de abusos y violencia hacia la mujer.

 

Estamos convencidos de que los argentinos somos capaces de salvar y cuidar toda vida humana que atraviesa períodos de vulnerabilidad y angustia. Jamás deberíamos permitir que nos sometiera el pensamiento de eliminar una vida para salvar otra. Juntos podemos optar siempre a favor de la vida humana, sobre todo allí donde la misma se encuentre amenazada.

 

Somos creyentes en el Dios de la Vida. Por eso, junto con todos los hombres y mujeres que valoran la vida humana a partir de los argumentos que aportan la ciencia y la razón, y las leyes vigentes y constitucionales que rigen sobre este tema, expresamos nuestro compromiso incondicional de cuidar, defender y promover la vida humana desde el instante mismo de la concepción, y en todas las circunstancias en las que esa vida se encuentre en riesgo.

 


San Miguel, 25 de febrero de 2018

Junta Nacional de Pastoral Familiar

Comisión Episcopal de Laicos y Familia (CELAF)



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